Desmontando mitos: alienígenas que se aburren

Cada ciencia tiene su propio misterio en el que algunas personas no dudan en ver la mano de fuerzas alienígenas. La historia y la arqueología tienen a las pirámides de Egipto, que algunas personas creen que fueron consturidas por alguna civilización extraterrestre, o a los moáis de la isla de Pascua, que por su forma creen que representa a criaturas alienígenas. La biología por su parte tiene al modelo de paspermia, que propone el origen de la vida fuera de nuestro planeta y que algunas personas creen que fue el resultado de alguna civilización ancestral que llegó a la primitiva Tierra. La geología también tiene sus propias y alocadas historias de alienígenas, que llegaron a la Tierra hace millones de años para dejar su huella en la historia de planeta, que rompían rocas con láser o que hicieron experimentos nucleares. En este post, el cuarto que le dedicamos a desmontar mitos, vamos a abordar los mitos geológicos en los que muchos ven una mano alienígena.

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Existen muchos misterios científicos que son asociados con la presencia de seres alienígenas que habrían viajado a la Tierra en el pasado. Uno de los casos más conocidos son sin duda los moáis de isla de Pascua, tallados en el pasado en bloques de basalto de la propia isla (fotografía obtenida de historia.nationalgeographic.com.es).

Piedra de Al Naslaa

Recientemente hemos visto en redes sociales, una vez más, que la llamada piedra de Al Naslaa, en el desierto de Tayma (Arabia Saudita), fue creada por extraterrestres. Sí, como lo leéis. Según esta idea, la fractura que la famosa roca tiene es demasiado perfecta para ser de origen natural y solo un láser u otra tecnología avanzada que desconocemos, podría ser capaz de hacer un corte así. Pero lo cierto es que la naturaleza es más sabia y mucho más perfecta de lo que muchas veces consideramos y lo que puede parece extraordinario no tiene por qué tener un origen extraordinario. Eso es lo que le ocurre a esta singular roca formada solo por fuerzas geológicas.

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La piedra de Al Naslaa es un bloque rocoso del desierto de Tayma (Arabia Saudita) que ha llamado la atención de mucha gente por el perfecto corte que tienen y que la divide en dos (imagen obtenida de magnusmundi.com).

Cuando calentamos mucho un objeto lo habitual es que este se dilate un poco y cuando lo enfriamos se contraiga. La dilatación/contracción térmica es un fenómeno físico muy bien conocido que se tiene en cuenta incluso en construcción, de ahí que existan las llamadas juntas de dilatación. También vemos los efectos de la dilatación/contracción térmica en las vías del tren, que suelen estar siempre separadas unos milímetros e incluso en el actual Cambio Climático, ya que la subida del nivel del mar que se espera en las próximas décadas no es tanto el resultado de deshielo de los glaciares como de la dilatación que experimenta el océano al estar más caliente. La dilatación/contracción térmica es un fenómeno fácil de comprobar con objetos metálicos, que al ser muy buenos conductores térmicos se calientan y se enfrían muy rápido, permientiendo apreciar en poco tiempo esas diferencias de volumen que experimentan con la variación de temperatura. Y es este fenómeno el que está detrás de la fractura de la piedra de Al Naslaa.

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El acero de las vías del tren, al igual que le ocurre a las rocas en los desiertos, se dilata o se contrae en función de la temperatura. Para evitar que estos cambios perjudiquen el trazado ferroviario las vías del tren suelen tener juntas de dilatación que los amortiguen (fotografía tomada de railastur.es).

A pesar de que solemos asociar desierto con calor, lo cierto es que no siempre es así. Un desierto es una región extremadamente árida en la que apenas caen precipitaciones, algo que ocurre en el Sáhara y también en la Antártida. Pero dejando de lado al famoso continente helado, lo cierto es que en los otros desiertos sí que es común encontrar temperaturas muy elevadas durante el día, que contrastan enormemente con el fuerte desplome del termómetro durante la noche. Esto convierte a los desiertos en lugares bastante inhóspitos en los que las fuertes oscilaciones térmicas, sumado a la escasas precipitaciones, son la marca de la casa. Repito, fuertes oscilaciones térmicas. Porque cuando un cuerpo sufre bruscos y repentinos cambios de temperatura va a dilatarse y contraerse constantemente, hasta que llega a un punto que no aguantay se fractura. A este fenómeno geológico lo denominamos termoclastia (fractura por temperatura) y es lo que está detrás de muchas rocas partidas que encontramos en los desiertos. El caso de la piedra de Al Naslaa la peculiaridad está en que la roca tiene un corte muy recto que se explica por la existencia de un plano de debilidad anterior que facilitó la rotura por él. Así que recuperando el tuit anterior, no solo la ciencia moderna puede entender cómo se formó esta singular fractura sino que lo tenemos explicado de manera bastante sencilla. Y sin necesidad de láseres.

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A pesar de que muchos ven en el corte perfecto una mano alienígena, la fractura que tiene la piedra de Al Naslaa es el resultado de un fenómeno de termoclastia sobre un plano de debilidad. En esta imagen se ve cómo para lela a la fractura hay otro plano de debilidad del mismo sistema de fracturas (fotografía tomada de planetamaldek.com).

El evento de Tunguska

El 30 de junio de 1908, cerca del río Tunguska, se produjo una fuerte explosión que arrasó con una superficie de unos 2150 km². Muchos de los árboles que allí crecían fueron derribados en un extraño patrón radial que apuntaba a un lugar en el que no había ningún cráter. ¿Qué había provocado tal destrucción sino el impacto de un bólido? En este misterio, para el que se ha llegado incluso a proponer exóticos pulsos de rayos cósmicos o hasta a la mismísima antimateria, algunos no tardaron en ver de nuevo una mano alienígena. Tal vez el evento de Tunguska fuera la consecuencia de una nave alienígena que estaba despegando o volaba por la zona. Tal vez los alienígenas habían hecho pruebas nucleares en la zona y lo que veíamos eran las consecuencias. Tunguska era un misterio sin solución hasta que al fin la encontramos. Y en contra de lo que muchas veces leeremos, el origen del evento era natural y volvía a recordarnos que la mayor fuerza de la naturaleza es la propia naturaleza.

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En el eventgo de Tunguska millones de árboles fueron derribados en un patrón radial extraño que no partía de ningún cráter que pudiera explicarlo (fotografía tomada de livescience.com).

Los astroblemas son los cráteres que se forman como consecuencia del impacto de un asteroide o cometa. No menciono a los meteoritos porque en realidad los meteoritos no son cuerpos menores del Sistema Solar, sino los restos que encontramos de asteroides y cometas después de haber impactado. Como hoy en día ya sabemos, estos impactos pueden ser tan grandes que son capaces de generar extinciones, tal y como ocurrió hace 66 millones de años con la extinción del límite K-Pg. También pueden liberar enormes cantidades de energía muy superiores a las mayores armas creadas por el ser humano. Por eso, que la energía liberada por el evento de Tunguska se haya estimado en aproximadamente 180 veces la energía liberada por la bomba Little Boy (Hiroshima) y que fuera capaz de generar un terremoto de magnitud 5 que fue registrado en varios puntos de la Tierra, hizo pensar desde un primer momento que debió ser el resultado del impacto de un bólido. El problema era que no teníamos ni fragmentos del meteorito ni tampoco había un cráter claro, y eso nos dejaba demasiadas dudas y demasiadas cuestiones sin resolver. Pero entonces, ¿qué causó el evento de Tunguska? No lo sabemos con exactitud, aunque una cosa sí sabemos, los alienígenas no tuvieron nada que ver.

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Localización del evento de Tunguska en un mapa geográfico de Rusia (imagen obtenida de wikipedia.org).

En ciencia hay una máxima, la navaja de Ockham, que afirma que la explicación más sencilla suele ser la correcta. Por eso, cuando tengamos la posibilidad de explicar un suceso natural con las reglas físicas que conocemos y hemos comprobado que son ciertas, siempre será mejor usarlas que acudir a elementos no demostrados. En el caso de Tunguska, si bien no hay una explicación clara y del todo satisfactoria de lo ocurrido, sí que tenemos evidencias que nos hablan de que, aunque no hubo un cráter como tal, su origen sí que está relacionado con un bólido. Y es que además de la gran cantidad de energía liberada y la distribución radial de los árboles derribados, en Tunguska con el tiempo hemos descubierto micromuestras con una composición química y mineralógica coherente con la de un bólido rico en hierro que habría sufrido un fuerte metamorfismo. Esto nos ha llevado a la hipótesis actual de que Tunguska fue el resultado de un asteroide o un cometa de 100-200 m de diámetro que cruzó el cielo de Siberia a una altura de unos 11-15 km. Este cuerpo no habría chocado con la Tierra, pero su entrada en la atmósfera podría haber generado una fuerte onda de choque que sí habría llegado a la superficie, derribando los árboles y dando el misterioso patrón radial. Incluso cabe la posibilidad de que el bólido estallase al entrar en la atmósfera. En cualquier caso, los alienígenas no tuvieron nada que ver con él.

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El evento de Tunguska se cree que se debió al estallido de un bólido al entrar en la atmósfera, produciendo una bola de fuego que iluminó el cielo y liberó una energía equivalente a 185 bombas nucleares como la de Hiroshima (imagen tomada de misteriossinresover.blogspot.com.es).

El cometa interestelar de Oumuamua

El 19 de octubre de 2017 descubrimos un cuerpo enigmático que, a diferencia de todo lo que habíamos encontrado en el Sistema Solar, no orbitaba alrededor del Sol sino que parecía proceder de fuera del propio Sistema Solar. Oumuamua, que en hawaiano significa «primer mensajero lejano», se convirtió de este modo en el primer cuerpo interestelar que conocíamos y su descubrimiento planteó muchas dudas, a las que más tarde se sumaron otras. Porque Oumuamua no solo venía de fuera del Sistema Solar, carecía de cola y, lo más sorprendente, aceleró mientras se acercaba. ¿De verdad era eso posible? ¿Podría ser que estuviéramos en realidad ante una sonda o nave alienígena que viniera de otra estrella? El misterio quedó servido y la extravagancia de las pseudociencias no tardaron en imponer su criterio.

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Oumuamua es un extraño cuerpo interestelar que muchas personas, incluidos algunos astrónomos, creen que pudo ser una sonda de origen alienígena. Y aunque se suele recrear como un cuerpo más o menos cilíndrico, lo cierto es que ni si queira su forma la tenemos clara (fotografía tomada de rtve.es).

Aunque siempre asociamos los cometas y asteroides con la astronomía, lo cierto es que su estudio también es en parte geológico. La planetología, o geología planetaria, es la rama de la geología que se encarga de estudiar los cuerpos rocosos del universo. Por eso Oumuamua está aquí, porque aunque no siempre lo consideremos como tal, el estudio de cometas y asteroides también es geología. Y lo cierto es que de este misterioso cuerpo interestelar apenas sabemos nada, más allá de que su órbita indicaba un origen extrasolar. Y apenas sabemos nada porque pasó a tanta velocidad que cuando lo descubrimos apenas pudimos estudiar sus características. No sabemos qué composición tiene, aunque creemos que debía tener una superficie muy oscura, no sabemos qué forma tiene ni tampoco sabemos cuáles eran sus dimensiones. Lo que sí sabemos es que al acercarse al Sol no generó una cola, como es habitual en los cometas, y que se aceleró. La ausencia de cola no debería sorprendernos, pues la cola de los cometas suele formarse por compuestos volátiles que se desprenden de ellos al calentarse y Oumuamua, al venir del espacio interestelar, hace mucho que debió perderlos. Más difícil de explicar es ese misterioso aumento de velocidad, que sin embargo no tiene por qué ser tan extraño, ya que una repentina emisión de gases de su interior pudo impulsarlo en un momento dado.

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Ilustración artística del cinturón de asteroides, la región situada entre las órbitas de Marte y Jjúpiter donde más cuerpos menores se concentran (fuente: NASA / JPL-Caltech / Wikimedia Commons).

Oumuamua es un enorme misterio que nos demuestra lo poco que todavía sabemos del universo. Pero no saber no implica necesariamente explicaciones extravagantes que impliquen alienígenas. Hace 100 años no sabíamos que los continentes se movían, los dinosaurios se habían extinguido por el impacto de un bólido o que el campo magnético cambiaba constantemente. Hoy en día no sabemos muy bien cómo era Oumuamua, aunque sí sabemos, gracias a él, que los cometas interestelares existen. De hecho hoy en día tenemos catalogados varios cuerpos de los confines del Sistema Solar que bien podrían serlo. Y esto es así porque la ciencia avanza y porque lo que hoy creemos mañana podemos desecharlo. En el caso de Oumuamua, a pesar de que algunas personas creen sin pruebas que era una nave alienígena, lo cierto es que las pruebas que sí tenemos apuntan a que fue el primer cometa conocido que venía de otro sistema estelar y eso es fascinante.

Un comentario sobre “Desmontando mitos: alienígenas que se aburren

  1. Muy clara la explicación de algunos hechos y fenómenos que puestos al juicio de la pseudo ciencia quedan siempre dentro de un halo de misterio que a poco conduce. Facil lectura y lenguaje sencillo que se unen a una documentacion basada en lo cientificamente probado

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