Iberia, tierra de dinosaurios

La península Ibérica ha tenido una historia geológica compleja y fascinante llena de eventos de gran interés. En el Paleozoico estuvo en medio de una sucesión de choques continentales de gran magnitud que acabaron por constituir Pangea, el último supercontinente. Y más tarde, cuando Pangea empezó a fragmentarse, de nuevo estuvo en un lugar crucial al verse rodeada por los brazos del océano Tetis. Hoy en día España es el segundo país con más geoparques del mundo, es uno de los países más diversos en cuanto a geología (geodiversidad) y también es uno de los más interesantes a la hora de estudiar dinosaurios. En este nuevo post vamos a hablar precisamente de ellos, de qué sabemos de los dinosaurios que vivieron en la península Ibérica a lo largo de los tres periodos que constituyen el Mesozoico, la Era de los Dinosaurios.

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Lohuecotitan fue un gigante saurópodo de más de 15 m que fue descubierto en el yacimiento de Lo Hueco (Cuenca). Esta reconstrucción a tamaño real se puede ver en el Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha (imagen tomada de wikipedia.org).

El desolado Triásico del Iberia

El primer periodo del Mesozoico es el Triásico y fue un momento marcado por grandes extinciones en masa. Empezó después de que se produjera la Gran Mortandad, con diferencia la mayor extinción que ha vivido el planeta, y finalizó con otra de las cinco mayores extinciones en masa. Pero es que recientemente se ha visto que en el Triásico Medio hubo otra extinción muy importante que, aunque no tan grande como las anteriores, sí fue crucial para el tema que nos ocupa. El Evento Pluvial Carniense fue un fenómeno que hace 230 millones de años (Ma) trajo un gran cambio en los ecosistemas que se cree que pudo ser uno de los empujones principales que llevó a los dinosaurios a dominar en el medio terrestre durante los siguientes 160 millones de años.

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El Evento Pluvial Carniense fue un importante cambio climático a escala global que sucedió en el Triásico Superior, durante el Carniense (237-227 Ma). Algunos autores lo consideran la clave del éxito posterior de los dinosaurios y el momento en el que se establecen los ecosistemas modernos (créditos: Davide Bonadonna).

Del Triásico no tenemos restos de dinosaurios identificados en la península Ibérica. Sí tenemos, sin embargo, abundantes fósiles de animales marinos que vivieron en las costas del Tetis, el océano interior que tenía Pangea entre sus brazos. Ese es el caso de Paludidraco multidentatus, un simosaurio encontrado en el embalse de El Atance (Guadalajara), o el placodonto Parahenodus atancensis, encontrado en el mismo lugar. También hemos identificado la presencia de otras especies descritas otras partes de planeta e incluso importantes yacimientos de huellas fósiles (icnitas), como es el caso del yacimiento de huellas de natación de la Rambla de Los Gallegos, en Cortes de Pallás (Valencia). El Triásico ibérico es muy interesante, pero por el momento no hemos encontrado restos relevantes de dinosaurios de esta edad.

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Paleoilustración de Paludidraco multidentatus, un reptil marino que vivió en Guadalajara hace 230 millones de años, cuando la región estaba cubierta por el mar (autores: Eloy Manzanero y Natalia Pérez).

La ausencia de dinosaurios ibéricos en el Triásico se explica de muchas formas. En primer lugar porque estos reptiles no cogieron relevancia hasta la parte final del periodo. Pero sobre todo no los tenemos porque la península Ibérica todavía formaba parte de Pangea y eso significaba que, en líneas generales, no era un área de sedimentación sino de erosión. El registro fósil es incompleto, no es un registro fiel de la vida del pasado porque la mayoría de animales mueren sin que sus restos fosilicen y la mayoría de fósiles son destruidos sin que los descubramos. Cada fósil es un pequeño milagro de la conservación en sí mismo, y esta conservación solo sucede si hay sedimentos que se acumulen y entierren al animal poco después de morir. Por ello, que la mayoría de la península Ibérica fuera un área expuesta durante el Triásico significa que la mayoría de animales terrestres que vivieron en ella se extinguieron sin dejar rastro de su existencia. Por eso no tenemos fósiles de dinosaurios triásicos en la península Ibérica, lo que no quiere que no existieran, sino que sus restos no se conservaron.

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Vista de la zona central del yacimiento triásico de Rambla de los Galleos, en Cortes de Pallás. En ella se pueden ver algunas de las marcadas dejadas por los animales mientras nadaban (imagen tomada de aventurasgeologicas.com).

El Jurásico, la llegada de los grandes saurópodos

El Jurásico es sin duda el periodo geológico más famoso de todos. En él Pangea ya se estaba rompiendo y Europa pasó a ser un archipiélago de grandes islas tropicales. Una de ellas fue precisamente Iberia, pero no toda la futura península Ibérica sino solo la parte más occidental, ya que buena parte de Aragón y la costa mediterránea se encontraban bajo el mar y la mayoría de Andalucía correspondía a una porción continental diferente. En este mundo los dinosaurios ya dominaban sin rivales el medio terrestre y teníamos representantes de los cuatro subórdenes en los que los clasificamos (Sauropodomorpha, Theropoda, Tyreophora y Neornithischia).

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A finales del Jurásico (hace 150 millones de años) Pangea ya se había fragmentado y Europa estaba constituida por una serie de islas de diferentes tamaño (reconstrucción paleogeográfica tomada de deeptimemaps.com).

En la península Ibérica el registro fósil de dinosaurios afecta prácticamente solo a la parte final del Jurásico. Los restos más antiguos que conocemos son del Jurásico Medio y corresponden en su mayoría a huellas, aisladas o formando grandes rastros. Sin embargo, en el Jurásico Superior los restos se hacen mucho más frecuentes y encontramos una amplia variedad de especies endémicas, europeas y hasta norteamericanas. Esto último es muy interesante porque durante el Jurásico el Atlántico se fue abriendo y separando Norteamérica y Europa, pero debieron quedar corredores terrestres por los que algunos dinosaurios lograron cruzar de un lado a otro. Eso es, por ejemplo, lo que creemos que pudo ocurrir con Stegosaurus, Allosaurus y otros dinosaurios característicos de la Formación Morrison que han aparecido en Portugal y/o España.

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En 2018 se encontró esta huella de terópodo en los acantilados de Tazones (Villaviciosa, Asturias), una de las más grandes que se conoce (imagen obtenida de elcomercio.es, autor: José Simal).

La mayoría de yacimientos del Jurásico con restos de dinosaurios están en Portugal, concretamente en la Cuenca Lusitánica, aunque también son importantes los yacimientos del Maestrazgo (Teruel), Valencia y Asturias. En cuanto a los dinosaurios encontrados en estos y otros yacimientos ibéricos, el número es amplio y variado. No obstante hay cuatro que conviene destacar: Dacentrurus, un estegosáurido de 7-8 m de largo hallado tanto en España como en Portugal, así como en otras partes de Europa occidental; Dracopelta, uno de los anquilosáuridos más antiguos que se conocen; Torvosaurus, un gran cazador de 10 m de largo; y Turiasaurus, un saurópodo de más de 30 m de largo y un peso estimado en 40 toneladas. Todos ellos han sido encontrados en la península Ibérica y demuestran la riqueza faunística de dinosaurios en el Jurásico Superior, hace 157-145 Ma.

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Dacentrurus fue un herbívoro estegosáurido de hasta 10 m de largo que vivió durante el Jurásico Superior (autor: Saúl Velasco).

El Cretácico, el dominio de Concavenator

El tercer y último periodo de la era mesozoica es el Cretácico y fue también el último periodo en el que vivieron muchos organismos (como los dinosaurios no avianos, los pterosaurios, los ictiosaurios, los rudistas o los amonites), que se extinguieron al final del periodo en la tercera mayor extinción que ha vivido el planeta. El Cretácico fue también el momento en el que se asentaron las verdaderas plantas con flores (angiospermas), que iniciaron un dominio que dura hasta nuestros días, y en el que las masas de agua alcanzaron su mayor extensión. Ese fue el mundo en el que vivieron muchos de los dinosaurios más famosos, como son Tyrannosaurus en Norteamérica, Velociraptor en Asia, Argentinosaurus en Sudamérica o Spinosaurus en África.

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Durante el Cretácico Europa siguió siendo un archipiélago habitado por dinosaurios y otras formas de animales (reconstrucción paleogeográfica tomada de jan.ucc.nau.edu).

El Cretácico es muy importante a la hora de estudiar la evolución tectónica de la península Ibérica, porque fue el periodo en el que la microplaca ibérica pasó de alejarse del resto de Europa a acercarse, hasta que se produjo , ya en la era cenozoica, la colisión que levantaría los actuales Pirineos. Pero también lo es desde el punto de vista paleontológico por la gran cantidad de singularidades que tenemos. Porque el Cretácico es el periodo al que pertenecen dos de los grandes yacimientos paleontológicos de dinosaurios que hemos identificado hasta la fecha: Lo Hueco y Las Hoyas, ambos en Cuenca, a los que habría que añadir los yacimientos de Arén (Huesca), Morella (Castelló), los yacimientos de icnitas de Costalomo (Burgos) o Igea (La Rioja), y muchos otros más que se me olvidan. En ellos hemos encontrado zonas de nidificación de dinosaurios y numerosos géneros nuevos de dinosaurios (incluyendo aves), tortugas, cocodrilos y mamíferos no encontrados todavía en otras partes del mundo.

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En el geoparque Orígenes hay varios yacimientos paleontológicos de interés, algunos de ellos de dinosaurios que han aportado fósiles de gran valor científico (imagen obtenida de parc-cretaci.com/es).

De entre todos los dinosaurios cretácicos encontrados en la península Ibérica yo destaco a cuatro por diversos motivos. El primero de ellos es Concavenator, un gran depredador terópodo de 6 m de longitud que tenía una especie de joroba característica y que fue descrito en 2010 a partir de los restos encontrados Las Hoyas. Lohuecotitan, por su parte, fue un gran saurópodo de unos 15-20 m de largo que vivió en Cuenca y que fue descrito en 2016. Su nombre hace alusión al yacimiento de Lo Hueco, descubierto gracias a las obras del AVE Madrid-Levante. El tercer y último dinosaurio descrito en la península Ibérica que quiero destacar es Pelecanimimus, por el momento único ornitomimosauriano encontrado en Europa. Fue descubierto también en Las Hoyas. Pero no solo tenemos dinosaurios exclusivos de la península Ibérica, ya que en España y Portugal también hemos encontrado restos de Iguanodon, sin duda uno de los ornitópodos con mayor distribución mundial.

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Concavenator es el mayor terópodo descrito en la península Ibérica y habitó el entorno del actual yacimiento de Las Hoyas (Cuenca) hace 125-130 millones de años. Su rasgo más destacada era la presencia de una especie de joroba sobre la cadera (autor: desconocido).

Conclusiones generales

El estudio de dinosaurios en la península Ibérica parece que se retrasó y llegó más tarde que a otras regiones, pero una vez que empezamos a estudiarlos en serio no hemos hecho más que encontrar grandes yacimientos. Una prueba del valor científico y turístico que tiene todo esto es la existencia de numerosos museos y destinos turísticos dedicados a los dinosaurios, como son el MUJA en Coluga (Asturias), el MUPA en Cuenca, Dinópolis en Teruel o el Museo de Salas de los Infantes (Burgos). Porque ahora una cosa es segura, los dinosaurios vivieron en la península Ibérica y tanto España como Portugal son una auténtica tierra de dinosaurios.

Bibliografía

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Díez Díaz, V.; Mocho, P.; Páramo, A.; Escaso, F.; Marcos-Fernández, F.; Sanz, J. L.; Ortega, F. (2016): “A new titanosaur (Dinosauria, Sauropoda) from the Upper Cretaceous of Lo Hueco (Cuenca, Spain)“. Cretaceous Research, 68, 49-60.

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Perez-Moreno, B. P.; Sanz, J. L.; Buscalioni, A. D.; Moratalla, J. J.; Ortega, F. y Raskin-Gutman, D. (1994): “A unique multitoothed ornithomimosaur from the Lower Cretaceous of Spain“. Nature, 30, 363-367.

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