Desmontando mitos: el origen de algunas criaturas mitológicas

A lo largo de la historia de la humanidad son muchas las cuestiones del universo que nos han fascinado y que en mayor o menor medida han conseguido despertar nuestra curiosidad. Y es que el ser humano siempre ha intentado dar respuesta a todo lo que ocurre a su alrededor, ya fuera usando la razón o utilizando su imaginación para explicar lo que parecía inexplicable. Es precisamente ese afán de buscar una respuesta a todo lo que ha permitido a la ciencia avanzar  durante siglos, pero también lo que ha llevado a la creación de infinidad de mitos y criaturas imaginarias. Hoy en día la ciencia ha avanzado mucho en todos los campos, y eso nos permite poder ver la realidad que hay detrás de algunos de los grandes mitos de la humanidad, creados en su momento para dar respuesta a sucesos en principio inexplicables. Ejemplos de esto lo encontramos en el famoso Diluvio Universal, presente en muchas culturas, el eterno mito de la Atlántida que inmortalizó Platón o la existencia de un buen número de criaturas mitológicas y fantásticas.

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Muchas criaturas mitológicas tienen una base real basada en descripciones malinterpretadas o en criaturas que existen en realidad o han existido en el pasado (fotograma de la película Sucker Punch, de Zak Snyder)

Con esta entrada estrenamos una nueva categoría en Hombre Geológico en la que analizaremos diferentes mitos para tratar de sacar la verdad histórica o real que pueda haber detrás de ellos. Pero no olvidemos que en este campo no hay verdades absolutas sino opiniones más o menos fundamentadas, por lo que al final tendréis que ser vosotros, los lectores, quienes decidáis si lo que se presenta en estas entradas merece vuestra credibilidad o no. Porque en Hombre Geológico no vamos a dar como ciertos los mitos analizados (eso se lo dejamos a las pseudociencias), sino que simplemente trataremos de descubrir de una manera objetiva cuál es el germen de cada uno de ellos, qué pudo ser lo que llevó a las civilizaciones del pasado a crearlos en su momento. Y en esta primera entrada de lo que hablaremos es del origen de algunas de las criaturas mitológicas más famosas de la antigüedad, siempre desde una visión objetiva y completamente alejada de las pseudociencias que, como la criptozoología, dan por hecho la existencia de algunos de estos seres irreales.

criptozoologia
Una de las imágenes más icónicas de Nessie, o el Monstruo del Lago Ness, es de mala calidad y en realidad bien podría corresponder con la de un bañista nadando. Nessie en realidad es una de las muchas criaturas imaginarias de las que no tenemos ninguna prueba de su existencia, más allá de las ganas de algunos de que así sea (foto: Getty)

El unicornio, ¿de verdad un caballo con un sólo cuerno?

Nuestra primera criatura es una de las más famosas y también una de las más universales. Aunque con el tiempo han surgido muchas variantes, en sus orígenes el unicornio fue descrito como una especie de caballo blanco que habitaba en la región de India y que se caracterizaba por la existencia de un solo cuerno en su cara, al que además se le daban propiedades medicinales. En la Edad Media este animal vio aumentada su fama debido a que a su cuerno seguía teniendo esa capacidad mística de curar diferentes enfermedades, incluso llegó a usarse como remedio al envenenamiento. Por ese motivo muchos se aventuraron a ir a la India para darles caza y poder así vender a su regreso el famoso “cuerno retorcido y largo” que caracterizaba al unicornio, un elemento destacado que como veremos muy probablemente no correspondía al mismo animal que el de la descripción inicial.

Unicornio (mitología)
El unicornio siempre se ha representado como un bello caballo blanco de largas crines y con un fino cuerno en su frente, alargado y retorcido (fuente: biblicomentarios.com)

El mito del unicornio es complicado de analizar porque es muy posible que en realidad tenga un doble origen. El concepto del animal como tal nació en torno al s. V a.C., cuando el médico heleno Ctesias viajó a India. Allí se encontró con un animal de cuerpo blanco que tenía un sólo cuerno en la cara al que describió, siguiendo con la costumbre griega, como un “caballo”, a pesar de que su fisionomía no es tan parecida. Estoy hablando del rinoceronte indio (Rhinoceros unicornis), de cuyo “cuerno” siempre se ha pensado que tiene propiedades curativas, como también ocurre con las demás especies de rinoceronte.  Actualmente se da bastante por sentado que este es el origen del mito del unicornio, pero esta parte no explica la existencia de ese cuerno largo y retorcido con el que tanto se le ha representado en la Edad Media, y es que esta parte bien podría corresponder a otro animal que vive en un hábitat completamente diferente. Porque, dado esas propiedades casi místicas que se le daban al cuerno de unicornio, es evidente que cada ejemplar se pagaba muy bien. Por ello no es tan raro que los comerciantes nórdicos, muy habilidosos y que no desaprovechaban nunca una oportunidad de buen negocio (cuando no saqueaban como vikingos), supieron sacar tajada de este misticismo que rodeaba al cuerno de unicornio, haciendo pasar como tal el cuerno de narval, un mamífero marino que habita en las aguas de la región ártica.

Rinoceronte indio
Cuando el médico griego Ctesias viajó a India describió al unicornio tal y como lo conocemos. Pero algunos estudiosos en la actualidad creen que lo que vio fue en realidad el rinoceronte indio (fuente: rinoceronteswiki.com)

El unicornio real casi con total seguridad fue un rinoceronte, ya que no podemos olvidarnos que los griegos también definieron como un “caballo de río” al hipopótamo, que es exactamente lo que significa su nombre (hipos es caballo en griego).  Pero no puedo terminar con este ser mitológico si no menciono otra posibilidad de su origen que resulta muy interesante por tener su base en la geología. Y es que al parecer en las estepas de Rusia y Asia central habitó durante el Pleistoceno una criatura robusta que tenía un largo cuerno en su cara, mucho más grande que el de cualquiera de los rinocerontes actuales. Esta criatura, que se extinguió como casi toda la megafauna del Pleistoceno hace unos 10.000 años, cuando ya existía el ser humano, era el Elasmoterio, un rinoceronte de gran tamaño que algunos sugieren pudo ser la base no sólo del unicornio sino también de otras criaturas del folclore regional.

Elasmoterio
El elasmoterio fue una especie de rinoceronte con un gran cuerno curvado en su cara que habitó el centro de Asia durante el Pleistoceno y tal vez parte del Holoceno. Algunos investigadores creen que este animal pudo ser el origen de muchas de las criaturas del floclore regional, también tal vez del unicornio (http: unicornio.com)

Los cíclopes, los gigantes de un sólo ojo del Mediterráneo

La segunda criatura que vamos a analizar en esta entrada tiene un pasado literario destacado, ya que los cíclopes aparecen en las obras de algunos de los grandes autores clásicos (Hesíodo, Homero, Eurípides…). A los cíclopes siempre se les ha descrito como gigantes que tenían un solo ojo en el centro de la cara y que llevaban a cabo profesiones artesanales como la herrería o la construcción. De hecho es precisamente en esta última donde encontramos la mayoría del peso que tuvieron en la mitología griega. Y es que este pueblo no tenía reparos en utilizar elementos de su propia mitología cuando la razón no era suficiente para explicar lo que no comprendían. Es así como los cíclopes se convirtieron en los constructores de las grandes murallas de las ciudades de Micenas y Tirinto, ambas pertenecientes a una cultura anterior a la griega: la cultura micénica. En ellas las descomunales dimensiones y la disposición de los grandes bloques utilizados, sin argamasa de ningún tipo, eran enigmas para los que los griegos no encontraban una explicación satisfactoria que no implicase el trabajo de estos gigantes de un sólo ojo. Hoy en día todavía hay muchos misterios en torno a estas descomunales obras, que llamamos muy apropiadamente construcciones ciclópeas, pero al menos ya hemos dejado de lado el necesitar de la existencia de estos gigantes para su explicación.

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Los cíclopes siempre han gozado de una gran representación en la cultura y son muy habituales tanto en pintura, como en literatura e incluso en el cine. En esta imagen por ejemplo se puede ver una de las últimas apariciones cinematográficas de un cíclope, perteneciente a la película Furia de Titanes (Louis Leterrier, 2010), libremente inspirada en la propia mitología griega

Los cíclopes son mitología, de eso no hay duda, pero como todas las criaturas mitológicas de esta entrada tienen un origen bastante más mundano que se aleja por completo de lo místico y lo divino. Y de nuevo es la geología, concretamente la paleontología (estudio de fósiles), la que nos da las claves para comprender el nacimiento del mito de estos gigantes de un sólo ojo. Porque en Sicilia, una isla del Mediterráneo de amplia tradición helénica, habitó durante el Pleistoceno un animal cuyo cráneo se asemeja mucho a la idea que a veces tenemos de cómo pudo ser el cráneo de un cíclope. Este animal era el elefante enano de Sicilia (Palaeoloxodon falconeri), una diminuta especie de elefante de no más de 90 cm de altura que debió sufrir un proceso de enanismo insular. Este proceso es una cuestión evolutiva muy habitual en animales de gran tamaño, ya que cuando quedan recluidos en una isla, donde los recursos son por lo general menores que en el continente, tienden a sufrir una progresiva reducción del tamaño para así poder sobrevivir mejor (el caso opuesto, típico de animales que en el continente son pequeños, es el gigantismo insular). Para el caso de nuestro diminuto elefante siciliano, los cráneos que se encontraron los griegos en la isla pudieron ser la base que llevó a la creencia en la existencia de los cíclopes, ya que en ellos la cavidad nasal del elefante enano podría haber sido confundida con mucha facilidad con la cuenca ocular de estos gigantes de un sólo ojo.

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Los cráneos de elefante enano de Sicilia son, casi con total seguridad, lo que llevó a la creencia de la existencia de gigantes de un sólo ojo debido a que su cavidad nasal es fácilmente confundible con una única cuenca ocular central. Imagen izquierda: esqueleto de un elefante de Sicilia expuesto en el Museo de Historia Natural del Estado de Nebraska (fuente flickr.com). Imagen derecha: cráneo de un elefante (fuente: siciliafan.it)

Dragones, criaturas de hace más de 65 millones de años

¿Qué sería de una entrada dedicada a criaturas mitológicas sin hablar de los dragones? Los dragones son con diferencia una de las figuras mitológicas más extendidas, con presencia en Europa, Asia, Oriente Próximo e incluso en América. Muchos grandes mitos de la historia tienen a un dragón como protagonista, como son la historia de San Jorge, que mató a uno de ellos para liberar a una princesa, o el héroe nórdico Sigfrido, que acabó con el dragón Fafner para así poder acceder al tesoro de los nibelungos que custodiaba la criatura. Son por tanto muchos los mitos relacionados con dragones, pero en todos ellos, y a pesar de las grandes distancias que separan las distintas culturas y el escaso o nulo contacto que hubo entre ellas, en todas al dragón se le representa como una criatura de grandes proporciones y aspecto reptiliano que podía o no tener alas. En ocasiones los dragones aparecen representados con cuerpo de serpiente, algo habitual en Asia pero también en América, donde encontramos al dios Quetzalcóatl (representado como una serpiente con plumas, que es lo que significa su nombre), e incluso en la Antigua Grecia, donde los dragones y las serpientes monstruosas en muchos casos eran lo mismo (dragón significa literalmente serpiente en griego). Pero de todas las representaciones posibles de los dragones hay un elemento destacado que se mantiene en todas o casi todas, y es la existencia de una cabeza monstruosa, un cráneo grande y robusto que nos recuerda a unas criaturas de nuestro pasado geológico.

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Tabla pintada por Paolo Uccello sobre la historia de San Jorge y el dragón, uno de los mitos más importantes del cristianismo en el que aparece una de estas criaturas mitológicas (fuente: educacion.ufm.edu)

Los dinosaurios, en especial los grandes terópodos (principales carnívoros), habitaron por prácticamente todo el planeta. Actualmente hemos encontrado restos de estos depredadores en todos los continentes, con el Gigantosaurus en Sudamérica, el Tyrannosaurus en Norteamérica, el Torvosaurus en Europa, el Carcharodontosaurus en África o el Shaochilong en Asia, entre otros muchos. Casi todos ellos habitaron durante el Cretácico y sus restos, en especial sus cráneos, pudieron servir como base para el nacimiento de los dragones como seres mitológicos, aunque se sospecha que en realidad es posible que cualquier fósil que se encontrara en el pasado ayudase a crear la imagen que todos conocemos de lo que es un dragón. De esta manera los elementos ornamentales que se le ponen a algunos dragones, tales como cuernos o incluso alas, pudieron venir de otras criaturas de nuestro pasado geológico cuyos restos fueron confundidos con los propios de los famosos reptiles de sangre caliente que dominaron el planeta durante el Mesozoico.

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Recreación por ordenador a tamaño real de los esqueletos de Tyrannosaurus (derecha) y Gigantosaurus (izquierda) con respecto al de un ser humano normal. Los dos dinosaurios terópodos tienen cráneos monstruosos que en el pasado bien pudieron ser confudidos con los de dragones y ser así parte fundamental en la creación de estos seres mitológicos (crédito: Vitamin Imagination)

Los dragones han tenido un gran peso en muchas sociedades de la historia y siempre han estado asociados con el poder. Es por ello que muchos gobernantes de la Europa medieval los empleaban como emblema de su casa, aunque ya los romanos los relacionaban con el poder y la sabiduría. Y aunque sean seres mitológicos, como pasó en su momento con los unicornios, a lo largo de la historia muchos han creído en su existencia real, lo que ha llevado a que durante mucho tiempo se vendieran en el mercado ciertas partes de dragones que en realidad debían ser restos de cocodrilos o incluso fósiles, fósiles que a buen seguro acabaron destruidos por esa mezcla de ignorancia y misticismo que da lugar a las peligrosas pseudociencias, tan reñidas con la auténtica ciencia.

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En la Edad Media se vendía en el mercado escamas de dragón que casi con total seguridad correspondía en realidad a escamas del cocodrilo del Nilo, uno de los crocodilios (Orden Crocodilia) más grandes del planeta (fuente: wikifaunia.com)

Las sirenas, las ninfas del mar

La última criatura que veremos en esta entrada son las sirenas, que aunque siempre las asociamos con el Mar Caribe no son exclusivas de él. Las sirenas son criaturas mitológicas de amplia presencia en culturas de muy diversos lugares del mundo, como en la Cultura Clásica, en Medio Oriente o incluso en la Cultura Celta, que habitan a veces en el mar pero otras en ríos y lagos. En todos los casos se les representa como criaturas de aspecto más o menos femenino, no necesariamente atractivo ni siempre mitad pez, aunque es lo común. Las sirenas son en ocasiones seres bondadosos que alertan con sus cantos a los marineros (la Sirenuca cántabra) o conceden deseos si quien las captura las libera de nuevo (la Ceasg escocesa) pero por lo general se trata de criaturas malévolas que atraen a los incautos a una muerte segura, ya sea fingiendo ser mujeres que se ahogan (Islas Británicas) o hechizando a los marineros con sus preciosos cantos (Grecia Antigua).

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Uno de los pasajes más famosos de la Odisea de Homero es cuando Ulises se enfrenta, atado a su mástil y con sus hombres con tapones de cera en los oídos, a las sirenas. Este pasaje ha sido ampliamente representado en el arte, como es el caso de esta obra de Herbert James Draper que se puede ver en la Ferens Art Gallery de Kingston upon Hull (Reino Unido)

Con una representación tan amplia y variada es muy difícil determinar un origen claro del mito de las sirenas, aunque sí podemos aclarar qué veían en realidad los marineros en el mar. Porque no son pocos los testimonios que tenemos de personalidades respetables del mar que afirmaban haber visto sirenas, incluso un personaje histórico como es Cristóbal Colón afirmó en el diario de su primer viaje que vio tres sirenas, pero que no eran tan hermosas como siempre se ha dicho. El motivo de esto es posiblemente porque lo que vio en realidad distaba mucho de ser una criatura mitológica, sino que más bien se trataba de un animal real que todavía hoy en día existe. Los manatíes y los dugongos, también llamados vacas marinas, son mamíferos acuáticos completamente adaptados a la vida en el agua que viven en las zonas tropicales del Atlántico, el Índico, en el Mar Rojo y hasta en algunos ríos de la Amazonia. Se cree que son estos animales los que han sido confundidos con sirenas por los marineros durante siglos, y tal es la seguridad en esta afirmación que actualmente todos ellos definen el Orden Sirenia.

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Los manatíes son mamíferos acuáticos muy dóciles que habitan en el Atlántico tropical y en algunos ríos de Sudamérica. Por su morfología y sus hábitos se cree que eran estas criaturas lo que veían los marineros cuando creían haber visto sirenas (fuente: nationalgeographic.com.es)

Parece claro que estos animales son el origen real de las sirenas, pero de nuevo podemos encontrar alguna de las claves de este mito en el registro fósil. Porque uno de los sirenios más grandes que ha existido jamás, el único que se conoce que habitó en aguas frías, es la vaca marina de Steller (Hydrodamalis gigas). Este animal, que podía llegar a pesar hasta las 10 toneladas y alcanzar los 8 metros de longitud, muy superior a los 500 kg y 6 metros de los manatíes, estaba emparentada estrechamente con el dugongo, curiosamente el sirenio más pequeño de todos. La vaca marina de Steller tuvo una amplia distribución geográfica durante el Pleistoceno, ya que hemos encontrado restos fósiles de esta especie en buena parte de las costas del Pacífico, desde California hasta Japón, pero a medida que las temperaturas globales subieron con la última deglaciación (ver Las glaciaciones del Cuaternario) su presencia se fue reduciendo poco a poco hacia el norte. Es así que cuando esta especie de sirenio fue descubierta por el alemán George Wilhelm Steller en 1741, mientras ejercía como médico de la Segunda Expedición a Kamchatka de Vitus Bering, ya sólo habitaba en las frías aguas del Mar de Bering. La vaca marina de Steller tuvo un triste final al extinguirse en 1768, menos de 30 años después de su descubrimiento, por la intensa caza de la que fue presa debido a su comportamiento apacible y dócil.

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La vaca marina de Steller, a pesar de su gran tamaño, era un mamífero de gran docilidad que no opuso resistencia a la caza indiscrimimnada de la que fue presa y que la acabó llevando a la extinción en menos de 30 años desde su descubrimiento (crédito: Carl Buell)
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