Marte, el planeta del que vienen los monstruos

El Sistema Solar es el único lugar del Universo en el que sabemos a ciencia cierta que hay vida, eso es un hecho incontestable. Y dentro de él sólo tenemos confirmación de vida en la Tierra, aunque eso no nos ha impedido buscarla en otros cuerpos de nuestro sistema, o incluso fantasear con cómo podrían ser esas otras formas de vida extraterrestre. Europa, uno de los satélites de Júpiter es desde hace unos años el lugar donde están centrados todos los focos, pero Marte siempre ha ocupado un lugar privilegiado en esta búsqueda de vida más allá de la Tierra. Marte sigue siendo hoy en día el planeta de origen de muchos de nuestros sueños y de algunas de nuestras mayores pesadillas. Y es que estamos hablando del planeta que más veces se ha asociado con la vida extraterrestre en la cultura popular, ya sea en novelas, películas, cómics y hasta en videojuegos. Marte es el planeta donde John Carter tiene sus aventuras en la serie marciana de Burroughs (1912), también es el lugar de procedencia de los invasores de La guerra de los mundos de H.G. Wells (1897), y hasta es el lugar donde se originó la vida terestre según la película Misión a Marte de Brian de Palma (2000). Como os podéis imaginar podría estar eternamente contando la relación de Marte con la ciencia ficción, ya que desde que sabemos que es un planeta siempre lo hemos considerado como un mundo habitado por criaturas, aunque como sabemos hoy en día, no podíamos haber estado más equivocados. Con motivo de la llegada al Planeta Rojo de la sonda InSight hace unas semanas vamos a abordar qué es lo que sabemos del planeta del que vienen los monstruos.

Mars atmosphere
Marte es uno de los planetas que más nos ha llamado la atención desde que sabemos que no es una estrella, seguramente por su extraño color rojizo, visible a simple vista (imagen tomada de newsledge.com)

Cuarto y séptimo a la vez

Marte es uno de los cinco planetas que se puede identificar a simple vista y con facilidad en los cielos nocturnos de la Tierra, las llamadas estrellas errantes en la antigüedad. Los cinco tienen el privilegio de dar nombre a cinco de los siete días de la semana, y todos ellos le deben a su vez el nombre actual a un dios romano. En concreto Marte recibe su nombre del dios de la guerra, y es que la tonalidad rojiza de su superficie se puede apreciar hasta sin aparatos de aumento (telescopios o prismáticos), lo que sin duda en el paso llevó a asociarlo con la sangre y la guerra. Pero Marte no es un lugar violento y sangriento donde habitan criaturas belicosas con ganas de conquistarnos, como se ha reflejado en el arte en innumerables obras. Marte es un planeta inhóspito y deshabitado, un mundo lleno de contrastes que poco o nada se parece al que autores como Edgard R. Burroughs inmortalizaron en la literatura.

Martian alone.png
Marte ha fascinado al ser humano desde siempre, y prueba de ello es la gran cantidad de obras de ciencia ficción que giran en torno a él. La película Marte (Ridley Scott, 2015) es una de las últimas y también una de las que mejor se ha acercado a la realidad del Planeta Rojo

Actualmente los ocho planetas que componen el Sistema Solar, recordemos que Plutón dejó de ser considerado planeta en 2006, se agrupan en dos grandes categorías: planetas rocosos, compuestos fundamentalmente por silicatos y que orbitan en las partes interiores del  Sistema Solar; y los gigantes gaseosos, constituidos en su mayoría por gas y que están orbitando más allá del cinturón de asteroides. A ellos podríamos añadir la recientemente creada categoría de planeta enano, que es a la que pertenece actualmente Plutón y también alguno de los cuerpos del cinturón de asteroides. Según esta clasificación Marte es un planeta rocoso, junto con Mercurio, Venus y la Tierra.  Concretamente Marte es el cuarto planeta del Sistema Solar en distancia al Sol y el séptimo en tamaño de los ocho que lo componen. Pero a pesar de su reducido tamaño (6.794 km de diámetro) Marte es el planeta rocoso con más satélites al tener dos pequeñas lunas (Fobos y Deimos) que son consideradas por muchos investigadores como asteroides capturados por la gravedad marciana.

Mars and moons.jpg
Marte posee dos satélites nombrados según dos gemelos que acompañaban siempre al dios de la guerra Ares en la mitología griega: Fobos, el más grande y también el de órbita más interna, y Deimos, más pequeño y más lejano. La imagen compara los tamaños de los tres cuerpos, (fuente: NASA / JPL-Caltech / Malin Space Science Systems / Texas A&M Univ.)

Un planeta marcado por su propio pasado

Hace 3.800 millones de años (Ma), la Tierra sufrió uno de los mayores cambios globales que ha vivido en su larga historia geológica al cambiar radicalmente la composición química de su atmósfera. Hasta ese momento la atmósfera terrestre era reductora y el principal gas que la componía no era el nitrógeno sino el tan temido CO2. Pero con la aparición de los organismos fotosintetizadores la química de la atmósfera fue cambiando poco a poco, y así es como pasamos de la atmósfera primitiva reductora a la actual oxidante. Este gran cambio global sólo fue posible por el desarrollo de la vida en la Tierra, un suceso de gran importancia porque ha cambiado al planeta para siempre. Por lo que sabemos por el momento la vida es algo que no se ha desarrollado en ningún otro planeta rocoso, y es por ese motivo que tanto en Marte como en Venus (recordemos que en Mercurio no hay atmósfera) encontramos todavía hoy en día atmósferas reductoras muy similares a la primitiva de la Tierra, atmósferas en las que el gas principal no es otro que el tan importante dióxido de carbono.

Sunset in Mars
Secuencia de varias fotografías tomadas por el rover Curiosity en las que se muestra una puesta de Sol en  Marte (fuente: NASA / JPL-Caltech / MSSS / Texas A&M Univ.)

La atmósfera marciana es por tanto una atmósfera reductora químicamente muy similar a la de Venus, compuesta principalmente por CO2 (95%), nitrógeno (3%) y argón (1,6%), junto con trazas de oxígeno, agua y metano. Este último gas, también presente en la atmósfera terrestre como traza, es de gran importancia porque tradicionalmente su origen se ha asociado con la existencia de organismos (cosa que no es necesariamente cierta), por lo que su presencia en Marte siempre ha sido polémica. No obstante las similitudes con la atmósfera de Venus se acaban aquí, ya que en Marte la atmósfera es tremendamente ligera, con una presión media de 0’64 kPa, frente a los 101’3 kPa de la atmósfera terrestre o los 9.322 kPa de la atmósfera de Venus. Esta baja presión y no su temperatua media superficial (-46º C) es la que hace que no sea posible que tengamos agua en estado líquido en la superficie de Marte, aunque gracias a las numerosas e inconfundibles marcas de erosión y sedimentación por agua sabemos que en el pasado sí la hubo. De hecho hay estimaciones que hablan de que el 19% del planeta pudo haber estado cubierto en el pasado por mares y lagos. Pero hoy en día apenas hay rastro de esta sustancia tan importante para la vida, que hemos encontrado brevemente en el propio suelo marciano, pero el misterio de a dónde fue el agua de Marte sigue estando vigente.

mars
Hace 4.300 Ma, el recientemente formado Marte debía tener agua en estado líquido formando mares y lagos que podrían haber cubierto el 19% de su superficie (fuente: NASA)

Gracias a las diferentes sondas enviadas, sobre todo a los rovers que han podido recorrer parte de la superficie de Marte, hoy en día sabemos que son abundantes las rocas sedimentarias, algunas de las cuales sin duda atesoran en su interior la respuesta a muchos de los secretos del Planeta Rojo. Y es que muchas de ellas muestran interesantes estratificaciones que podrían aportar información valiosa acerca de los medios sedimentarios en los que se formaron, algunos de ellos lagos de aguas estratificadas como el que estudió el rover Curiosity. No obstante también hemos encontrado rocas volcánicas en Marte, casi siempre basaltos toleíticos (con un alto contenido en hierro), junto con otros tipos de rocas volcánicas (andesitas). Estas rocas al alterarse dan el suelo marciano, hipersalino, muy alcalino y cubierto mayoritariamente por un regolito rojizo compuesto de óxidos de hierro, un polvo muy fino que tiende a ser movido y desplazado por el aire, causando el desarrollo de dunas de arena activas pero también el característico color anaranjado de los cielos marcianos.

Kimberley Formation
La superficie de Marte está cubierta por un regolito de color rojizo constituido principalmente por óxidos de hierro. En esta imagen, tomada por el rover Curiosity, se pueden ver las rocas sedimentarias estratificadas de la formación Kimberley (fuente: NASA / JPL-Caltech / MSSS)

La superficie marciana está cubierta de numerosos cráteres, aunque en su caso no todos son de impacto (como sí ocurre con la Luna). Y es que sabemos que Marte ha tenido una gran actividad volcánica en el pasado que podría no ser tan antigua como se creía. De hecho el vulcanismo marciano es muy importante, tanto que la mayor montaña del planeta, que es además la más grande de todo el Sistema Solar, es en realidad un enorme volcán en escudo. El Monte Olimpo tiene una altura de 21.287 m, aproximadamente el doble de la mayor montaña de la Tierra, que no es el Everest (este es el de mayor altitud) sino otro volcán en escudo: el Mauna Kea. Pero Monte Olimpo no es el único volcán del planeta marciano, sino que sólo es uno más de los muchos que pueblan su superficie, algunos de ellos en la misma región que él: la región de Tharsis, una especie de meseta localizada en la parte ecuatorial y que se eleva de la región circundante unos 10 km. Casi nada. Pero aunque estemos hablando de grandes altitudes, Marte también tiene profundos cañones que una vez más dejan en evidencia a los que conocemos en la Tierra. El más espectacular de todos estos cañones es sin duda el sistema de Valle Marineris, de nuevo en la zona ecuatorial del planeta, una serie de valles profundos que se distribuyen a lo largo de 4.500 km de longitud, aproximadamente un cuarto de la superficie del planeta, lo que sumado a sus 200 km de anchura y los 11 km de profundidad máxima (entre siete y diez veces el Cañón de Colorado) lo convierten con diferencia en el mayor cañón de todo el Sistema Solar. Como vemos, Marte es un planeta de extremos.

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La superficie de Marte está salpicada de cráteres de impacto, aunque uno de los accidentes geográficos más espectaculares del planeta es sin duda el Valle Marineris (centro de la imagen), tan grande que prácticamente cuando se pone el Sol en un extremo está a punto de amanecer en el otro. A la izquierda se pueden ver tres de los cuatro volcanes de la región de Tharsis, faltando el mayor de ellos Monte Olimpo (imagen compuesta a partir de un mosaico de 102 fotografías tomadas por el orbitador Viking Orbiter, NASA / JPL-Caltech)

Los misteriosos secretos de Marte

El Planeta Rojo siempre nos ha fascinado por sus peculiaridades, pero sobre todo por lo poco que sabemos de él. Durante años se encadenaron varias misiones fallidas que llevaron a la creencia popular de que Marte estaba maldito y no quería ser estudiado. Obviamente no podía ser más falsa esa afirmación, y hoy en día esa etapa de fracasos ha quedado muy atrás y no es más que algo anecdótico dentro de la exploración espacial. Actualmente tenemos unas diez misiones funcionando con éxito en Marte, algunas sobre la superficie del planeta y otras orbitando a su alrededor. Gracias a todas ellas, y a las que las precedieron en décadas anteriores, nuestro conocimiento de este planeta ha mejorado mucho en lo últimos años, aunque todavía nos queda mucho por conocer de él.

Monte Sharp.jpg
Gracias a imágenes como esta, del Monte Sharp en color falseado y tomada por el rover Curiosity en 2015, nuetra idea de Marte ha cambiado radicalmente en los últimos años (fuente: NASA / JPL-Caltech / MSSS)

Uno de los grandes enigmas a los que nos enfrentamos a la hora de hablar de Marte es sobre su pérdida de atmósfera. Y es que la atmósfera marciana se está perdiendo en la actualidad a un ritmo alarmante debido a que Marte no tiene un campo magnético que lo proteja del viento solar. Pero como ya hemos dicho, en  el pasado el Planeta Rojo fue un planeta azul, con mares y lagos que cubrían buena parte de su superficie, algo que sólo era posible con una atmósfera más densa y con unas temperaturas más agradables que los actuales -46º C. Eso nos ha llevado a pensar que seguramente en el pasado el campo magnético era mucho más intenso y más fuerte, capaz de proteger su atmósfera y con ello permitiendo la presencia de ese agua líquida que no tenemos muy claro a dónde ha ido (subsuelo, casquetes polares, se evaporó…). Todo esto nos lleva a un nuevo enigma marciano que esperamos poder desvelar pronto: ¿cómo y por qué perdió Marte su campo magnético?

Mars loss atmosphere.jpg
La sonda Maven de NASA ha podido estimar la pérdida alarmante de atmósfera que está sufriendo el planeta y que actualmente se relaciona con la pérdida de su campo magnético (imagen tomada de jpl.nasa.gov)

Otro aspecto de gran interés sobre Marte es si el Planeta Rojo es un planeta vivo o muerto desde el punto de vista geológico. Algunas estimaciones sugieren que determinadas coladas de lava del Monte Olimpo podrían tener unos pocos millones de años, dato que sugeriría una actividad volcánica relativamente reciente. En el mismo sentido tenemos un interés especial en saber si hay actividad sísmica, si el interior de Marte aún está vivo o no. Y precisamente para dar respuesta a algunas de esas preguntas se ha enviado la sonda InSight, que llegó con gran éxito al planeta el pasado día 26 de noviembre. Qué información nueva nos aportará es algo que está por ver, pero en apenas dos semanas ya nos ha dado la primera alegría al permitirnos oír por primera vez cómo suena el viento en un cuerpo diferente a nuestra Tierra.

InSight mission
Ilustración artística de la sonda InSight, que se posó en la superficie de marte el pasado 26 de noviembre para estudiar aspectos de la geología de Marte (fuente: NASA / JPL-Caltech)
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