El Hoyazo, una joya almeriense

Cuando alguien te pregunta dónde hay volcanes en España uno piensa automáticamente que en las Islas Canarias, y evidentemente no se estaría equivocando. Pero el famoso archipiélago de la Macaronesia no es el único lugar español en el que hay un vulcanismo más o menos reciente. Ciudad Real, Valencia, Girona, Almería, Murcia, todas estas provincias tienen en común la existencia de un vulcanismo neógeno de importancia que ha llegado hasta tiempos muy recientes, en algunos casos incluso ya en época prehistórica. Pero en esta entrada no vamos a ver el último volcán activo de la Península Ibérica, que se encuentra en Girona, sino que vamos a ver otro más antiguo pero no por ello menos importante, una auténtica joya de la geología que se encuentra dentro del Geoparque de Cabo de Gata-Níjar y que ha sido el objeto principal del Geolodía15 de la provincia de Almería. ¿Pero cómo se formó este volcán y por qué el Hoyazo es tan importante?

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Distribución de las principales áreas volcánicas de la Península Ibérica con un vulcanismo neógeno-cuaternario (Ancochea, 2004)

La Provincia Volcánica Neógena del SE (PVNSE)

De las cuatro regiones con actividad volcánica que tenemos en la Península Ibérica, la región volcánica de Alborán-Almería-Murcia es la más importante desde el punto de vista volumétrico, pero también desde el punto de vista composicional. Esta provincia volcánica se extiende unos 250 km a lo largo de la Costa Mediterránea, desde el Mar de Alborán hasta el Mar Menor, pasando por la costa del Cabo de Gata y con algunos afloramientos que se encuentran más al interior. Pero es que además lo podemos relacionar perfectamente con el vulcanismo que encontramos en Marruecos, en la región del Rif, ya que en ambos casos el origen es el mismo.

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Localización y distribución de las rocas calcoalcalinas, calcoalcalinas potásicas, shoshoníticas, ultrapotásicas y basaltos alcalinos de la provincia volcánica del SE. Las líneas de trazos delimitan las zonas en las que predominan las rocas calcoalcalinas (I), calcoalcalinas potásicas y shoshoníticas (II) y ultrapotásicas (III) (Ancochea, 2004).
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Proyección de las rocas de la región de Almería-Murcia en el diagrama TAS (Ancochea, 2004)

El vulcanismo de la PVNSE es muy variado desde el punto de vista composicional, aunque en líneas generales podemos hablar de dos áreas diferentes con unas características geoquímicas distintas. El primero es el vulcanismo del Mar de Alborán, con rocas de la serie toleítica (alto contenido en hierro), que encontramos sobretodo en la Isla de Alborán, aunque la mayor parte sigue sumergida bajo las aguas del Mediterráneo occidental. El segundo, el más importante, es el vulcanismo del SE peninsular propiamente dicho, donde encontramos una amplia variedad de rocas, tanto de la serie calcoalcalina (rica en aluminio y con más sodio que potasio), como de la serie calcoalcalina potásica (como la anterior pero evidentemente más rica en potasio), de la serie shoshonítica (todavía más rica en potasio), de la poco habitual serie ultrapotásica (que define por su singularidad mundial el contexto Asociaciones volcánicas ultrapotásicas neógenas del SE de la Península Ibérica) e incluso algunos ejemplos de basaltos de la serie alcalina (rica en sodio y potasio). En la imagen de la izquierda podéis ver cómo el vulcanismo neógeno del SE peninsular engloba rocas de prácticamente todos los campos del diagrama TAS, muy utilizado para clasificar rocas volcánicas, con el contenido en sílice en abscisas y la suma de sodio y potasio en ordenadas.

La gran variedad de rocas volcánicas de la provincia responde a una compleja historia y evolución magmática asociada con las últimas etapas extensionales del Orógeno Bético-Rifeño. Concretamente el vulcanismo de la PVNSE es el resultado de un adelgazamiento litosférico, es decir, la litosfera (corteza y parte superior del manto) se hizo más delgada y eso propició el ascenso del manto que hay debajo (manto sublitosférico), induciendo con ello una fusión parcial del manto que forma parte de la litosfera (manto litosférico). Estos magmas ascendieron y causaron el vulcanismo del SE peninsular, que se llevó a cabo en tres etapas eruptivas que podemos distinguir con facilidad. La primera ocurrió durante el Oligoceno-Mioceno (23 Ma) y dio lugar a las rocas toleíticas de Alborán. La segunda etapa eruptiva abarca prácticamente todo el Mioceno (20-5 Ma) y es la más importante por ser la responsable de la mayoría de las rocas volcánicas de la provincia (Cabo de Gata, Níjar-Mazarrón y Murcia). Por último, la tercera etapa eruptiva ocurrió en el Plio-Cuaternario (2’8-1 Ma) y es la responsable de los basaltos alcalinos del Campo de Cartagena.

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Edades obtenidas mediante el método K/Ar y composición química de las rocas volcánicas de la región volcánica del Sureste (modificado a partir de Ancochea, 2004): toleíticas (TOL), calcoalcalinas (CALC), calcoalcalinas potásicas y shoshoníticas (CALK-SHP), ultrapotásicas (UK) y alcalinas (ALC)

La hipótesis que mejor explica las características geoquímicas, origen y evolución del vulcanismo neógeno del SE peninsular parte de la idea de que el primer periodo eruptivo es fruto de una dorsal que adelgazó la litosfera y permitió el ascenso del manto. Pero no olvidemos que estamos durante la colisión continental entre África e Iberia, que al progresar producirá el cierre de los dos corredores que comunicaban por aquel entonces el Mediterráneo con el Atlántico (causando con ello la Crisis de Salinidad del Messiniense), por lo que este régimen extensional digamos que no iba a ser muy estable en el tiempo. En este sentido la segunda etapa eruptiva fue el resultado del ascenso de magmas que derivaban del manto litosférico, anteriormente metasomatizado durante la subducción cretácico-paleógena por fluidos procedentes de sedimentos marinos. De esta manera, tras separarse del manto-fuente, los magmas calcoalcalinos y ultrapotásicos ascendieron sin interaccionar con las rocas de la corteza que atravesaron en su ascenso, pero los magmas calcoalcalinos potásicos y shoshoníticos sufrieron fenómenos de asimilación, esto es que hubo intercambio químico con las rocas de la corteza. En cuanto a los magmas basálticos alcalinos de la tercera etapa eruptiva, habrían procedido del manto sublitosférico, que en su ascenso debieron interactuar con el manto litosférico, ya seguramente estéril después de generar los magmas de la segunda etapa eruptiva.

modelo-geodinamico-del-vulcanismo-neogeno-del-se
Evolución geodinámica de la región bético rifeña desde el Oligoceno-Mioceno Inferior al Mioceno superior y generación del magmatismo calcoalcalino a ultrapotásico de la provincia volcánica del SE (tomado de Ancochea, 2004)

¿Un volcán en Almería?

Como acabamos de ver, el origen del vulcanismo de la PVNSE es muy complejo e implica múltiples procesos geológicos, no solo magmáticos. Pero ahora vamos a ver las peculiaridades del volcán que ocupa esta entrada. El Hoyazo de Níjar, también conocido como La Granatilla, es un cerro que resalta en la planicie del Campo de Níjar, en Almería. Se trata de un domo volcánico aproximadamente circular que está compuesto por andesitas y dacitas potásicas de las series calcoalcalina potásica y shoshonítica. Por tanto estamos hablando de un volcán que se formó bajo un mar poco profundo durante el segundo periodo eruptivo, concretamente a partir de los magmas que procedían del manto litosférico metasomatizado que interactuaron en su ascenso con la corteza, un rasgo de gran importancia como veremos más adelante. Pero el hecho de que estemos ante un volcán en el que aún se puede apreciar su morfología circular no es el principal atractivo del Hoyazo, ya que la erosión posterior ha hecho grandes estragos en el edificio volcánico. En realidad, uno de los aspectos más destacados de este lugar es el hecho de que en él podemos ver uno de los mejores ejemplos de atolón fosilizado de Andalucía.

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Vistas del interior del atolón del Hoyazo visto desde su borde, con los campos de plásticos de los invernaderos a lo lejos (imagen propia)

El vulcanismo submarino bajo un clima tropical, como el que se produjo en El Hoyazo hace 6 Ma, normalmente viene asociado con el desarrollo de colonias arrecifales. Esto es debido a que los corales, principales bioconstructores de arrecifes en la actualidad (recordemos que en el Mesozoico eran los rudistas, como los que encontramos en el Complejo Urgoniano de la Cuenca Vasco-Cantábrica), son organismos bentónicos que van a aprovechar cualquier oportunidad para asentarse en un sustrato rocoso. Pero no en cualquier sitio, ya que además requieren de unas características del medio muy concretas, entre ellas una claridad de las aguas y una profundidad no excesiva para que el simbionte fotosintético que tienen pueda proliferar, de manera que los conos volcánicos submarinos de áreas tropicales son excelentes oportunidades para ellos. Es así como, cuando el edificio volcánico no emerge o ya ha sido erosionado, a su alrededor tenemos un anillo arrecifal en torno a una pequeña porción de mar más o menos circular, que es lo que llamamos atolón. Pero en ocasiones los edificios sí permanecen emergidos, de manera que a su alrededor podemos tener un arrecife adosado al propio edificio o un arrecife separado de él por una zona poco profunda que llamamos lagoon. Esto es lo que tuvimos en El Hoyazo hace millones de años, un volcán con un arrecife a su alrededor, y en la actualidad podemos disfrutar en su borde de esa colonia arrecifal, formada por millones y millones de corales del género Porites. Pero no solo tenemos a estos corales de forma cilíndrica, ya que si buscamos bien también podremos encontrar fósiles de otros organismos que vivieron en aquel ambiente de aguas poco profundas tropicales, como es el caso del bivalvo que se puede apreciar en la imagen siguiente.

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Comparación de corales del género Porites encontrados en el atolón del Hhoyazo (izquierda, imagen propia) y especímenes vivos (derecha, Lindsey Kramer/ USFWS)

La historia geológica del Hoyazo es sencilla si no entramos en detalles de los procesos magmáticos que hubo en profundidad. El edificio, como ya hemos dicho, empezó a formarse hace unos 6 Ma y tuvo una primera etapa eruptiva submarina. Pero con el tiempo el cono fue creciendo y al final llegó a emerger sobre las aguas del mar, dando así una isla volcánica a unos pocos kilómetros al sur de la línea de costa, que la definía la Sierra Alhamilla. Con el tiempo la actividad volcánica, que en este caso parece asociada a una importante falla de desgarre regional (ver tipos de fallas en Las piedras se doblan), la Falla de Carboneras, cesó y los procesos erosivos ya no tuvieron nada que se opusiera a ellos, por lo que la isla poco a poco fue desmantelándose. Pero los corales siguieron proliferando, lo que sumado a la erosión del edificio central acabó por producir un atolón con un lago central donde antes estuvo el cono volcánico. Por último, cuando la colisión entre África e Iberia prosiguió, el continente se fue levantando y con ello la línea de costa se fue desplazando hacia el sur, hasta la posición actual, de manera que el atolón acabó por verse emergido del todo y los corales que lo formaron murieron y fosilizaron. De esta forma, tras unos pocos millones de años de historia, El Hoyazo se convirtió en una depresión más o menos circular e intensamente erosionada que está bordeada por un arrecife fósil.

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Esquema de la evolución del edificio volcánico del Hoyazo desde su formación hasta la actualidad (autor: J.M. Calaforra)

Xenolitos, vestigios de una vida profunda

Un xenolito (del griego xenos, extraño, y lithos, piedra) es un cuerpo lítico que encontramos en el interior de una roca y que claramente no parece pertenecer a ella. Dentro de la petrología ígnea los xenolitos normalmente son fragmentos de roca que el magma englobó antes de solidificarse pero que no fue capaz de fundir, por lo que nosotros al estudiarlo podremos saber algunas de las características originales de la corteza o del manto (dependerá de cuál es su procedencia). Por tanto la presencia de xenolitos en rocas volcánicas es una gran noticia si queremos conocer cómo son estas partes más profundas del planeta, y en El Hoyazo da la casualidad que los tenemos.

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Ejemplos de xenolitos del Hoyazo vistos bajo el microscopio petrográfico (Álvarez-Valero et al., 2015)

Los xenolitos del Hoyazo son de dos tipos principales, con una mineralogía claramente diferente en la que prefiero no entrar, y tienen un tamaño de unos pocos centímetros de diámetro. Se trata de fragmentos de corteza que el magma arrancó de las paredes de la cámara magmática antes de que se produjera la erupción, pero también del conducto de ascenso cuando la erupción ya se había puesto en marcha. Por tanto estos xenolitos permanecieron “sumergidos” en el fundido por muy poco tiempo, del orden de unos pocos días, aunque ese tiempo fue suficiente para que tengamos aureolas de reacción que indican una interacción con el fundido. Es por este motivo por el que el estudio de los xenolitos del Hoyazo cobra gran importancia, ya que dado que el intervalo de tiempo es muy corto geológicamente hablando, los xenolitos son una fotografía congelada de las condiciones que había en profundidad en el momento de la erupción, de manera que su estudio nos puede ayudar a comprender los mecanismos que la pusieron en marcha para poder así avanzar en predicción. A continuación os dejo una simulación en 3D de cómo debió ser esta erupción volcánica en su momento y qué es lo que sabemos que ocurrió en su interior gracias a estos xenolitos.

Los minerales “especiales” del Hoyazo

Otra de las peculiaridades de este volcán, aparte de mantenerse tan bien delimitado por el arrecife y de tener esos xenolitos tan importantes desde el punto de vista petrológico, es la riqueza mineral que encontramos. Y si hay un mineral que debemos destacar en El Hoyazo ese es sin duda el granate, de donde seguramente proceda el término con el que también es conocido el lugar: La Granatilla. Los granates son un grupo de minerales dentro de la clase de los silicatos que a pesar de su nombre pueden tener colores muy diversos, y que dado que si cristalizan bien dan cristales muy llamativos y característicos, son considerados como gemas semipreciosas, aunque por su dureza suelen ser utilizados más como abrasivos. El granate más abundante del Hoyazo es el almandino (imagen siguiente), un granate de hierro y aluminio (Fe3Al2(SiO4)3) que tiene un color rojo a vino, y que lo podemos encontrar con formas muy bien cristalizadas, como podemos ver en la imagen de abajo. El otro granate que tenemos en El Hoyazo, aunque mucho menos común que el anterior, es la andradita, que no es más que el granate de calcio e hierro (Ca3Fe2(SiO4)3), de color normalmente marrón oscuro a negro pero que a veces puede aparecer con tonalidades verdosas o amarillentas. Por desgracia los granates del Hoyazo, tanto los almandinos como las andraditas, no son muy útiles en joyería porque están muy fracturados, aunque en el pasado han sido explotados a partir de las arenas ricas en granates que resultan de la erosión del cono volcánico.

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Imagen de algunos cristales de granate del Hoyazo (imagen propia)

Pero no todo son granates en El Hoyazo, ya que este solo es el mineral más fácil de encontrar, pero no el único. Si sabemos buscar, y buscamos a fondo, también podremos encontrar otras especies minerales que tienen un menor valor visual y económico pero que por el hecho de encontrarlos podría merecer la pena. Las cordieritas son ciclosilicatos hidratados de hierro y magnesio de color azulado grisáceo, amarillo o verde pardusco. En el Hoyazo suelen aparecer muy bien cristalizadas, por lo que las encontraremos como cristales prismáticos semitransparentes que tienen una base con forma de hexágono. Otra especie mineral muy importante es la de la sílice hialina (imagen siguiente), una variedad de sílice que aparece constituyendo un vidrio volcánico muy transparente que prácticamente parece los fragmentos rotos de la luna de un coche. A esta sílice en algunos sitios veréis que la llaman cuarzo hialino, pero ese es un error, ya que el cuarzo solo es otra variedad más de sílice, y en El Hoyazo la que encontramos principalmente es la variedad de muy alta temperatura, que recibe el nombre de cristobalita y que es estable hasta el punto de fusión de la sílice, a unos 1.713º C.

Vidrio silíceo del Hoyazo.JPG
Fragmentos de vidrio volcánico de composición cristobalítica del Hoyazo (imagen propia)

Bibliografía

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Lunar, R.; Martínez-Frías, J.; Benito, R. y Wolf, D. (1997): “Los granates como guía de exploración y materia prima: el ejemplo de Hoyazo de Níjar en el cinturón metalogenético del SE ibérico”. Geogaceta, 22, 113-116.

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