Playas y acantilados, el modelado litoral

Cuando hablamos de geología es muy frecuente que pensemos en las mal llamadas «piedras», que en realidad son tres elementos de diferente naturaleza (rocas, fósiles y minerales). También podemos pensar en riesgos naturales como los terremotos o las erupciones volcánicas o en actividades como la minería o la construcción, donde esta ciencia tiene mucho que decir. Todo eso es geología porque la geología representa las fuerzas de la naturaleza que no tienen un origen biológico. Y en ese sentido cualquier paisaje, ya haya sido formado por la dinámica de un río, por la disolución/precipitación de rocas químicas o por la presencia de grandes masas de hielo, tiene un origen geológico. Eso también se aplica a los relieves costeros, formados por un delicado equilibrio entre el mar y la tierra firme que definen lo que conocemos como dinámica litoral. En este post vamos a hablar de la geología detrás de los paisajes que encontramos en la costa, de modelado litoral.

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La dinámica litoral es el resultado de un delicado equilibrio entre el mar y la tierra y por ello es uno de los aspectos geológicos que más cambia a lo largo del tiempo. Un ejemplo de ello son las flechas litorales como la del Rompido, en Huelva, que pueden llegar a varíar, incluso desaparecer, a lo largo de la vida de una persona (imagen de autor desconocido, tomada de alojamientoselrompido.es).

Entre dos mundos

El litoral es el término con el que nos referimos a la franja que actúa de transición que hay entre la tierra y el mar. Se trata por tanto de una interfase dinámica que cambia constantemente y cuyos límites no son fáciles de definir, aunque en líneas generales se puede considerar como la región que está afectada por la acción del oleaje. Dentro del litoral existen tres zonas con unas características propias: la zona supralitoral, que solo está afectada por el oleaje durante los grandes temporales; la zona interlitoral, que es la comprendida entre los límites superior e inferior de la acción habitual del oleaje; y la zona infralitoral, delimitada por la acción del oleaje en los temporales. El litoral está muy influenciado por las variaciones del nivel del mar, que no siempre son globales ni siempre tienen un mismo origen, a veces incluso varios a la vez. De hecho en geología no se suele, o al menos no se debería, hablar de subidas o bajadas del nivel del mar, sino de desplazamientos de la línea de costa, ya que es posible que lo que consideremos una variación de nivel del mar sea en realidad producto de movimientos tectónicos. De esta manera estaríamos hablando de transgresiones si la línea de costa se desplaza hacia tierra, independientemente del motivo o de si realmente se trata de una subida del nivel del mar, y de regresiones cuando la línea de costa se desplaza hacia el mar. Pensemos que podría darse el caso de una auténtica subida del nivel del mar y que en una región la línea de costa retroceda porque el continente se está hundiendo.

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El litoral es la interfase entre el medio marino y el continente y se puede dividir en tres zonas: la zona supralitoral, la zona intermareal y la zona infralitoral.

Existen varios procesos que en conjunto definen lo que conocemos como dinámica litoral. El oleaje es un movimiento ondulatorio de ascenso y descenso de las partículas de agua que se genera por la acción del viento. Este movimiento, a medida que la profundida se reduce, se vuelve cada vez más horizontal por el rozamiento con el fondo, hasta que llega un punto en el que la parte superior de la ola se vuelve insostenible y esta rompe. El oleaje es uno de los procesos más importantes de la dinámica litoral porque no solo determina sus límites, también es el principal responsable del transporte de partículas sólidas en la costa. Esto es así porque las olas nunca llegan perpendiculares a la costa, sino que lo hacen con cierto ángulo que hace que, a lo largo del tiempo, los sedimentos se desplacen de manera lateral. No obstante, en ocasiones las olas experimentan una serie de modificaciones que van a producir reflexiones, difracciones e incluso refracciones de los trenes de olas, muy similares a los que experimenta cualquier onda física.

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Las olas son un movimiento ondulatorio causado por el viento que constituye el principal elemento de la dinámica litoral (imagen de autor desconocido, ampliamente extendida en internet).

El oleaje no es el único proceso importante que modela el relieve en la costa. Las mareas, variaciones cíclicas de la superficie del mar causadas por la atracción de los astros, especialmente de la Luna y el Sol, también tienen un papel destacado en muchas costas al ser capaces de dejar temporalmente amplias superficies expuestas. En cuanto al viento, su importancia es relevante sobre todo en la parte alta del litoral, donde es común que se produzcan dunas por acumulación eólica de los sedimentos presentes en las playas. Todos estos procesos van a ser los que determinen los tipos de elementos del relieve que conforman los paisajes costeros, de gran valor turístico.

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El litoral está compuesto por una amplia variedad de formas del relieve, o geoformas, que son el resultado de varios procesos que actúan a la vez. Esquema con los principales elementos geomorfológicos que constituyen la dinámica litoral.

Formas erosivas de la costa

La formación del relieve está condicionado siempre por el equilibrio entre los procesos de erosión, que moldean el terreno «desgastándolo», y los procesos relacionados con la sedimentación del material previamente erosionado y transportado. En el caso de la dinámica litoral, la erosión costera supone la pérdida de tierra firme como consecuencia de la acción del océano. Los acantilados son sin duda el principal elemento del paisaje costero que tiene un origen erosivo. Se trata de escarpes de decenas de metros de altura que se forman cuando hay un importante desnivel entre la altitud de la propia costa y el nivel del mar. El origen de los acantilados está en la acción erosiva del oleaje, que es capaz de horadar la base rocosa de los mismos y producir socavamientos que con el tiempo acabarán viniéndose abajo. La caída de acantilados es una parte indispensable de la evolución litoral de este tipo de costas altas y es la responsable tanto de la formación de arcos, como los de la famosa playa As Catedrais, en Lugo, como de farallones cuando estos arcos se desploman.

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A finales de 2020 uno de los arcos de la famosa playa As Catedrais de Lugo se vino abajo y dio una de las últimas noticias geológicas del año (EFE).

En muchos casos, cuando los acantilados retroceden y encuentran su equilibrio con el océano, detrás de ellos dejan una plataforma rocosa que recibe el nombre de rasa. Las rasas mareales, cuyos límites están definidos por el nivel del mar durante la pleamar y la bajamar, son especialmente importantes en aquellas costas que tienen mareas vivas, ya que estas permiten que tengan grandes superficies. En algunos casos la roca que forma parte tanto del acantilado como de la rasa está compuesto por una alternancia de capas de distinta resistencia a la erosión: los flyschs. En España existen ejemplos muy buenos de flyschs costeros, como es el caso del flysch de Deba-Zumaia, en el geoparque de Costa Vasca, o el flysch de Costa Quebrada, en Cantabria. No obstante los flyschs no solo se encuentran en la costa, ya que también los podemos encontrar en el interior si la tectónica lo permite, como es lo que ocurre con el flysch de Jaca, en los Pirineos.

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El acantilado de Zumaia, con el flysch y su rasa mareal, es uno de los enclaves de mayor interés del geoparque de Costa Vasca (autor: Manuel Martín, imagen obtenida de geoparkea.com).

Formas sedimentarias

El tranporte de sedimento y su posterior sedimentación es uno de los aspectos clave para comprender la dinámica litoral. Las costas están en constante cambio y cualquier variación en el entorno va a afectar tanto a la erosión de tierra firme como a la sedimentación del material previamente erosionado. Existen muchos elementos gemorfológicos litorales que son el resultado de procesos sedimentarios y en todos ellos se aprecia una clara selección del tamaño de grano. Esto es debido a que el mar, al igual que los ríos en la dinámica fluvial, es bastante selectivo a la hora de transportar y depositar el material, de manera que en función de la energía de la masa de agua se va a tener un material más fino o más grueso.

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El estuario de Urdaibai, en la costa de Vizcaya, es uno de los mejores ejemplos que existen en la península Ibérica (imagen tomada de buscarutas.com).

Las playas son la forma del relieve más importante dentro de la sedimentación litoral. Se trata de acumulaciones de sedimento que se localizan en algunas partes de la interfase entre tierra firme y una masa de agua afectada por las mareas y el oleaje. Los ríos a veces también tienen playas fluviales, pero estas muchas veces no son auténticas playas sino barras fluviales modificadas para adaptarlas al baño. Dentro del perfil longitudinal de una playa se pueden distinguir tres zonas. El backshore es la parte más alta de la playa y la única que en condiciones normales no está expuesta a la acción del mar. En ella el elemento geomorfológico principal son las bermas, depósitos formados en los momentos de máxima acción del mar, detrás de las cuales ya se encuentran las dunas y el terreno colonizado por la vegetación. El estrán (foreshore) es la franja de la costa que se encuentra entre la pleamar y la bajamar. Es lo que comúnmente llamamos «playa» y está marcada por el desarrollo de pequeñas estructuras como barras y surcos prelitorales. El shoreface es la parte de la playa que está siempre sumergida y que termina donde el oleaje deja de afectar al fondo. En ella encontramos los ripples, formados por la acción del oleaje y que en muchos casos pueden llegar a fosilizar y que también están presentes en el estrán. Las playas, además de un magnífico sitio en el que dejar la toalla cuando nos vamos a dar un baño, es también un relieve de origen geológico dinámico y lleno de estructuras.

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Dentro de una playa hay muchas formas geológicas que pueden pasar desapercibidas. Una de ellas es la berma, que define además el límite superior de la playa. Fotografía de una posible berma en Matalascañas (autor: Pablo F.J., obtenida de flickr.com).

En ocasiones la acumulación de sedimentos en el litoral no se hace en el fondo de bahías o ensenadas, como es común que ocurra en las playas, sino que se produce como una acumulación alargada y paralela a la propia costa. Las flechas litorales son muy comunes en la desembocadura de un río, ya que el mayor aporte de sedimentos, sumado a la dinámica litoral, facilitan su formación, pero no son exclusivas de esta situación. En ocasiones las flechas litorales pueden llegar a entrar en contacto con alguna isla o promontorio rocoso cercano, en cuyo caso se denomina tómbolo. También pueden comunicarse con otra parte de la costa y dejar una porción de mar aislada del resto, que es el origen de las albuferas o lagunas costeras, como es el caso de la albufera de Valencia o el famoso y delicado mar Menor.

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El mar Menor es una de las albuferas más famosas de las lagunas saladas costeras más importantes y amenazadas de la península Ibérica. Vista aérea del mar Menor (foto de archivo del ayuntamiento de Cartagena).

En ocasiones la dinámica litoral se equilibra con la dinámica fluvial en la desembocadura de un río, dando como resultado la formación de rías o fiordos, si esa desembocadura se produce más o menos encajonada, estuarios si es en un espacio muy amplio, o los famosos deltas, estructuras de origen geológico que tienen una forma triangular. En todos ellos los aportes de sedimento y la erosión del propio río se enfrenta a la acción erosiva y la sedimentación marina, dando como resultado paisajes muy delicados que pueden cambiar con relativa facilidad y en poco tiempo si las condiciones reinantes cambia. En el caso de los deltas, por ejemplo, una reducción de los aportes sedimentarios del río como consecuencia de la construcción de presas puede producir incluso su desaparición.

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Fotografía de satélite del delta del Nilo, uno de los deltas más famosos dle mundo (geografia.laguia2000.com).

Conclusiones

Toda costa es geología. Los acantilados y las playas son el resultado de procesos geológicos que actúan constantemente en un equilibrio que con mucha facilidad se puede romper. Las montañas se forman y desaparecen a lo largo de millones de años, pero las formas que encontramos en la costa pueden desaparecer a lo largo de la vida de una persona, por lo que su estudio y comprensión se vuelve fundamental para su conservación. Y eso hace que la geología, como ciencia que estudia nuestro planeta, se vuelva fundamental.

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