Venus, el gemelo de la Tierra

La Tierra es un planeta único en muchos aspectos. Es el único lugar que conocemos donde el agua puede estar en los tres estados principales de la materia, gracias a lo cuál tenemos un completo ciclo hidrológico. Es el único lugar del universo en el que sabemos de momento que hay vida, por mucho que se empeñen algunas pseudociencias de lo contrario. También es uno de los pocos lugares del Sistema Solar que tienen una atmósfera densa y oxidante, que además tiene una actividad volcánica importante, una tectónica de placas estable y un campo geomagnético que proteja su superficie de las nocivas radiaciones cósmicas. Pero no siempre ha sido así. A lo largo de su historia geológica el planeta ha sufrido grandes cambios globales que lo han ido alejando de su gemelo, Venus. En esta entrada vamos a tratar cómo es el segundo planeta más cercano al Sol, un mundo completamente inhóspito para nosotros aunque no por ello menos fascinante.

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Imagen en color real, procesada a partir de una fotografía tomada por la sonda Mariner 10 (fuente: wikipedia.org).

El planeta del que vienen las mujeres

Venus es el tercer objeto más brillante de nuestro firmamento, solo por detrás del Sol y la Luna. Por ello no es de extrañar que todas las culturas, como los egipcios, que lo llamana Sothis, le hayan asignado un papel fundamental en sus vidas. No olvidemos que el nombre de viernes procede de Venus. Pero lejos de misticismos y creencias culturales, Venus no es un cuerpo que tenga en realidad influencia en nuestras vidas ni su posición determine la fortuna o el carácter de los nacidos. Estamos hablando de un planeta más del Sistema Solar, el más cercano a la Tierra, aunque no es tan conocido como nuestro otro vecino: Marte. Y es que debemos tener en cuenta que a medida que nos vamos alejando del Sol, las distancias entre dos órbitas consecutivas es cada vez mayor. Y si alguien está pensando en la ley de Titius-Bode que se vaya olvidando de ella, ya que a pesar de que acerta con algunos planetas, con la mayoría se equivoca bastante al determinar sus posiciones teóricas.

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Venus es el tercer astro más brillante del firmamento y también uno de los que más ha inspirado en el pasado a las culturas humanas. Imagen de la Luna y Venus vistos desde la Tierra (fuente: elsofista.blogspot.com.es).

En líneas generales, al menos en sus características geofísicas, Venus es muy parecido a nuestro planeta, motivo por el que muchas veces son considerados planetas gemelos. Su radio es de 6052 km frente a los 6371 km de la Tierra, mientras que su gravedad es de 8.87 m/s2, muy similar a los 9.8 m/s2 de la Tierra. Estos datos indican que Venus es un 95% el tamaño de la Tierra y su gravedad un 91% la terrestre. Incluso tiene una atmósfera densa como nuestro planeta, si bien la atmósfera venusiana está compuesta en un 96% por CO2 y un 3% de nitrógeno. Esta fuerte concentración de un gas invernadero como el que tanto nos preocupa en nuestro planeta es el responsable de las elevadas temperaturas y presiones que hay en la superficie de Venus, estimadas en 463º C de media y 92 atmósferas de presión. Además creemos que llueve ácido sulfúrico y su atmósfera es tan densa que no solo apenas llega la luz solar a su superficie, sino que hasta los vientos más débiles ejercen una gran fuerza. Venus es el planeta más caliente del Sistema Solar y uno de los más inhóspitos para la vida tal y como la conocemos.

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Composición de dos de las fotografías tomadas por la sonda Venera 13, una de las nueve sondas que a día de hoy han aterrizado sobre Venus y la única que nos envío imágenes a color. En ellas se aprecia el suelo basáltico y la densa atmósfera que cubre el planeta y que imposibilita por completo ver el Sol o cualquier otro astro del firmamento. La Venera 13 funcionó durante 127 minutos, antes de que las duras condiciones acabaran con ella (imagen obtenida de pics-about-space.com).

La órbita de Venus es la más circular de todas las de los planetas del Sistema Solar y tarda 583 días en completarla (bastante más que los 365 días de la Tierra). En cuanto a su rotación, Venus tarda 243 días terrestres en dar una vuelta sobre sí mismo, a pesar de que las nubes más exteriores lo hacen en tan solo 4 días. Pero sin duda lo más llamativo de Venus, además de su gran parecido en cuanto a tamaño con la Tierra, es que es el único planeta del Sistema Solar que tiene una rotación retrógrada (en sentido horario). Es decir, si pudiéramos viajar y sobrevivir a las extremas condiciones de su superficie veríamos cómo el Sol sale por el oeste y se pone por el este. Esta peculiaridad se puede explicar por el simple hecho de que el planeta parece estar volteado, ya que su eje de rotación tiene una inclinación de 176º, una anomalía para la que todavía no tenemos una explicación aunque se baraja, como hacemos con cualquier enigma «inexplicable» del Sistema Solar, el impacto de un gran cuerpo contra el planeta.

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Venus y la Tierra son dos planetas muy similares en cuanto a tamaño y característicias físicas, si bien Venus se puede considerar un extremo inhóspito de hasta dónde puede llegar el efecto invernadero (fuente: wikipedia.org).

Un gemelo desafortunado

La historia geológica de Venus es compleja y poco conocida debido a que no ha sido precisamente un cuerpo que hayamos visitado demasiado. Hoy en día sabemos que su superficie es irregular y está marcada por abundantes fracturas de diferente tamaño y un intenso vulcanismo que no sabemos si sigue en nuestros días. En Venus existen dos mesetas principales que podemos definir como «continentes»: Ishtar Terra, del tamaño aproximado de Australia, que se localiza en el hemisferio norte y cuya máxima altitud es el monte Maxwell (11 000 m); y Afrodita Terra, del tamaño de Sudamérica y situada un poco más al sur del ecuador del planeta. Estos dos continentes con nombre de diosas del amor, se encuentran rodeadas por planicies de menor altitud que salvando las distancias, son equiparables a nuestras cuencas oceánicas. Esta superficie está cubierta por rocas volcánicas, en su mayoría rocas pobres en sílice como los basaltos. Pero no tenemos registro de coladas de lava o cráteres volcánicos, uno de los enigmas que envuelven al planeta, aunque sí hemos podido ver abundantes volcanes en escudo y volcanes compuestos. Los cráteres de impacto (astroblemas) son muy escasos, posiblemente porque la atmósfera, al ser tan densa, destruye la mayoría de bólidos que llegan al planeta. Aunque también podría deberse a que Venus es ha sido volcánicamente activo hasta tiempos muy recientes, puede que incluso siga siéndolo.

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La superficie de Venus es bimodal y en ella existen dos superficie que podemos considerar como continentes rodeadas de un terreno de mucha menos altitud. Modelo digital del terreno de la superficie de la región Eistla (fuente: NASA).

Venus es el gemelo desafortunado de la Tierra y su triste historia es la que escribe el efecto invernadero cuando no hay nada que lo contrarrestre. Al principio ambos planetas no debieron ser muy diferentes entre sí. Los dos tenían una atmósfera reductora rica en CO2, una actividad volcánica intensa, un océano de agua dulce y posiblemente incluso hasta una primitiva tectónica. Pero hace 3800 millones de años los caminos empezaron a separar como consecuencia de la aparición de vida en la Tierra. Estos primeros organismos terrestres muy pronto empezaron a captar CO2 del medio y liberar oxígeno en un proceso que durante millones de años no tuvo contrapunto. La atmósfera poco a poco dejó de ser reductora y pasó a ser oxidante, en un evento crucial de la historia de nuestro planeta que llamamos la Gran  Oxigenación, y que es uno de los mayores cambios globales de la historia. Pero este suceso no se produjo en Venus, que poco a poco vio cómo su concentración de CO2 seguía creciendo sin parar, las temperaturas se fueron disparando y los océanos acabaron evaporándose. O al menos eso es lo que creemos que pudo haber ocurrido.

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Reconstrucción artística de cómo pudo ser Venus en los primeros momentos de su historia, cuando el efecto invernadero aún no había hecho evaporar los hipotéticos océanos primitivos del planeta (fuente: NASA).

Vida en venus, ¿cosa de ciencia ficción?

Durante mucho tiempo nuestra única forma de visitar otros mundos de Sistema Solar fue mediante la imaginación. Autores como Julio Verne o Edgar Rice Burroughs especularon sobre los posibles habitantes de la Luna, Marte o Venus antes de que pudiéramos llegar a ellos, aunque otros lo han seguido haciendo incluso después. Las famosas pirámides de Marte o las instalaciones secretas en la Luna son dos ejemplos. También las misteriosas formas biológicas que según algunos fueron fotografiadas por la Venera 13. Esta sonda soviética aterrizó en la superficie de Venus en 1982 y logró sobrevivir a sus inhóspitas condiciones durante 127 minutos, en un récord que no hemos vuelto a alcanzar. En esas poco más de dos horas la sonda realizó una serie de fotografías que para el Dr. Leonid V. Ksanfomaliti revelaban la existencia de objetos insóltos que debían moverse porque aparecían y desaparecían según las tomas. Él interpretó que se trataba de formas de vida venusianas que comparó en algunos casos como escorpiones. Por desgracia la explicación más probable es la menos glamurosa, y es que en realidad esos objetos solo eran ruido de la imagen y distorsiones provocadas porque las cámaras de la sonda estaban aguantando condiciones realmente difíciles. propias de un mundo completamente inhóspito.

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Las polémicas imágenes de la sonda Venera 13 en las que algunos se han empeñado en ver una criatura con forma de escorpión (fuente: sci-news.com).

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