La noche en el día: el fin de Pompeya

Para los romanos un volcán era el Etna, único ejemplo que conocían y lugar donde Vulcano, el dios del fuego, tenía su fragua. Eso cambió drásticamente cuando el Vesubio mostró su verdadera naturaleza en una violenta erupción que acabó por destruir ciudades y fue capaz de cambiar la geografía regional. La erupción del año 79 es todavía hoy en día una de las mayores erupciones del Holoceno, y a pesar de que es con diferencia la erupción más famosa del  Vesubio, lo cierto es que no todo lo que creemos saber sobre ella es cierto. Aprovechando que en esta semana podría ser el aniversario real de la erupción, en esta entrada explicaremos todo lo que sabemos sobre la que todavía hoy en día sigue siendo la tercera erupción más mortífera de los últimos 11 700 años.

vesubio
En los alrededores del monte Vesubio habitan unos 2 millones de personas, lo que lo convierte en uno de los volcanes con mayor riesgo del planeta (fuente: sites.google.com)

El Vesubio de nuestros días

El monte Vesubio es un edificio volcánico compuesto que se alza en el Golfo de Nápoles, en la costa suroccidental de Italia. Se trata de una construcción compleja constituida por dos partes: un estratovolcán antiguo, el Somma, cuya actividad finalizó con el colapso de su caldera; y un cono volcánico moderno que ha crecido en su interior, el Vesubio. Precisamente por esta dualidad es común hablar del Somma-Vesubio, aunque lo cierto es que en la antigüedad ya se hablaba del Vesubio a pesar de que ténicamente era el Somma. En cualquier caso, el edificio volcánico está emparentado con las islas volcánicas de Ischia y Procida y con el campo volcánico de los Campos Flégreos, con los que comparte origen y define la Provincia Magmática Romana, caracterizada por un vulcanismo potásico a ultrapotásico, un origen tectónico similar y una historia eruptiva iniciada hace unos 600 000 años.

Italian volcanism
Izquierda: Distribución de las rocas ultrapotásicas dentro de las diferentes provincias volcánicas de Italia (tomado de Avanzinelli et al., 2017, a su vez obtenido de Conticelli et al., 2007). Derecha: Mapa tectónico esquemático del Mediterráneo central (tomado de Avanzinelli et al., 2017, a su vez obtenido de Mattei et al., 2004)

La actividad volcánica del Somma-Vesubio empezó hace 25 000 años y ha sido más o menos constante desde entonces, con fuertes erupciones explosivas (plinianas) que se han alternado con amplios periodos de erupciones moderadamente explosivas (subplinianas y estrombolianas) e intervalos de calma que duraron varios siglos (para saber más de los tipos de erupciones ver Cuando la Tierra ruge). A lo largo de su larga historia eruptiva, el Somma-Vesubio ha experimentado al menos 5 grandes erupciones plinianas y numerosas  erupciones subplinianas, con un largo periodo de calma entre los siglos XII y XVII que terminó con la violenta erupción de 1631. Desde entonces el volcán ha vivido más de 18 eventos eruptivos, el último de los cuáles ocurrió en 1944 y destruyó numerosas poblaciones y toda una escuadra de bombarderos B-25. Hoy en día el Somma-Vesubio permanece en un periodo de tranquilidad, con una actividad sísmica relativamente baja pero constante que nos recuerda que, aunque dormido, el Vesubio sigue estando vivo.

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Mapa geológico simplificado del Somma-Vesubio, indicando la cartografía de los diferentes depósitos piroclásticos y de las escasas coladas de lava que se encuentran hoy en día en el volcán (tomado de Di Vito et al., 2011).

Una erupción con fecha confusa

Una de las cuestiones más interesantes del estudio de la erupción del año 79 ha sido siempre la referente a la fecha auténtica de la erupción. Durante siglos hemos dado por verídicas las palabras que nos habían llegado de Plinio el joven, escritas en una carta enviada a su amigo Tácito. En ellas Plinio le hablaba al famoso historiador de lo que él había vivido en persona unos 20 años antes, cuando con 17 años vivía en Miseno con su madre y su tío, el naturalista Plinio el Viejo. La carta que escribió a Tácito, en la que entre otras cosas narraba la muerte de su propio tío, hoy en día se considera como el nacimiento de la vulcanología debido a que en ella hacía una acertada explicación sobre la posible formación de la columna eruptiva. Aunque lo más importante era que ponía una fecha clara a la erupción: el 24 de agosto. Con un testimonio así no podía haber dudas sobre que Pompeya fue destruida a finales de agosto.

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La columna pliniana es uno de los elementos más destacados de este tipo de erupciones, con una nube de ceniza que asciende a gran altura para después expandirse de manera horizontal (imagen obtenida de ahorasesam.blogspot.com)

El problema vino cuando los trabajos arqueológicos empezaron a apuntar a otra estación del año diferente al verano. Y es que desde que se iniciaron los trabajos de excavación en el s. XVIII, una de las cosas que más llamó la atención era el hecho de que muchos de los cuerpos encontrados llevaban ropas de lana y en muchos hogares había ya braseros. Nada de eso era lógico para un mes de agosto, aunque podrían tener sentido si durante la erupción hubieran bajado las temperaturas lo suficiente como para que los habitantes de la ciudad tomaran esas medidas. Pero eso no explicaba otros detalles más problemáticos, como era la presencia de frutos otoñales (castañas, nueces, granadas…) o que las herramientas para la vendimia ya estuvieran recogidas después de hacer su servicio. La situación se complicó todavía más cuando en 1974 se descubrió un denario de plata acuñado el 7 de septiembre del 79. Todo eso llevó poco a poco a la idea de que Plinio debió confundirse y que la erupción no habría ocurrido en verano sino en otoño, muy probablemente en octubre o incluso en noviembre. Pero los historiadores siguieron dando más peso al testimonio escrito de Plinio el Joven, y eso llevó a un conflicto entre lo que la historia parecía decir y lo que la arqueología estaba demostrando.

Pompeii figs
Desde que se iniciaron los trabajos arqueológicos siempre han existido serias dudas sobre la fecha estival de la erupción. Uno de los ejemplos era la presencia de higos maduros perfectamente conservados en las ruinas de la ciudad (imagen obtenida de fantasticaitalia.com)

Todo eso terminó en 2018 con otro gran descubrimiento que ha dado, esta vez sí, una prueba contundente en contra de la idea que la erupción fuera en agosto. Estamos hablando de una inscripción en carboncillo que dice «En el día 16 antes de las calendas de noviembre se entregó a una comida excesiva». Este sencillo texto, encontrado en una de las casas de la Región V, pone como fecha de su escritura el 17 de octubre, por lo que habría echado por tierra definitivamente esa idea de que la erupción ocurrió en agosto. Y debido a que el material con el que se escribió es poco duradero y la casa estaba siendo renovada cuando ocurrió la erupción, inmediatamente ha llevado a poner una nueva fecha al inicio de la destrucción de la ciudad: el 24 de octubre del año 79. Pero entonces, ¿qué pasa con el texto de Plinio? Es curioso que Dion Casio, otro importante historiador romano algo más moderno que Tácito, habla en su obra de otoño y no de agosto, lo que ya debía haber dado una pista de que algo no estaba bien con el texto de Plinio. Y es que lo más probable es que se haya tratado de un error de traducción que hemos arrastrado durante siglos, que seguramente alguien tradujo en su momento mal el texto y nos llevó de octubre a agosto con un simple golpe de pluma.

Carboncillo Pompeya
El descubrimiento de una inscripción con carboncillo que habla del 17 de octubre ha hecho replantearnos definitivamente la fecha de la erupción, haciendo que cada vez se acepte más el hecho de que ocurrió en octubre y no en agosto (imagen obtenida de abc.es)

La noche que duró dos días

¿Cómo fue la famosa erupción que sepultó Pompeya? Esa es sin duda la pregunta que casi todos nos hacemos cuando pensamos en la famosa ciudad italiana y su trágico y catastrófico final. Y como suele ser habitual con este tipo de eventos, en realidad no fue ni repentina ni llegó tampoco sin avisar. En sus cartas Plinio el Joven afirma que en los días previos a la erupción los temblores de tierra se habían vuelto tan cotidianos que ya no asustaban a la población de Campania, un ejemplo más de las habituales crisis sísmicas pre-eruptivas, como la que se vivió en El Hierro en 2011. A eso debemos añadir que ya en las décadas anteriores hubo varios terremotos de magnitud importante, de entre los que destaca el terremoto del año 62, que con una magnitud estimada de M>5 causó numerosos daños que en el 79 todavía no se habían reparado. Se podría decir que los terremotos, al igual que algunos daños en vías y acueductos causados por la deformación del terreno previa a la erupción (tumescencia), ya estaban avisando de que algo estaba ocurriendo en las entrañas de la Tierra.

Daños terremoto año 62
Durante el s. I los habitantes de Pompeya vivieron varios terremotos, algunos de relativa importancia. En esta imagen se puede ver uno de los muros de la ciudad que sufrió los daños del terremoto del año 62 y que fue reconstruido antes de que se produjera la famosa erupción (fuente: napoliunplugged.com)

El 24 de octubre, sobre el mediodía, apareció sobre el Vesubio una densa y oscura nube de más de 30 km de altura, la columna pliniana (en honor a Plinio el Joven). Entonces la ceniza y la piedra pómez (pumita) que la formaban empezaron a verse arrastradas por el viento en dirección sureste, cubriendo poco a poco la ciudad de Pompeya y sumiéndola en una oscuridad prematura que duraría dos días. A partir de ese momento poco a poco empezó a caer sobre ella una gran cantidad de ceniza a un ritmo de 15 cm/h que no tardó en amenazar con el derrumbe de las primeras casas, que muy probablemente se vinieron abajo esa primera noche. Esta inicial etapa de la erupción, con un estilo claramente pliniano, duró unas 20 horas y llevó a la acumulación de hasta casi 3 m de ceniza y lapilli en los tejados de casas y templos.

Nube ceniza Pompeya.png
Mapa de distribución de la nube de ceniza que fue arrastrada por el viento a partir de la columna eruptiva. En los días de la erupción el viento dominante sopló hacia el sureste, a pesar de que lo habitual en esta región es que lo haga hacia el este (imagen obtenida de wikipedia.org)

Al comienzo del segundo día varias cosas cambiaron en la erupción que sentenciaron para siempre el destino de Herculano y Pompeya. Por un lado se produjo un cambio en la composición del material emitido por el volcán, que pasó de ser una pumita blanca ligera a otra pumita más gris y también más densa. Esto también pudo tener como consecuencia una serie de cambios en la dinámina de la columna eruptiva, que empezó a colapsar. De este modo la caída de ceniza en la ciudad seguramente se redujo y se ralentizó, lo que dio pie a que muchos supervivientes se aventurasen a salir de sus casas y a huir del infierno terrenal en el que estaban sumidos. Pero fue entonces cuando el colapso de la columna llevó al desarrollo de varios flujos piroclásticos, ardientes nubes de ceniza que a una temperatura de unos 180-380º C y una velocidad de 225 km/h avanzaron sobre las ciudades de Herculano y Pompeya y acabaron con la vida de todo aquel ser vivo que todavía permanecía en ellas. Estos flujos, que pillaron a muchos huyendo de Pompeya, son además los responsables del excelente estado de conservación de los cuerpos que se han encontrado en ambas ciudades.

Pompeya cuerpos
Tanto Herculano como Pompeya fueron destruidas por flujos piroclásticos que sepultaron los cuerpos de sus habitantes, dejando una instantánea tridimensional de cómo era la vida cotidiana en el s. I (fuente: nationalgeographic.com.es)

Conclusiones finales

La destrucción de Pompeya y Herculano tuvo un gran impacto en la sociedad romana, pero poco a poco fue quedando en el olvido, hasta que en el s. XVIII el ingeniero zaragozano Roque Joaquín de Alcubierre las rescató de la amnesia del tiempo. Ya han pasado casi 300 años desde entonces y todavía quedan muchas cosas por descubrir de los últimos instantes de vida de los desafortunados habitantes de Pompeya y Herculano que no pudieron salir a tiempo de su ciudad. Lo que sí sabemos es que la erupción del Somma-Vesubio del año 79 fue una erupción freatomagmática en la que la presencia de un relativamente elevado contenido en agua aumentó la violencia de la erupción. No hubo apenas coladas de lava y seguramente tampoco hubo bombas volcánicas, pero sí que podemos distinguir dos estilos eruptivos distintos que se solaparon en el tiempo: uno primero claramente pliniano, en el que se generó la famosa columna eruptiva que vio Plinio el Joven y en la que el material emitido fue principalmente pumita blanca; y un segundo estilo mucho más violento, con una pumita más oscura y el desarrollo de los flujos piroclásticos que destruyeron las dos ciudades. El resultado de todo ello fue la muerte de unas 33 000 personas, entre ellas Plinio el Viejo, que falleció intentando ayudar a los habitantes de la región, en lo que todavía hoy en día es la tercera erupción más mortífera del Holoceno.

 

Bibliografía

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