Cañones y meandros, el modelado fluvial

Los agentes geomorfológicos son los elementos del medio capaces de modelar el paisaje con su actividad, fuertemente influenciada por la presencia de desequilibrios. El agua es uno de estos agentes y cuando se encuentra encauzado en ríos y arroyos define el modelado fluvial, que depende sobre todo del desequilibrio que hay en el cauce de un río con respecto a su perfil ideal. Dentro del recorrido que realiza cualquier río podemos distinguir tres tramos que son el curso alto, dominado por acciones erosivas; el curso medio, donde tenemos especialmente procesos de transporte junto con erosión y sedimentación; y por último el curso bajo, con una sedimentación dominante. En esta entrada vamos a ver qué elementos del relieve y estructuras geomorfológicas tenemos en cada uno de ellos.

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Esquema de las partes de un río tipo que nace en un circo glaciar y desemboca en el mar en forma de delta, indicando además los principales elementos que podemos encontrar en su recorrido (modificado de educanimando.com).

La cabecera, la juventud del río

El tramo inicial de cualquier curso fluvial se caracteriza por un claro dominio de los procesos erosivos. Es la parte en la que el agua tiene mayor energía porque es la más alejada del perfil ideal (horizontal) del cauce, por lo que le resulta más fácil arrancar partículas y trozos de roca. Pero aunque hablemos del agua como curso de un río, debemos tener en cuenta que no solo el agua encauzada es capaz de erosionar el medio. La lluvia tiene un poder erosivo limitado pero no inexistente, ya que las gotas al caer también producen mediante salpicadura, en especial en sedimentos blandos y determinadas rocas en los que deja pequeños cráteres. Por otro lado tenemos que el agua que fluye por la superficie no siempre lo hace encauzada, lo que conocemos como aguas de arrollada, que también tienne una capacidad de erosión a tener en cuenta. Y por último tenemos los cursos de agua propiamente dichos (ríos, torrentes, arroyos…), cuyo poder erosivo se produce mediante tres acciones diferentes: acción hidráulica, debida a la propia fuerza de la corriente; corrosión, ya que determinadas rocas o algunos de sus componentes se disuelven y facilitan con ello su erosión; y abrasión, fruto del choque de las partículas previamente arrancadas que el agua transporta y que aumentan su poder erosivo.

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En materiales poco consolidados y pendientes elevadas, el agua de lluvia puede circular en superficie generando surcos y cárcavas que con el tiempo pueden acabar constituyendo barrancos de varios metros de anchura. En entornos con poca vegetación, como Bardenas Reales (Navarra), este tipo de elementos erosivos son muy comunes (autor: Daniel Hernández-Barreña).

Los cañones son profundas incisiones de paredes más o menos verticales que se producen por la acción erosiva de un curso de agua, no necesariamente un río. Estos accidentes geográficos son muy espectaculares desde el punto de vista paisajístico y los podemos encontrar en prácticamente cualquier tipo de roca. Y aunque el río sea el agente principal en su formación, en la mayoría de casos tenemos planos de debilidad previos que han facilitado su incisión, como pueden ser los planos de estratificación o esquistosidad o la presencia de fallas y otras fracturas de origen geológico. Los cañones fluviales son especialmente habituales en los cursos altos porque es en ellos donde el agua tiene mayor energía, pero también los podemos encontrar en tramos de curso medio (como Arribes del Duero o el famoso Gran Cañón del Colorado) e incluso en la etapa final de un río. Dentro del término genérico de cañones también consideramos otras formas de menor entidad como son las gargantas, los congostos, las hoces y los desfiladeros, que comparten un origen común con los grandes cañones, de los que solo difieren por sus dimensiones.

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El Gran Cañón del  Colorado (Estados Unidos), con sus 800 m de profundidad, es uno de los cañones fluviales más espectaculares y profundos del mundo (fuente: adventuresbydisney.com).

Otro elemento importante del curso alto de un río, aunque de nuevo lo podemos encontrar en cualquier tramo de su cauce, son las cascadas o cataratas. En este caso estamos hablando de saltos de agua producidos por el contacto de dos materiales de distinta resistencia a la erosión, un material más deleznable que será arrastrado con facilidad y otro que permanecerá más tiempo. Las cascadas son elementos muy importantes a la hora de hablar de una erosión remontante, ya que en muchos casos al pie de las mismas se producen remolinos que horadan lentamente la base, produciendo con el tiempo inestabilidades que pueden conllevar la caída de los bloques superiores y la destrucción del salto de agua.

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El Pozo de los Humos es un importante salto de agua que encontramos en la región de Arribes del Duero, entre los municipios de Pereña de la Ribera y Masueco de la Ribera (imagen tomada de hotelhelmantico.com).

Otro elemento de erosión habitual en el curso alto de un río son los pilancones o marmitas de gigante, depresiones redondeadas que encontramos en algunos cauces fluviales. El origen de este elemento que tanto suele atraer nuestra atención, en especial porque su presencia implica la existencia de «piscinas» en las que bañarnos durante el periodo estival, lo encontramos en los torbellinos y rápidos de algunos ríos. Gracias a estas corrientes turbulentas la roca se va erosionando poco a poco, aunque muchas veces esa erosión se ha visto además facilitada por la presencia de fragmentos rocosos que quedan atrapados en la corriente y que, con su poder abrasivo, aceleran el trabajo de horadar eel sustrato rocoso. Las marmitas de gigante son habituales en especial en las zonas montañosas, aunque cualquier rejuvencimiento del perfil del río puede propiciar su desarrollo.

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Los pilancones de la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos, en la provincia de Cáceres, son uno de los mayores atractivos del enclave por su espectacularidad y dimensiones (fuente: turismoextremadura.com).

Pero no todo en la cabecera de un río es erosión, ya que en determinadas circunstancias se van a producir procesos sedimentarios de gran interés. Los abanicos aluviales, glacis y conos de deyección son tres elementos paisajísticos diferentes que comparten un mismo origen, la llegada de una corriente de agua a una zona amplia. En realidad no se trata de depósitos fluviales en sentido estricto sino aluviales, aunque por su importancia creo que debían estar aquí. Y es que estos abanicos, a pesar de que no suelen llevar agua, en épocas de lluvias su canal principal puede desbordarse y su agua puede esparcirse por todo el abanico, arrastrando cualquier elemento que se encuentre a su paso y causando verdaderas catástrofes. Eso fue lo que ocurrió en el accidente de Biescas de 1996, en el que murieron 87 personas y más de un centenar resultaron heridas.

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Imagen aérea de un importante abanico aluvial de dimensiones considerables en el Pirineo francés (fuente: wikipedia.org).

El curso medio, la etapa madura del río

Cuando los ríos dejan atrás el tramo de su nacimiento, marcado por los procesos erosivos, llegamos a lo que representa la mayor parte de su recorrido. En el curso medio la erosión sigue existiendo, igual que también tenemos sedimentación, pero lo que denomina es precisamente el transporte de sedimentos, ya sea en suspensión o en tracción (rodadura, saltación y arrastre). El transporte fluvial es de gran importancia porque es muy selectivo, ya que en función del tamaño de grano de las partículas transportadas estas van a hacerlo de una forma u otra y van a llegar más lejos o no. En el tramo medio del río, al igual que hemos visto que ocurre en su cabecera, también tenemos unos elementos geomorfológicos y del paisaje muy destacados.

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Esquema de los diferentes tipos de transporte que lleva a cabo la corriente de un río. La disolución y la flotación no se consideran para el transporte de materiales detríticos, aunque también son importantes para determinadas sustancias (modificado a partir de sedimentogiagrupo04.blogspot.es).

Los ríos están formados por lo general por un cauce, que es por donde discurre el agua siempre, y por una superficie llana que denominamos llanura de inundación. Esta superficie, como su propio nombre indica, corresponde a la parte de río que se ve anegada cuando hay crecidas importantes que rebasan los bordes del propio cauce. La llanura de inundación, aunque no seamos conscientes de ello porque por lo general no lleva agua, también es parte del río, de ahí que en España esté prohibido construir en ella, aunque esto no siempre se cumple. De hecho la mayoría de desastres por crecidas son la consecuencia no de grandes crecidas, sino de alteraciones en el cauce y, sobre todo, de haber construido donde no teníamos que haber construido. En la llanura de inundación predominan los procesos sedimentarios, en especial de partículas finas y materia vegetal en descomposición que avanza flotando, lo que hace que sumado a otras características del medio sean también tierras muy fértiles y por tanto muy empleadas para el cultivo.

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Huertas en la llanura de inundación del río Tormes a su paso por el municipio de Juzbado. El cauce del río se identifica por la mayor frondosidad de la ribera (autor: Daniel Hernández-Barreña).

En los bordes de la llanura de inundación es común encontrar una especie de terraplén que actúa como límite del dominio del propior río. Esos terraplenes son la última terraza fluvial, nombre con el que nos referimos a superficies topográficas que representan los antiguos lechos de un río. Las terrazas fluviales son muy útiles a la hora de estudiar la historia de un río porque nos informa de cómo fue en el pasado, muy importante porque en ocasiones estas terrazas nos hablan de cambios climáticos, eustáticos (nivel del mar) o tectónicos. Hay varias teorías que pretenden explicar el origen y evolución de las terrazas fluviales, del mismo modo que existen varias clasificaciones según diferentes criterios, pero basta decir que la base de la última terraza, la más próxima al cauce, marca el inicio de la llanura de inundación y por tanto el área actual de dominio del río.

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Las terrazas fluviales son el resultado del progresivo encajonamiento de un río y se numeran de más antiguas a más modernas y no por su proximidad al curso fluvial actual (animación obtenida de iesdrfdezsantana.educarex.es).

El último elemento destacado del curso medio de un río son las barras fluviales, que es como denominamos a los depósitos que encontramos en los ríos. Dentro del término de barra fluvial existen varios tipos en función de la posición que ocupan dentro del cauce. Las barras laterales (point-bars) son depósitos que se producen en un lado del río y que son muy frecuentes en ríos sinuosos en los que la energía del agua disminuye en determinados puntos. En el lado contrario tenemos las barras centrales (braid-bars), que se forman en el interior del cauce y que muchas veces pueden emerfer y constituir islas que, si no tienen vegetación que las fije, avanzarán lentamente aguas abajo. Ambos tipos de barras hoy en día se enfrentan a graves problemas debido a que la presencia de presas en muchos ríos ha hecho que la carga de sedimentos que transportan los ríos sea insuficiente para alimentarlas y permitir su pervivencia.

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La isla Margarita, en el río Danubio, es una barra central que actualmente es aprovechada para alojar uno de los parques más grandes de Budapest (fuente: verbudapest.com).

El tramo final, senilidad fluvial

El curso bajo es como conocemos a la última fase del recorrido de todo río. En ella, dado que la energía es mucho menor porque ya prácticamente se ha alcanzado la horizontalidad del cauce, el proceso dominante es la sedimentación, aunque sigue habiendo erosión y transporte. En muchos casos esta parte está influenciada por la propia dinámica litoral, de manera que el cauce de algunos ríos puede verse invadido por el agua del mar durante la pleamar o durante las mareas vivas. Los cauces fluviales en el tramo final del río suelen tener ya muy poca energía, pero no todos los ríos responden de igual manera. Por ejemplo, los ríos que tienen un cauce muy ancho en el que hay una constante sedimentación en forma de barras centrales reciben el nombre de ríos trenzados (braided), mientras que si el cauce se vuelve muy sinuoso, como cuando subimos en bicicleta una montaña en zigzag, hablamos de ríos meandriformes.

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Izquierda: El río Waimakariri (Nueva Zelanda), es un claro ejemplo de río braided en el que se aprecian numerosas barras centrales y laterales (expedia.com). Derecha: Vista aérea del río Amazonas (Sudamérica) en el que se aprecia un tramo claramente meandriforme, marcado por la sinuosidad del cauce principal (animaleando-entrenamiento.blogspot.com.es).

Un meandro es como denominamos a una curva pronunciada que hace el cauce de un río y que no es necesariamente exclusiva de su tramo final. Hay que tener en cuenta que los ríos casi nunca discurren de manera completamente recta sino que hacen curvas (tampoco todas las curvas de un río son meandros). De hecho, si encontramos un tramo recto en un río lo más habitual es que este se haya producido por la presencia de alguna falla geológica que controle el cauce (control tectónico). Los meandros con el tiempo tienden a desaparecer debido a que en ellos siempre tenemos un lado en el que la corriente choca y produce erosión y otro lado donde la corriente pierde energía y se produce sedimentación. De esta manera el meandro poco a poco se va desplazando, llegando en algunos puntos a estrangularse a sí mismo y, cuando el río lo abandona, dar lo que conocemos como un meandro abandonado.

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El meandro del Melero, en la comarca de Las Hurdes (Cáceres), es uno de los más famosos de la geografía española y se localiza en el río Alagón (fuente: lashurdesdestinonatural.com).

Cuando los ríos llegan a su desembocadura, esta no siempre es igual, ya que se puede producir en forma de estuario, como una ría o como un delta, entre otros. Los deltas son estructuras geomorfológicas con forma de triángulo que se producen en la desembocadura de algunos ríos cuando hay unas condiciones concretas de aporte de sedimentos y erosión litoral. Y es que para que se forme un delta se necesita de un equilibrio entre la influencia marina y la influencia fluvial, pues si el mar domina el delta retrocederá hasta desaparecer. Por eso actividades humanas como la construcción de presas en los ríos, que actúan como trampas de sedimentos y reducen el aporte de sedimentos que llega a la desembocadura, pueden causar la reducción de los deltas. Aunque no todos los ríos desembocan como deltas sino que lo pueden hacer en zonas con fuertes oscilaciones mareales, dando así lugar a estuarios, o en valles fluviales invadidos por el mar como consecuencia de una subida relativa, las famosas rías.

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Fotografía de satélite del delta del Nilo, uno de los deltas más famosos dle mundo (geografia.laguia2000.com).

Conclusiones

Los ríos son el resultado de una gran cantidad de procesos erosivos, de transporte de sedimentos y sedimentación que modelan el paisaje de muy diferentes formas. Los cañones fluviales, los meandros o los deltas son solo algunos ejemplos de los muchos que tenemos en el mundo de relieves de origen fluvial que nos sirven para recordar por qué siempre que vemos un paisaje estamos viendo en realidad geología.

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