Las grandes extinciones en masa

Todos hemos oído hablar de la extinción de alguna especie en el pasado (dinosaurios, mamuts, neandertales…) o del riesgo de que alguna especie actual desaparezca para siempre por cualquier motivo, humano o natural (lince ibérico, oso polar…). Y es que las extinciones son algo cotidiano, forman parte de la vida y de la evolución porque las especies que no se adaptan a los cambios desaparecerán y serán sustituidas por otras que sí lo han hecho. Pero en ocasiones la extinción no solo afecta a una sola especie, sino que por algún motivo de golpe desaparece una gran cantidad de ellas. En algunos casos más del 50% de las especies que había en el planeta en un momento dado desaparecen de forma brusca y para siempre. A estos sucesos traumáticos para la vida de la Tierra los denominados extinciones masivas o extinciones en masa, y en contra de lo que pueda parecer, no han sido negativas para la evolución sino que gracias a ellas nuevos organismos han podido prosperar hasta niveles antes inimaginables. En esta entrada vamos a ver en orden cronológico las cinco mayores extinciones de la historia geológica del planeta, cinco sucesos que como veremos marcaron la vida de la Tierra para siempre.

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Evolución del porcentaje de géneros marinos (no confundirlo con especies) que han desaparecido a lo largo de todo el Fanerozoico. Como se puede ver hay cinco momentos principales de gran extinción, algunos de ellos formados por varios eventos, y que han supuesto la desaparición de más del 20% de géneros marinos existentes en ese momento (imagen modificada a partir de wikipedia.org)

La primera doble extinción

La primera gran extinción masiva que vamos a ver, aunque ya hubo otras con anterioridad, es uno de los eventos globales que empleamos para poner el final del Ordovícico en hace 443 millones de años (Ma). La extinción del Ordovícico-Silúrico es no solo la primera de este repaso, sino que además es la segunda mayor extinción en masa del Fanerozoico en cuanto a géneros extintos (49-60%) y especies (cerca del 80%), por lo que empezamos directamente en el segundo escalón del podio. En realidad este evento de extinción fue doble y tuvo lugar en dos episodios separados unos 4 millones de años, cuyo origen es aún objeto de debate aunque actualmente hay bastante consenso en considerar al principal culpable.

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En el Ordovícico la mayor parte de la vida del planeta se desarrollaba en áreas marinas poco profundas, muy susceptibles a los cambios eustáticos (imagen tomada del video corto The  Upper Ordovician Sea, disponible en youtube)

Para entender bien esta extinción hay que tener en cuenta tres cuestiones. La primera de ellas es que en el Ordovícico la vida no había colonizado todavía el medio terrestre, aunque sí se concentraba, como ocurre en la actualidad, en las zonas de plataforma continental. La segunda cuestión es que durante las glaciaciones el nivel del mar global desciende como consecuencia de un trasvase de agua del océano a la criosfera, algo muy importante cuando hablamos de los ciclos glacial-interglacial del Cuaternario. Y la tercera es que a finales del Ordovícico el continente de Gondwana se encontraba en una posición polar muy similar a la de la actual Antártida. De hecho la Península Ibérica, como ya vimos al hablar de Las sucesiones del Paleozoico inferior y medio, estaba muy cerca del Polo Sur. Si juntamos estas tres cuestiones es inevitable pensar que a finales del Ordovícico debió desarrollarse un gran casquete polar sobre Gondwana que hizo que el nivel del mar descendiera de manera brusca. De esta forma, las plataformas continentales y las zonas litorales se habrían visto reducidas, lo que a su vez habría supuesto una presión sobre la fauna de estas regiones que muchos organismos no pudieron asumir. Pero el evento no terminó con el nuevo equilibrio, ya que cuando el nivel del mar volvió a subir se inundaron nuevos terrenos. Esto debería ser positivo porque permitiría la expansión de los organismos a nuevas áreas, pero muchos seres vivos que habitan en el fondo de estas regiones lo hacen establecidos en unas condiciones muy concretas de profundidad, por lo que la nueva subida del nivel del mar haría que de nuevo volvieran a sufrir una situación de estrés que las superó y las llevó a su extinción.

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Reconstrucción paleogeográfica del Ordovícico Medio (Zamora et al., 2015)

Lo que acabamos de ver es la hipótesis más aceptada para explicar la extinción del Ordovícico-Silúrico pero no la única, ya que como veremos en esta entrada, todas las extinciones en masa tienen varias posibles explicaciones, incluso las que parecen tener un motivo indudable. Para el caso de esta primer doble extinción un estudio reciente afirma que hubo un descenso en la oxigenación del océano (anoxia) que habría afectado a las poblaciones marinas y que estaría relacionado con la glaciación antes mencionada y con un más que probable cambio en las corrientes marinas que distrbuyen nutrientes y oxígeno. No obstante, algunos autores consideran que la causa de esta extinción pudo estar en una actividad volcánica anormal que ocurrió en Norteamérica por el levantamiento de los Montes Apalaches durante la Orogenia Tacónica. Pero lo cierto es que no tenemos ninguna evidencia al respecto salvo la coincidencia en el tiempo de ambos sucesos. Otra de las hipótesis barajadas es una contaminación por metales, que sabemos que entran en la cadena trófica con relativa facilidad y que cuando lo hacen pueden causar enormes daños en la vida. Pero por lo que sé tampoco tenemos pruebas de que algo así ocurriese a finales del Ordovícico. Y por último llegamos a la más extravagante de todas las hipótesis, que propone como causa de la extinción un estallido de Rayos Gamma en una Supernova cercana, que habría afectado a la capa de ozono y podría haber causado que los organismos de superficie sufrieran una mayor radiación ultravioleta. Pero de este estallido tampoco tenemos evidencias, por lo que de momento la glaciación-deglaciación y las consiguientes oscilaciones del nivel del mar son la hipótesis más satisfactoria para explicar esta crisis biológica.

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Ilustración artística de un estallido de Rayos Gamma con chorro altamente energético, una de las hipótesis propuestas para explicar la extinción del Ordovícico (fuente: NASA / Swift / Cruz deWilde)

La extinción del Ordovícico-Silúrico supuso la desaparición del 60% de los invertebrados marinos. Dos tercios de las especies de braquiópodos, que en el Ordovícico ocupaban el nicho que actualmente ocupan los bivalvos (almejas, ostras, mejillones…), desaparecieron en esta extinción, al igual que una buena cantidad de especies de corales (todavía no formaban arrecifes), de trilobites, de los bivalvos que antes hemos mencionado y que poco a poco iban sustituyendo a los braquiópodos y de equinodermos (erizos y estrellas de mar).

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Izquierda: ejemplares de Cincinnetina meeki (woostergeologists.scotblogs.wooster.edu), una especie de braquiópodo del Ordovícico de Estados Unidos. Derecha: ejemplar de estrella de mar del Ordovícico (fossilmall.com)

La Doble Extinción del Devónico

La segunda gran extinción masiva del Fanerozoico ocurrió en el Devónico Superior y de nuevo fue una doble extinción que de nuevo nos sirve para marcar el final de un periodo. Pero a diferencia de la extinción del Ordovícico-Silúrico, en la que había dos eventos diferentes que no están bien separados, en la extinción del Devónico Superior tenemos muy bien distinguidos los dos eventos que la formaron: el Evento Kellwasser (375-360 Ma) y el Evento Hangenberg (360 Ma). En conjunto los dos eventos provocaron que el 57% de géneros y al menos el 75% de especies desaparecieran, causando con ello una gran crisis biológica que duró unos 20-25 millones de años y que hizo que la vida del planeta no se recuperase hasta bien entrado el Carbonífero, pasados otros 15 millones de años.

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Ilustración artística de un lago de aguas cálidas del Devónico Superior, con especies de peces y de anfibios típicas de este periodo (fuente: pinterest.com)

Las causas de la extinción del Devónico Superior parecen ser varias, ya que es muy difícil imaginar un solo suceso capaz de tener consecuencias durante un periodo de tiempo tan prolongado. Por ello la mayoría de autores consideran que detrás de ella hubo una serie de grandes cambios climáticos a escala global que afectaron a diferentes ambientes, lo que sin duda habría tenido nefastas consecuencias para la vida del planeta a nivel global. Por ejemplo, se cree que un aumento en la turbidez del medio marino y una reducción del oxígeno disponible en el fondo del océano (anoxia) podrían haber afectado especialmente a las comunidades bentónicas, es decir, a los organismos que habitan en el fondo del océano. Pero es que además también parece que se produjeron rápidas y bruscas oscilaciones del nivel del mar que sin duda traerían ecos de lo que ya hemos visto que pudo ocurrir en el Ordovícico. Esto es lo que está bastante aceptado dentro de la extinción del Devónico Superior, pero cuando hablamos de qué pudo desencadenar estos cambios climáticos es otro cantar, ya que es en este asunto donde encontramos más discrepancias dentro de la comunidad científica especializada. Y es que algunos autores creen que hubo varios impactos en este momento de la historia del planeta que pudieron desencadenarlos, y aunque tenemos identificada una anomalía de iridio (el iridio es un elemento químico abundante en cometas y asteroides que es considerado como prueba de grandes impactos) y hemos encontrado cráteres datados en el Devónico Superior, lo cierto es que ninguno de ellos es capaz de explicar de manera satisfactoria la doble extinción. Además, la anomalía en iridio se puede explicar por otros fenómenos sin implicar impactos meteoríticos, ya que este metal también es relativamente abundante en el interior del planeta, relativamente porque es la corteza la que apenas tiene iridio.

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El impacto de uno o varios bólidos es considerada como una de las posibles causas de la extinción del Devónico Superior (fuente: doubtfulnews.com)

La doble extinción del Devónico Superior fue un evento especialmente destructivo para los organismos bentónicos, pero también afectó a los nectónicos (nadadores), planctónicos (viven en suspensión) e incluso a los recientes organismos terrestres. El Evento Kellwasser afectó más a los organismos de aguas someras cálidas, sobre todo a los organismos constructores de arrecifes (estromatopóridos y corales, tanto rugosos como tabulados) pero también a otros grupos de animales (braquiópodos, trilobites, ammonites, conodontos) que, o bien tuvieron que adaptarse a las nuevas condiciones o bien se extinguieron definitivamente (graptolites). Por ejemplo, los trilobites del Devónico Superior experimentaron una reducción en el tamaño de sus ojos durante el evento (después volvió a recuperarse), lo que ha sido interpretado por muchos autores como indicio de un aumento en la turbidez del agua del mar, mientras que otras partes asociadas con su respiración se vieron incrementadas (lo que nos indica unas condiciones más anóxicas del medio). Por el contrario, el Evento Hangenberg afectó a una mayor cantidad de organismos, ya que su influencia no sólo se detecta en el medio marino sino también en agua dulce. En este evento los organismos más afectados fueron los vertebrados, de los que el 97% de especies se extinguieron, entre ellos todos los placodermos y la mayoría de sarcopterigios, y es que se ha estimado que al finalizar el evento solo los tiburones menores a un metro y la mayoría de peces y anfibios con un tamaño inferior a 10 cm sobrevivieron.

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Graptolites del género Spirograptus del Silúrico inferior (fuente: geology.gsapubs.org)

La Gran Mortandad (Great Dying)

Si las dos extinciones anteriores nos sirven para marca el límite entre dos periodos, ¿cómo debió de ser la extinción que marca el límite entre dos eras? Evidentemente mucho mayor, porque con el final del Paleozoico llegamos no solo a una nueva extinción, sino a la extinción con mayúsculas, a la mayor crisis biológica que ha vivido el planeta en los últimos 540 millones de años. Porque la exintición del Pérmico-Triásico ocupa el primer puesto de nuestro podio, en el que ostenta cómodamente la medalla de oro, al haber sido la responsable de la desaparición de aproximadamente el 90-96% de las especies que vivían en el planeta hace 252 Ma.

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En el Pérmico Superior los animales dominantes en el medio terrestre eran los terápsidos, organismos que se cree pudieron ser los ancestros de los actuales mamíferos (fuente: thepermianperiod.wordpress.com)

Es difícil pensar que la vida en el planeta estuvo tan cerca de desaparecer de un plumazo, y más difícil es pensar en un suceso que sea capaz de producir algo así. Pero lejos de pensar en la exintición del Pérmico-Triásico como un suceso inexplicable, lo cierto es que en la actualidad no tenemos una posible explicación sino varias, varias hipótesis que pretenden explicarla, aunque de momento ninguna destaca demasiado sobre el resto. Una de ellas, que goza de la simpatía de muchos autores y es claramente una de las favoritas, es la que propone el impacto de uno o varios bólidos como causa de la extinción. Y es que, como veremos más adelante en otra extinción, sabemos que el impacto de un cuerpo menor del Sistema Solar, como son los cometas y los asteroides (el meteorito es la roca que encontramos cuando el objeto ya ha chocado con la Tierra), es perfectamente capaz de producir una extinción masiva de estas dimensiones. Actualmente tenemos varios cráteres candidatos de ser el causante de esta extinción, entre ellos el Cráter de Wilkes Land en Antártida o el Cráter Araguainha en Brasil, pero aún no tenemos nada que los asocie con claridad con la extinción. Otra hipótesis también con muchos apoyos considera que quizá la causa de la crisis biológica fuera un aumento considerable en la actividad volcánica del planeta, y es que de esta edad tenemos grandes regiones volcánicas que pudieron emitir a la atmósfera enormes cantidades de CO2 (del que ya hemos hablado) que podrían haber causado un calentamiento global de nefastas consecuencias: las Trampas de Siberia (o Escaleras Siberianas) en Rusia y las Trampas del Emei en China. Pero un suceso climático de esta embergadura deja su marca geoquímica en los sedimentos y de momento no hemos encontrado todavía una confirmación de que estas erupciones pudieran ser la causa de la extinción, solo la aparente coincidencia en el tiempo de unos y otros. Y por último tenemos una hipótesis original, una propuesta que tiene mucha fuerza en algunos círculos y que, a diferencia de las dos anteriores, no se ha considerado mucho para otras extinciones. Estoy hablando de la liberación de metano retenido en forma de hidrato de metano en el fondo oceánico. Porque si el CO2 es conocido por todos por su poder como gas invernadero, el metano es un 25% más pontente, y dado que conocemos depósitos en forma de hidrato de metano en los océanos actuales y un aumento en las temperaturas podría causar su liberación, muchos creen que eso pudo haber sido suficiente para desencadenar un cambio climático de gran magnitud como el que se vivió al final del Pérmico. Pero de nuevo nos encontramos con que no hay pruebas científicas que apoyen esta idea, solo conjeturas con mucho sentido que bien podrían ser (o no) ciertas.

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Ilustración artística de cómo pudo ser la actividad volcánica de las Trampas de Siberia (autor: José-Luis Olivares / MIT)

La extinción del Pérmico-Triásico marcó un punto de inflexión en las formas de vida dominantes en el planeta, haciendo que las faunas del Paleozoico y el Mesozoico sean muy diferentes, uno de los motivos por los que empleamos esta extinción para separar las dos eras. En el medio marino los organismos más afectados por esta extinción fueron los organismos carbonatados (corales, braquiópodos, equinodermos y algunas especies de esponjas), que son muy susceptibles a la acidificación de los océanos. Pero no solo estos organismos se vieron afectados por la extinción, ya que los trilobites, que habían gozado de gran éxito en el Ordovícico, se extinguieron definitivamente a finales del Paleozoico, al igual que los blastoideos y los corales tabulados. Por el contrario, si bien sufrieron intensamente la extinción, no se extinguieron ni los braquiópodos (aunque desde entonces ya no son tan abundantes como en el Paleozoico), ni los equinodermos (que lograron recuperarse de la crisis y en el Jurásico volvían a ser muy abundantes), ni los crinoideos (con gran éxito en el Mesozoico). En cuanto al medio terrestre, los insectos sufrieron especialmente la extinción, ya que se ha estimado que ocho de cada nuevo órdenes desapareció en el evento, siendo además la única extinción masiva de estos invertebrados. En cuanto a los vertebrados, dos tercios de las familias de los laberintodontos (anfibios primitivos), saurópsidos (reptiles como los actuales) y terápsidos (reptiles proto-mamíferos) se extinguieron, al igual que prácticamente todos los reptiles anápsidos.

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Cráneo de Dinogorgodon rubidgei (terápsido) encontrado en África (fuente: science.nationalgeographic.com)

El final definitivo de las faunas del Paleozoico

Apenas habían pasado 50 millones de años desde la Gran Mortandad cuando la vida del planeta, que aún no se había recuperado del todo, sufrió una nueva crisis biológica de gran magnitud. El final del Triásico (201 Ma) nos lo marca este nuevo evento de extinción en el que el 70-75% de las especies del planeta desaparecieron, en especial los invertebrados marinos. Por tanto estamos hablando de una extinción con un impacto en la biosfera muy similar al de la doble extinción del Devónico, las únicas de este repaso que no forman parte de nuestro mortal podio.

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Representación artística de la costa de un lago de Suiza en el Triásico Superior en el que se puede ver un hipotético ataque de un ejemplar de Ticinosuchus a crías recien salidas del huevo de Nothosaurus (fuente: science.nationalgeographic.com)

El origen de la extinción del Triásico-Jurásico es de nuevo una cuestión problemática al no haber un consenso claro entre los expertos, como estamos viendo que ocurre en prácticamente todas las extinciones masivas. De hecho, los principales sospechosos en este caso son los mismos que se barajabn siempre, aunque aquí sí tenemos algunas certezas. La primera hipótesis habla de una actividad volcánica anormalmente alta, algo que sabemos que es cierto porque el Triásico es el momento en el que Pangea empezó a romperse, lo que implica a la fuerza un aumento de la actividad volcánica asociada con el desarrollo de varios puntos calientes que serán el germen de las futuras nuevas cuencas oceánicas (es especialmente destacada la Provincia Magmática del Atlántico Central). Otra hipótesis propuesta es la del impacto de uno o varios bólidos como causa de esta extinción, ya que de nuevo encontramos cráteres de una edad similar a la de la extinción en diversos puntos del planeta (Rochechouart en Francia o Manicouagan en Canadá), pero estos no son muy grandes y en algunos casos las dataciones se alejan bastante de la propia extinción. Incluso se ha hablado de cambios climáticos bruscos, ya sean cambios del nivel del mar (que sabemos que se produjeron), fenómenos de gran aridez (causados por la existencia de Pangea) o un aumento en la acidez de las aguas (por un aumento de CO2 atmosférico). Pero repito, no tenemos absolutamente nada que nos de una pista mínimamente fiable que seguir, todo son conjeturas para tratar de explicar un misterio que por el momento permanece completamente oculto. Como vemos, la extinción del Triásico-Jurásico es sin duda de la que más incógnitas tenemos sin resolver aún.

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Lavas basálticas formadas durante la apertura del Atlántico en la Cordillera del Atlas, en Marruecos (fuente: wikipedia.org)

La extinción del Triásico-Jurásico fue la puntilla de muchas especies que habían sobrevivido a duras penas a la Gran Mortandad. Es así como la mayoría de grandes anfibios y de los arcosaurios no-dinosaurios, de los terápsidos y los anápsidos, se extinguieron al final del Triásico. También desaparecieron para siempre los conodontos, unos misterioros organismos de los que solo tenemos restos de lo que creemos que pudo ser su aparato masticador (mandíbula) y que son de gran importancia bioestratrigráfica porque nos sirven como indicadores bioestratrigráficos durante prácticamente toda su existencia.

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Izquierda: Uno de los pocos fósiles de conodonto que hemos encontramos en el que se preserva detalles del cuerpo del animal. Derecha: Imagenes de algunos de los microfósiles de conodontos de naturaleza fosfatada (fuente: nhm.ac.uk)

El adiós de los Dinosaurios

La quinta y última extinción masiva que veremos en esta entrada es sin duda la más conocida, y es precisamente la que ocupa el tercer escalón del podio. A finales del Cretácico, por tanto marcando el límite no solo de dos periodos sino de dos eras, encontramos una nueva crisis biológica que causó la desaparición de más del 75% de las especies del momento.

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Ilustración artística de una manada de ceratópsidos bebiendo agua durante un atardecer del Cretácico (autor: Kerem Beyit)

El origen de esta extinción es, a diferencia de los casos anteriores, bien conocida por todos porque es la única que tiene un sospechoso principal muy probable, aunque lo cierto es que el debate todavía no está cerrado del todo. Y es que hay que tener en cuenta que en cualquier ciencia nada es definitivo, por lo que aunque creamos tener la respuesta final en la actualidad, incluso tenemos identificado el cráter, todavía hay quienes creen que el famoso impacto, del que hablaré más adelante, no necesariamente tiene por qué ser la única explicación. Por ejemplo, algunos autores proponen que a finales del Mesozoico los dinosaurios ya estaban en decadencia, algo que en principio apoya el registro fósil (aunque hay estudios que afirman todo lo contrario), de manera que según ellos el impacto solo habría sido un elemento más en su extinción, la puntilla que les faltaba para sentenciar su destino. Pero las causas de ese declive previo es algo que aún se discute y de lo que en realidad no tenemos idea, hasta el punto de que se llegan a barajar hipótesis sin pruebas de ningún tipo, como hipotéticos problemas metabólicos con las recientemente aparecidas angiospermas. En cualquier caso debemos tener en cuenta que esta hipótesis solo habla de los dinosaurios, y en realidad estos no fueron los únicos en extinguirse en el Límite K-Pg (de Cretácico-Paleógeno, antes conocido como Límite Cretácico-Terciario), lo que nos lleva a buscar otras opciones. Una que siempre ha gozado de gran fuerza, aunque el descubrimiento del cráter hizo que quedase relegada a un segundo plano (aunque jamás ha sido desechada por completo), pone el foco de las sospechas en una actividad volcánica anormalmente alta. Ya sé que esa idea la hemos visto en prácticamente todas las extinciones que hemos analizado en esta entrada, pero en el caso del Cretácico tenemos un firme sospechoso. Porque da la casualidad que de una edad muy similar a la extinción tenemos las Trampas del Decán (imagen de abajo), una gran plataforma basáltica formada durante el Cretácico Superior en India. El volumen de material emitido se ha estimado en 512 000 kilómetros cúbicos, por lo que sin duda este evento volcánico debió tener un gran impacto en la vida del planeta, ya que las elevadas emisiones de polvo y gases a la atmósfera podrían haber hecho que las temperaturas globales descendiensen en lo que llamamos Invierno Nuclear. Parece mucho pensar eso, y más cuando a veces se dice que los volcanes, con sus emisiones de gases invernadero, podrían favorecer el Calentamiento Global, pero solo debemos ver las mayores erupciones del Holoceno e ir a la erupción del Tambora de 1815 para ver que un solo volcán fue capaz de descender la temperatura media del planeta en 0.5º C. Imaginaos toda una región que ocupa la mitad de la superficie de la India. En cualquier caso el principal sospechoso sigue siendo el impacto de un bólido, pero aun en eso hay discrepancias, ya que algunos creen que en realidad no solo hubo un único impacto, pues se conocen cráteres de esta edad por todo el mundo, lo que ha llevado a pensar a algunos autores a que en realidad la extinción de Límite K-Pg fue provocada por múltiples impactos. Por último hay quien no quiere pillarse los dedos y prefiere ir sobre seguro, afirmando que todo lo visto hasta ahora no es excluyente, sino que bien podría haber habido una concatenación de sucesos, de manera que los dinosaurios ya estaban en decadencia cuando un cometa se rompió en varios trozos que colisionaron en varias partes del planeta e inestabilizaron su interior, causando la formación de los basaltos del Decán.

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Las trampas del Decán son una llanura extensa en la que se depositó un amplio volumen de basaltos en el Cretácico Superior. La imagen es una panorámica de estos basaltos en el Área de los Western Ghats, cerca de la ciudad de Bombay (fuente: paleontologia-y-evolucion-ucm.blogspot.com.es)

Son muchas las teorías que se barajan para esta extinción, pero todo el rato hemos hablado de una que es la favorita, que analizaré a continuación. Porque la teoría más aceptada, y digo teoría porque tenemos fuertes evidencias de lo que voy a explicar, habla de que la causa principal de esta extinción fue el impacto de un cuerpo menor del Sistema Solar contra nuestro planeta hace 65 millones de años. Este bólido, un asteroide o un cometa seguramente, debió tener un diámetro de unos 10 km e impactó en la plataforma continental, y por tanto en aguas poco profundas, del Golfo de México. La energía equivalente de aquel evento se ha estimado en aproximadamente dos millones de veces la energía de la Bomba Zar, el arma más potente jamás creada y explosionada por el hombre (100 teratones de TNT). El resultado de tamaño impacto fue la creación de un enorme cráter de unos 100 km de diámetro (el cráter de Chicxulub, en la actual Península de Yucatán, México), y el desarrollo de enormes megatsunamis que arrasaron las costas más próximas y que llegaron a Europa y África en relativo poco tiempo, ya que debemos tener en cuenta que el Atlántico era mucho más estrecho entonces. Por otro lado, en la propia zona de impacto, la corteza y el propio bólido se fundieron por las temperaturas alcanzadas y buena parte del material fundido fue expulsado a la atmósfera, donde solidificó antes de caer como pequeñas bolitas (esferulitas), gotas de roca fundida que encontramos en muchos lugares del planeta, entre ellos en la Península Ibérica. Pero también se emitió una ingente cantidad de polvo a la atmósfera que quedó suspendido durante años o quizá siglos, lo que sin duda debió reducir la cantidad de radiación solar que llegaba a la superficie y con ello la actividad fotosintética de las plantas y el fitoplancton marino (Invierno Nuclear). Este polvo con el tiempo volvería a caer para dar una capa de hollín enriquecido en iridio, que ya hemos dicho que puede ser indicativo de un posible impacto, y que para este caso nos sirve para marcar el límite entre el Mesozoico y el Cenozoico con extraordinaria exactitud. De hecho, la capa del límite K-Pg (Cretácico-Paleógeno) se encuentra en muchos lugares del planeta, entre ellos en varios puntos de la geografía española, motivo por el que se agrupan para definir el noveno contexto geológico de relevancia internacional: El límite Cretácico-Paleógeno (K/Pg).

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Recreación artística de cómo debió verse la caída del bólido en un amanecer (el Sol está en el este) en la costa de México hace 65 millones de años (fuente: factoflife.net)

La extincion del límite K-Pg fue selectiva en cuanto a los organismos más afectados, aunque todos la sufrieron en mayor o menor medida. Dentro del medio terrestre sabemos por el registro fósil que las comunidades florales experimentaron una importante merma, lo que tuvo como consecuencia posterior una de las mayores reorganizaciones en cuanto al dominio de tipos de plantas. Por su parte, los animales terrestres superiores a un cierto tamaño se extinguieron por completo, y solo los que tenían una dieta omnívora, los insectívoros y los carroñeros lograron sobrevivir a la extinción, mientras que los animales puramente herbívoros o carnívoros no. En cuanto al medio marino, los organismos con concha fueron los que más pérdidas sufrieron, igual que los principales depredadores del medio, no así los animales que habitaban en los fondos, que parecen no sufrirla en exceso (tampoco parece que fuera muy intensa en los medios de agua dulce). En resumen, todos los animales de cierto tamaño que poseyeran un metabolismo rápido y una alimentación especializada se extinguieron. Esto incluye a todas las especies de dinosaurios, de pterosaurios y la mayoría de grandes reptiles marinos (plesiosaurios y mosasaurios), así como prácticamente todos los corales hermatípicos (constructores de arrecifes), todos los ammonites y belemnites (cefalópodos), todos los rudistas (bivalvos) y otras muchas especies de moluscos y equinodermos. También se extinguieron muchas especies de plancton marino (en especial las de clima cálido), posiblemente por ser organismos fotosintéticos, aunque las especies de climas más fríos parece que pudieron incluso proliferar, lo que apoyaría la idea del Invierno Nuclear. Los que sí sobrevivieron, pero eso no quiere decir que lo tuvieran fácil, fueron las aves, que en muchos casos eran (como hoy en día) insectívoras o carroñeras, los mamíferos (muy pequeños y también insectívoros en aquel momento) y los reptiles de sangre fría y metabolismo lento (como los actuales), gracias a lo cual son capaces de permanecer meses o años sin comer.

Consideraciones finales

Como acabamos de ver, tres son las hipótesis principales que se barajan para explicar prácticamente las cinco extinciones que acabamos de ver: el impacto de bólidos, una actividad volcánica anormalmente alta y cambios climáticos globales. Esto nos demuestra que cuando hablamos de extinciones masivas no tenemos certezas, y ni si quiera en la que acabó con los dinosaurios estamos seguros al 100% de conocer la causa. No obstante debemos tener en cuenta que estas cinco extinciones masivas que hemos visto en esta entrada son las mayores pero no las únicas. De hecho en total tenemos identificados 23 eventos de extinción de gran magnitud durante el Fanerozoico, uno más en el límite Precámbrico-Cámbrico y otro más intuido en el Precámbrico (la Gran Oxigenación que llevó al cambio de atmósfera reductora a oxidante en el Proterozoico). A ellas hay que añadir una buena variedad de extinciones que en mayor o menor medida han condicionado la evolución biológica en el planeta, erradicando aquellas formas que no fueron capaces de adaptarse y que eran sustituidas por otras que sí. Y es que al parecer existe una especie de ciclos de extinciones en masa que se repiten como un reloj cada 26 millones de años, unos ciclos de los que no tenemos una explicación ni remotamente satisfactoria, aunque como ocurre siempre, no faltan las hipótesis. Pero esa es otra historia que veremos en otra entrada en la que trataremos de desentreñar el misterio de esa ciclicidad. ¿La encontraremos? Habrá que verlo.

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