El Mesozoico, cuando los reptiles dominaban la Tierra

Una vez visto el Paleozoico y cómo la vida colonizó el medio terrestre al tiempo que se formaba el último de los supercontinentes, llega el momento de hablar del Mesozoico. Se trata de la segunda era del Fanerozoico y seguramente es la más conocida por el público en general, ya que es el momento en el que vivieron unos reptiles muy mediáticos que no han dejado de estar de moda desde hace años. Me refiero a los Dinosaurios, y es que al  Mesozoico se le conoce también como la Era de los Dinosaurios, aunque debería ser llamada la Era de los Reptiles, ya que como veremos a continuación, los dinosaurios solo estuvieron “gobernando” en tierra, siendo el aire y los mares dominios de otros grupos de reptiles.

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Los dinosaurios fueron los principales organismos del Mesozoico y alcanzaron, como bien ha mostrado en muchas ocasiones el cine, tamaños considerables (esqueleto de Tyrannosaurus rex del Museo Field de Historia Natural, en Chicago)

El Mesozoico lo dividimos en tres periodos diferentes que son el Triásico, el Jurásico y el Cretácico. Estos, siguiendo la jerarquía del tiempo en geología que ya hemos visto, se dividen a su vez en ocho épocas y estas en un total de 30 edades que en conjunto abarcan 186 millones de años (Ma), mucho menos que los 288 que duraba el Paleozoico.

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El Mesozoico es la segunda era del Fanerozoico y está dividida en tres periodos que son el Triásico, el Jurásico y el Cretácico (modificado a partir de la tabla cronoestratrigráfica, disponible en stratigraphy.org)

El Triásico, el fin de los sinápsidos

Al finalizar el Paleozoico todas las masas de tierra emergidas se encontraban constituyendo un único continente (Pangea) rodeado de un único océano (Panthalassa), y esta situación aún permanece durante el Triásico. Esto es muy importante para entender el clima de este periodo, ya que la gran extensión de terrenos alejados del mar hace que en estos domine un clima continental de fuertes contrastes térmicos donde se produjeron condiciones de extrema aridez. Pero en las costas, gracias a la influencia marina el clima fue más suave y húmedo, llegándose a producir un clima tropical con lluvias torrenciales en la parte ecuatorial del continente. Sin embargo de momento no se han identificado (al menos que yo sepa), zonas con glaciarismo, es decir, con clima polar y desarrollo de mantos de hielos.

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Los dinosaurios aparecieron en el Triásico y no tardaron en desplazar a los reptiles sinápsidos que habían sobrevivido a la Gran Extinción del Pérmico (fuente: science.nationalgeographic.com)

Bajo este clima lleno de contrastes, y tras la gran crisis biológica que supuso la Gran Extinción del Pérmico (Great Dying), la vida tuvo grandes problemas para recuperarse. La lenta renovación y rehabilitación de los nichos vacíos es un rasgo destacado de la vida del Triásico. De todos los grupos animales existentes en este momento de la historia del planeta destaca uno sobre el resto en el medio terrestre, aunque ya empiezan a apreciarse las primeras adaptaciones al medio marino: los reptiles. Los arcosaurios son reptiles diápsidos cuyo metabolismo diferente debió concederles ciertas ventajas sobre los reptiles sinápsidos que habían sobrevivido a la catástrofe finipaleozoica. De hecho, los arcosaurios evolucionan muy rápidamente y pronto se dividen en dos clados principales que tomarán caminos evolutivos bien distintos a partir de este momento. Por un lado tenemos a los ornitodiros, poco abundantes hasta el final del Triásico, que evolucionarán hacia los dinosaurios y los pterosaurios (reptiles alados), estos últimos ya capaces de realizar vuelos de corta duración a finales del periodo. Por otro lado están los crurotarsos, reptiles puramente triásicos que evolucionarán hacia los actuales cocodrilos.

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Ilustración artística de Sharovipteryx, uno de los primeros pterosaurios (fuente: wikipedia.org)

Dentro de los ornitodiros, los dinosaurios (Superorden Dinosauria) experimentaron una adaptabilidad sorprendente. Aparecieron a finales del Triásico pero antes de que terminase el periodo ya eran los reyes del medio terrestre. Esa rápida evolución se debe seguramente a la ausencia de competencia y a la gran abundancia de nichos ecológicos vacíos, que les permitió colonizar rápidamente la tierra y diversificarse en dos órdenes muy diferentes ya en el Triásico superior. Los ornitisquios (Orden Ornithischia) se caracterizaban por tener una cadera muy similar a la de las aves actuales, con el pubis hacia atrás y hacia abajo; mientras los saurisquios (Orden Saurischia), tenían una cadera más similar a la de los reptiles, con el hueso púbico apuntando hacia adelante. Es importante aclarar que este parecido a reptiles o a aves no refleja ninguna tendencia evolutiva, ya que como veremos más adelante las aves evolucionaron a partir de los saurisquios y no de los ornitisquios.

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Diferencia en cuanto a cadera entre los dos ordenes de dinosaurios, saurisquios (izquierda) y ornitisquios (derecha)

Los ornitisquios del Triásico fueron todos herbívoros bípedos y cuadrúpedos, de entre los que destacaría el Pisanosaurus como especie más antigua. En cuanto a los saurisquios triásicos, estos se dividieron rápidamente en dos linajes muy diferentes. Los terópodos fueron los depredadores que sustituyen a los sinápsidos y, como veremos más adelante, son el único grupo de dinosaurios que no se extinguieron al final del Mesozoico. De entre ellos destaca en este primer momento el Eoraptor. El otro linaje saurisquio son los saurópodos, que durante el Triásico adoptaron formas también carnívoras y bípedas, pero que pronto cambiaron a herbívoros cuadrúpedos.

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Izquierda: Ilustración artística de Pisanosaurus, uno de los dinosaurios ornitisquios del Triásico (fuente: wikipedia.org). Derecha: Ilustración de cómo pudo ser Eoraptor, un dinosaurio saurisquio que habitó Sudamérica durante el Triásico (fuente: es.acam.wikia.com)

Pero no todos los animales terrestres del Triásico fueron dinosaurios, y es que los sinápsidos, el grupo de reptiles que dominó en el Pérmico y que aún lo hace en este periodo, aunque con clara decadencia en favor de los nuevos diápsidos, evolucionaron durante el Triásico hacia una nueva clase de vertebrado. Se trata de un grupo que desarrolla pelo y que ya no necesita poner huevos, aunque las crías nacen sin desarrollarse del todo y por ello necesitan un tiempo de lactancia después del parto. Ese nuevo grupo de vertebrado, al que efectivamente pertenecemos, es la Clase Mammalia. Por tanto podemos afirmar que los mamíferos somos en realidad reptiles evolucionados, aunque hay una gran cantidad de características esqueléticas que nos diferencian de nuestros antepasados sinápsidos. Pero en el Triásico este grupo dista mucho de ser lo que son ahora, ya que por aquel entonces estaban prácticamente los últimos en la cadena trófica, sobreviviendo en la sombra de los grandes reptiles, esperando su momento con paciencia.

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Los primeros mamíferos aparecieron en el Triásico y no debieron de ser mucho más que simples y pequeños diminutos que vivían a la sombra de los ascendentes dinosaurios (fuente: neofronteras.com)

En cuanto a los mares triásicos, es notoria la extinción completa de los trilobites, que tanto dominaron en el Paleozoico, y la espectacular recuperación de los ammonoides, que pasan de dos géneros a más de cien. También comienzan a ser importantes los belemnites, que serán muy abundantes en el Jurásico, y los moluscos, pero lo más llamativo es sin duda la aparición de diversos reptiles adaptados plenamente a la vida en el mar. Es en este periodo cuando aparecen los primeros ictiosaurios y, a finales, también los primeros plesiosaurios.

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Los mares del Triásico también estaban dominados de reptiles, como los ictiosaurios (fuente: vistaalmar.es)

¿Y qué hay de la flora? Pues este reino es uno de los que más sufrieron la extinción y el clima característico del Triásico, motivo que puede estar detrás de la casi total ausencia de depósitos de carbón en el Triásico inferior, si bien en el Triásico medio y Triásico superior comienzan a aparecer ya muchas familias de helechos y coníferas, algunas de las cuales perdurarán hasta la actualidad pero otras, como las bennetittales, se extinguirán con el tiempo.

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Ejemplar fósil de bennettiales de la colección del Museo Sedgwick de Ciencias de la Tierra, en Cambridge (fuente: wikipedia.org)

Y volviendo a los continentes. ¿No hay movimientos tectónicos durante el Triásico? De gran entidad no, pero sí hay algunas colisiones relativamente importantes. No hemos dicho aquí, aunque sí en la entrada del  Paleozoico, que Pangea fue un supercontinente con forma de “C” que contenía en su interior un océano al que denominamos Tetis. Esta cuenca oceánica fue la región donde se concentraron los eventos tectónicos más destacados del Triásico, aunque a finales del mismo ya se empezaron a detectar los primeros indicios de fragmentación. En la región del Tetis lo que se tiene, sin entrar en muchos detalles, es una serie de pequeños continentes que se desgajan del brazo meridional de Pangea y migran hacia el brazo norte, produciendo con ello la apertura de tres cuencas oceánicas diferentes que se irán sustituyendo durante el resto del Mesozoico (Paleo-Tetis, Meso-Tetis y Neo-Tetis o Ceno-Tetis).

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Reconstrucción paleogeográfica del Triásico Inferior (237 Ma), cuando Pangea todavía estaba constituyendo la principal masa de tierra firme del planeta (fuente: scotese.com)

Al final del Triásico se produjo de nuevo una gran extinción masiva en la que desapareció el 20% de los animales marinos, aunque muchos grupos se recuperarán con el tiempo durante el Jurásico, incluyendo dos tipos de reptiles marinos: los ictiosaurios y los plesiosaurios. En cuanto al medio terrestre, se ven afectados la mayoría de géneros de reptiles mamiferoides y grandes anfibios, que se extinguen definitivamente para favorecer el desarrollo de los dinosaurios.

El Jurásico, el periodo de los grandes saurópodos

El clima global se tornó más húmedo durante el Jurásico como consecuencia de la ruptura de Pangea, y el nivel del mar subió considerablemente, posiblemente debido al cambio en la topografía de los suelos oceánicos a causa del ritmo acelerado de la separación de las placas tectónicas. Esta subida del nivel del mar provocó a su vez un aumento en la absorción de energía solar, lo que junto a esa mayor humedad del aire, hizo que el clima global fuese más cálido que el del Triásico, mucho más cálido que el actual. Bajo estas condiciones climáticas es evidente que no se produjeran glaciaciones, si bien sí hubo episodios climáticos catastróficos ligados a la liberación de depósitos de metano procedentes del subsuelo marino. El paisaje del Jurásico fue por tanto mucho más rico en vegetación que el del Triásico, especialmente en las altas latitudes. En gran cantidad de ambientes se desarrollaron junglas o bosques que se extendieron por prácticamente toda la superficie terrestre. La distribución diferencial de la flora constituye un fiel reflejo de la separación de las zonas ecuatorial y septentrional durante el Jurásico, con desarrollo de reinos diferenciados que obedecen a la existencia de barreras marinas entre el norte y el sur, así como a la presencia de un mayor gradiente de temperaturas desde los polos hasta el ecuador, si bien este es menos pronunciado que el actual.

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En el Jurásico los dinosaurios alcanzaron su máximo desarrollo, con las formas más grandes aunque no las más famosas (fuente: blog.suny.edu)

En el Jurásico las gimnospermas, entre las que se encuentran coníferas como los actuales pinos y abetos, proliferan en todos los ambientes terrestres junto con cicadáceas y helechos, que también fueron muy abundantes. Destacan en especial algunos grupos exclusivos de este periodo, como son las bennettitales o las caytoniales, que ya presentan características intermedias entre las gimnospermas y las angiospermas (plantas con flores, que aún no existen). En estos ambientes terrestres aparecen las primeras ranas y los cocodrilos ya se establecen plenamente en algunos ecosistemas, pero sin duda lo más relevante es el incuestionable predominio de los grandes reptiles arcosaurios, de los Dinosaurios. Desafortunadamente el registro fósil del Lías (Jurásico inferior) es demasiado pobre para permitir estudiar algunos detalles sobre la diversificación de estos reptiles diápsidos, aunque los restos fósiles de enormes dinosaurios en el Jurásico temprano indican que debieron evolucionar rápidamente. Dentro de los saurisquios, los saurópodos pasaron a ser herbívoros cuadrúpedos de grandes dimensiones, algunos de más de 40 T de peso como Brachiosaurus. En cuanto a los terópodos, estos crecieron también de forma espectacular para afrontar a las nuevas y colosales presas, como hizo el Allosaurus, pero otros desarrollaron plumas y, antes de que terminara el Jurásico, habían evolucionado a un nuevo tipo de animal vertebrado: las aves (ver Las aves, los dinosaurios del presente). El famoso Archaeopteryx, un animal a medio camino entre los pequeños dinosaurios terópodos y las aves actuales, con un pico dentado, garras en las patas, larga cola ósea y plumas por todo su cuerpo, ha sido considerado por mucho tiempo como la primera ave y es de este periodo. En cuanto al otro orden, los ornitisquios, se diversificaron y se dividieron en dos subórdenes durante este periodo: los tieróforos, que desarrollaron imponentes defensas como placas óseas en la espalda o púas en la cola, de entre los que destaca el Stegosaurus; y los neornitisquios como el Chaoyangsaurus, bípedo, herbívoro y con pico.

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Ilustraciones de algunas de las especies de dinosaurios y de aves (archaeopteryx) más emblemáticas del Jurásico

Durante el Jurásico marino las formas de vida más evolucionadas eran los peces y, de nuevo, los reptiles. Los ictiosaurios sobreviven al cambio de periodo y ahora comparten su hábitat con los primeros cocodrilos acuáticos y con los teleósteos, predecesores de la mayoría de los peces actuales. Los plesiosaurios, otro grupo destacado en este periodo, sobrevivieron a duras penas para extinguirse a finales del Jurásico, al igual que un tipo de cocodrilo con aletas. En cuanto a organismos invertebrados, los corales aparecen formando arrecifes en las aguas poco profundas, muy habituales por la subida del nivel del mar, y los artrópodos evolucionan a algunas especies semejantes a los cangrejos y a las langostas actuales.

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El liopleurodon fue un plesiosaurio carnívoro que vivió en el Jurásico medio de lo que sería Europa (fuente: wikimedia Commons)

Y por último llegamos al medio aéreo, también dominio de los reptiles durante el Jurásico. Los pterosaurios que ya aparecieran en el Triásico evolucionan en este periodo a grandes reptiles voladores de alas membranosas, algunos de grandes dimensiones, que se alimentaban de los peces que habitaban los mares. Pero esto no es lo más destacado de este periodo, ya que es en él cuando aparecen las primeras aves a partir de pequeños dinosaurios terópodos.

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Ilustración artística de cómo pudo ser en vida el Scaphognathus, uno de los pterosaurios del Jurásico (fuente: dinosaurpictures.org)

Y si hablamos de los movimientos tectónicos, el Jurásico es mucho más activo que el Triásico, ya que es en este periodo cuando se inicia la verdadera ruptura de Pangea, que consta de tres fases. Durante el Jurásico inferior-medio el proceso de rifting iniciado en el Triásico continúa y genera una serie de cuencas de tipo rift que son invadidas por una lengua del océano Tetis (recordemos el Ciclo de Wilson). De esta forma una nueva cuenca progresa de este a oeste hasta separar Pangea en dos grandes fragmentos continentales: Laurentia al norte y Gondwana al sur. Estamos hablando del Atlántico Norte y Atlántico Central, pero el Atlántico Sur no empezó a abrirse hasta finales del  Jurásico o quizá ya en el Cretácico, aunque ya en el Jurásico medio-superior se aprecian las primeras fracturas entre África y Sudamérica. Todos estos movimientos tectónicos permitieron que Laurentia iniciase un movimiento en sentido horario (de las agujas del reloj) para colocarse en una posición alargada este-oeste, con Europa próxima al ecuador y Siberia muy cerca del Polo Norte. Por su parte Gondwana también rota, pero lo hace en sentido antihorario, migrando hacia el norte y acercándose con ello a Laurasia por el este, al tiempo que ambos continentes se separan por el oeste. Este conjunto de movimientos tectónicos tuvieron una consecuencia muy importante, ya que favorecieron el desarrollo de una serie de fracturas entre África/Sudamérica y Antártida/Australia durante el Jurásico superior que progresaron poco a poco para dar el océano Índico, que inició su vida con la separación de Madagascar y África en el Cretácico.

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Reconstrucción paleogeográfica del Jurásico Inferior (195 Ma).  A finales del periodo Pangea ya se habría roto por completo y dado lugar a una serie de nuevos continentes como consecuencia de la apertura de nuevos océanos (fuente: scotese.com)

 El Cretácico, la policromía llega al mundo de las flores

Los continentes siguieron su recorrido hasta las posiciones actuales y la ruptura de Pangea es total. El clima siguió la tendencia del Jurásico, haciéndose más húmedo y más cálido, con una temperatura media 6-12º C mayor que la actual y una atmósfera rica en CO2 que permitió la existencia de una gran biomasa vegetal que soportase la presencia de los grandes herbívoros del Mesozoico. Las gimnospermas siguen dominando el paisaje pero con matices, ya que se aprecia una sustitución de las cicadáceas y los ginkos, ambos grupos en decadencia, y las bennettitales, al borde de la extinción, por las coníferas que siguen prosperando. Pero a finales del Cretácico se produjo un gran cambio ecológico al aparecer un nuevo tipo de planta cuyas semillas se encuentran encerradas en el interior de un ovario que las protege de infecciones fúngicas, de la desecación e incluso del ataque de los insectos. Estamos hablando de las angiospermas, las plantas con flores que tanto dominan en la actualidad, y que nada más aparecer experimentan una rápida difusión y diversificación al pasar, en tan solo 20 Ma, de un 1% del total del polen a un 40%.

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El clima del Cretácico se caracterizó por ser cálido y húmedo (autor: Kerem Beyit)

El nivel del mar también siguió ascendiendo y es en este periodo cuando se alcanza los valores más altos del Fanerozoico. Tal es la transgresión generalizada del Cretácico que aproximadamente un tercio de los terrenos emergidos actualmente estuvieron bajo las aguas formando mares someros que se distribuían por todos los continentes. Y dado que el gradiente térmico entre los polos y el ecuador era más suave que en la actualidad, los mares cretácicos tenían unas corrientes oceánicas más débiles que permitieron el depósito de extensas formaciones de pizarras. En este mundo inundado y cálido los mares estaban llenos de formas de vida muy diversas, ya fueran constituyendo el plancton (diatomeas, dinoflagelados, foraminíferos planctónicos) o la fauna marina. De entre estos últimos destacan cefalópodos (moluscos) como los ammonites y los belemnites, gran variedad de peces y toda una nueva generación de reptiles marinos. Los ictiosaurios prácticamente ya han desaparecido a finales del Cretácico inferior, pero son sustituidos inmediatamente por nuevas especies de tiburones modernos y peces teleósteos, que conviven con tortugas marinas de gran tamaño y con los más importantes del periodo: los mosasaurios. Estos enormes depredadores de hasta 17 m de longitud, vivieron durante el Cretácico superior y fueron los verdaderos reyes de los océanos, alimentándose de los plesiosaurios, los tiburones e incluso quién sabe si de algunos dinosaurios despistados que se veían obligados a adentrarse en el mar.

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Los mosasaurios dominaron los mares del Cretácico sin rivales que les pudieran hacer frente (fuente: emaze.com)

Dentro de la fauna terrestre, el Cretácico representa el momento de mayor auge y desarrollo de los dinosaurios, que alcanzan una gran radiación adaptativa al coexistir una gran cantidad de especies con modos de vida y morfologías dispares. Dentro de los ornitisquios se observa un gran éxito de los neornitisquios en contraposición a los tieróforos, que parecen estar ya en decadencia. Durante el Cretácico aparecen especies emblemáticas de dinosaurios ornitisquios como son Iguanodon, Maiasaura, Triceratops o Parasaurolophus, que conviven con algunos tireóforos que continúan desarrollando defensas óseas, como es el caso de Ankylosaurus. En cuanto a los saurisquios, destaca el menor tamaño de los saurópodos con respecto a las descomunales formas jurásicas, existiendo a finales del periodo ya solo una subfamilia: los titanosaurios. En cuanto a los terópodos, destacan por un lado los grandes depredadores como Baryonyx, Tyrannosaurus, Spinosaurus, pero también otros de menor tamaño que han desarrollado protoplumas y que parecen estar emparentados directamente con las primeras aves (Velociraptor, Deinonychus). Junto con todos estos reptiles convivieron pequeños mamíferos cuyos restos son casi exclusivamente fragmentos de dientes, pero que al parecer se diversifican para dar los tres grupos de mamíferos actuales (placentarios, marsupiales y monotremas). También se identifican en el Cretácico los primeros insectos polinizadores, lo que indica que la asociación evolutiva entre angiospermas e insectos ya apareció en un momento muy temprano.

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Ejemplos de algunas de las especies de dinosaurios más destacadas del Cretácico

Otro grupo de reptiles de gran impacto durante el Cretácico fueron los pteorsaurios (reptiles voladores), que desarrollaron una gran variedad de formas, evolucionando en tres aspectos principales: un tamaño cada vez mayor, un ahuecamiento de los huesos de las regiones anatómicas no sometidas a grandes esfuerzos durante el vuelo y una pérdida progresiva de los dientes. Y por último llegamos a las recientemente aparecidas aves, que ya en el Cretácico experimentan una amplia diversificación de formas, con muchas especies aún con características primitivas (presencia de garras en sus alas, existencia de dientes en sus picos), como el Scipionyx, pero otras claramente más similares a las aves actuales.

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Reconstrucción artística de Archaeornithura meemannae, una de las aves primitivas que vivió durante el Cretácico (fuente: lavanguardia.com)

En cuanto a la deriva continental, es durante el Cretácico cuando se produce la segunda fase de la ruptura del supercontinente de Pangea. Se parte de dos continentes a comienzos del Cretácico (Laurasia, Gondwana) a siete fragmentos continentales a finales del periodo (Eurasia, Norteamérica, Sudamérica, África, Antártida, Australia, India). Los datos que tenemos actualmente indican que en el norte Norteamérica y Eurasia siguen separándose por la expansión del Atlántico norte, mientras que en el sur Gondwana se divide en el Cretácico inferior en cuatro continentes más pequeños, ya que se abre definitivamente el Atlántico sur y progresan las fracturas jurásicas entre África y Sudamérica y entre ambas y el resto de Gondwana. A finales del Cretácico superior estas fracturas permiten que Madagascar e India se independicen del resto del continente, iniciando a partir de este momento una rápida migración hacia el norte verdaderamente espectacular.

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Reconstrucción paleogeográfica del Cretácico Superior (94 Ma). Europa es en este momento un conjunto de varias islas de distintos tamaños y el Atlántico sigue su expansión (fuente: scotese.com)

El final del dominio de los reptiles

A finales del Mesozoico los dinosaurios al parecer ya estaban en decadencia y múltiples hipótesis han sido lanzadas para explicar eso, desde problemas metabólicos con las recién aparecidas angiospermas hasta cambios climáticos bruscos por la emisión de metano por parte de los grandes herbívoros, pasando por problemas de esterilidad, estupidez (sí, algunos consideran que los dinosaurios se volvieron torpes de golpe). Pero lo que no admite duda es que el final del Mesozoico lo marca uno de los mayores eventos de extinción (el tercero en importancia) en el que murieron cerca del 50% de géneros biológicos. Actualmente está más o menos aceptado, a diferencia de otras grandes extinciones masivas donde aún hay discrepancias en las causas, que la Extinción del Límite K-Pg (Cretácico-Paleógeno) fue provocada por el impacto de un asteroide en la península de Yucatán. Este cuerpo de unos 10 km de diámetro habría impactado en la plataforma continental y habría provocado enormes tsunamis que arrasaron con las costas más próximas, pero también habría supuesto la emisión a la atmósfera de una gran cantidad de roca fundida y polvo. La primera habría solidificado en el aire y habría caído como bolitas a las que llamamos esferulitas, pero las segundas habrían quedado suspendidas durante largos periodos de tiempo, cubriendo todo el planeta y haciendo que la radiación solar que llegaba a la superficie fuera muy baja. Este fenómeno, al que llamamos invierno nuclear, provocó la destrucción de la vegetación primero, después los herbívoros se morirían de hambre y los carnívoros debieron disfrutar de un gran banquete global, un banquete que acabó en muerte cuando la comida empezó a escasear. De entre todas las especies que se extinguieron en el Límite K-Pg se encuentran, además de todos los dinosaurios salvo las aves, los pterosaurios, la mayor parte de reptiles marinos, entre ellos los mosasaurios, los ammonites y los belemnites, y una gran cantidad de especies del plancton marino y flora propia del Mesozoico. Pero no todo fueron malas noticias, ya que esta extinción permitió que los mamíferos y las aves, al igual que les ocurrió a los dinosaurios con la Great Dying, se desarrollaran rápidamente y se diversificaran para ocupar los nichos que quedaron libres. En el siguiente video os dejo una recreación de como debió ser este evento de extinción.

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