Patrimonio pétreo de Zamora

La ciudad de Salamanca esconde un rico y variado patrimonio geológico en sus monumentos, en los que podemos encontrar hasta seis tipos diferentes de rocas. Pero esto no solo ocurre en la ciudad del Tormes, ya que en la vecina Zamora también tenemos un patrimonio pétreo muy rico y variado. En esta entrada analizamos las principales rocas empleadas en los monumentos arquitectónicos más destacados de esta pequeña ciudad castellanoleonesa, conocida como la capital del románico. Y para ello vamos a utilizar de base el recorrido que se usó en el Geolodía12 de Zamora. No obstante, si alguien desea tener más información sobre este asunto, os recomiendo que le echéis un vistazo al libro «De los plutones a los monumentos: un recorrido temático por la piedra del este de Sayago (Zamora), el granito silicificado de Peñausende y la vaugnerita de Arcillo», de Francisco Javier López Moro.

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El Puente de Piedra de Piedra de Zamora es una construcción medieval que comunica el centro de la ciudad con los barrios del arrabal (fuente: laotravozdebenavente.blogspot.com.es).

Localización geográfica y geológica de la ciudad de Zamora

Al igual que ocurre con Salamanca, la posición geoestratégica de Zamora, a caballo entre dos grandes unidades geológicas, es la causa principal de que tengamos en ella tanta diversidad de piedra en sus monumentos. Y es que en realidad ambas ciudades comparten muchos elementos, arquitectónicos y pétreos, en parte debido a que la distancia que las separa es de menos de 100 km. Porque tanto Zamora como Salamanca se encuentran en un extremo de la cuenca Terciaria del Duero, constituida por rocas sedimentarias terrígenas (areniscas, conglomerados, lutitas) y evaporíticas (calizas), y muy cerca del límite de esta con el macizo Ibérico, en el que tenemos sobre todo rocas ígneas (granitoides principalmente) y metamórficas (del complejo esquisto-grauváquico). Esa diversidad petrológica de su entorno, como veremos más adelante, de nuevo es la clave para entender el rico patrimonio pétreo de la ciudad.

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Tanto Zamora como Salamanca se encuentran muy cerca del límite de la cuenca Cenozoica del Duero (amarillo) con el macizo Ibérico (rojo). Esta situación geoestratégica es la clave del rico patrimonio pétreo de ambas ciudades (imagen propia).

Una norma que se suele repetir siempre a lo largo de la historia es que el hombre suele utilizar las rocas de su entorno para levantar edificios y monumentos. Por ello, cuando hablamos del patrimonio pétreo de una ciudad, muchas veces debemos fijarnos en la geología de sus alrededores. En el caso de Salamanca esta geología tiene como seña de identidad la arenisca de Villamayor, tan asociada con la ciudad, pero en Zamora las rocas más representativas son los granitoides porque está mucho más cerca del macizo Ibérico que Salamanca. Por ello, si miramos las localizaciones de las principales canteras que han alimentado con su piedra Zamora, veremos que en ellas dominan las explotaciones de diferentes tipos de granitoides (granito silicificado, el granito de Muelas del Pan y la vaugnerita), sobre las canteras de las que se extrajeron rocas sedimentarias (arenisca y conglomerado silicificado o piedra de Zamora y la arenisca fina o piedra Mollar, muy similares a la piedra Tosca y piedra Franca de Salamanca).

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Las principales canteras de las que se ha extraído la piedra que posteriormente se ha empleado en las construcciones y monumentos de Zamora se pueden dividir en tres áreas según la roca explotada: el área de Arcillo y Pereruela para la Piedra Negra de Arcillo (vaugnerita); el área de Peñausende, Mogátar y Sobradillo para la Piedra Blanca de Peñausende (granito silicificado); y el área del sur de Zamora para la Piedra de Zamora (arenisca/conglomerado silicificado). En la imagen se muestran las tres localizaciones que se visitaron en el Geolodía12 (tomado de la guía del Geolodía12 de Zamora).

Arenas y gravas de un mundo tropical

Hace unos 50 millones de años (Ma) los alrededores de Zamora no eran como lo son hoy en día. El Duero no existía y en lugar de una meseta teníamos una serie de lagos endorreicos alimentados por numerosos ríos.  El clima y la fauna también eran diferentes, ya que por aquel entonces la península Ibérica gozaba de un clima tropical o subtropical que permitió la presencia de animales tan poco comunes hoy en día como cocodrilos y mamíferos perisodáctilos ya extintos (ver La Sala de las Tortugas, un museo abandonado). Por aquel entonces, tanto en Zamora como en Salamanca se depositó la Formación Arenisca y Conglomerado silicificado de Salamanca, una roca sedimentaria que en Salamanca era conocida como piedra Tosca y en Zamora como piedra de Zamora. Su principal característica hoy en día es su baja porososidad (9%), causada por un proceso de silicificación, posterior a su sedimentación, con el que se rellenó parte de sus huecos con un cemento silíceo de Ópalo C-T. Gracias a esa baja porosidad la piedra de Zamora (o Tosca) era la opción más barata para usar como zócalo de los edificios de ambas ciudades, ya que es importante que esta parte de las construcciones no permita el ascenso del agua por capilaridad. Pero no siempre lo barato es lo mejor, y hoy en día los zócalos con piedra de Zamora están muy deteriorados, lo que ha hecho que muchas construcciones que la tenían hayan tenido que ser restaurados. Es el caso de los sillares de la muralla de la ciudad, a cuyo pie esta roca aflora de manera natural.

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La Formación Arenisca y Conglomerado silicificado de Salamanca, más conocido como Piedra Tosca o Piedra de Zamora, fue la primera piedra empleada en los zócalos de Zamora por su cercanía. Esta imagen pertenece a la base de la muralla de la ciudad, en la Zona Peñas de Santa Marta y Cuesta del Obispo, y muestra lo alterada que está hoy en día (fuente: rearasa.com).

La segunda litología sedimentaria de gran interés de la ciudad es una arenisca de origen fluvial que también está presente en Salamanca, donde de hecho tiene mucha importancia. La arenisca de Villamayor, o piedra Franca, tiene su correspondiente versión zamorana en la conocida como piedra Mollar. Se trata de una arenisca cuarcítica de color marrón a ocre, de origen fluvial y aluvial, es muy fácil de tallar. Eso ha permitido que se haya usado con frecuencia, aunque tiene el contrapunto de que se areniza con demasiada facilidad, lo que obliga a tener que aplicar sobre ella tratamientos de protección. La piedra Mollar se extrajo sobre todo del norte de Salamanca, pero también se tiene constancia de la explotación de una roca muy similar al este de Zamora.

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Los principales elementos decorativos de la fachada del palacio de los Momos, como son los ventanales y la imposta vierteaguas del tercer cuerpo, están tallados en Piedra Mollar (imagen tomada de tripadvisor.es).

Los granitos silicificados

Los granitos presentes en Zamora son fundamentalmente de dos tipos, aunque en esta entrada solo veremos el granito silicificado. Se trata de un leucogranito (color claro) de tamaño de grano fino a medio que ha sufrido un proceso de silicificación, una alteración química por la cuál el contenido en sílice aumenta a medida que disminuye el del hierro, el sodio y el calcio. Esta alteración tiene como resultado un descenso de la densidad de la roca que hace que sea más fácil trabajarla, y aunque el cuarzo y la moscovita (mica) originales del granito se mantienen, alrededor del 60% de los minerales se forman con la alteración, entre ellos ópalo C-T y diversos minerales del grupo de las arcillas.

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Esquema ilustrativo de la alteración que sufre el granito fresco para dar lugar al granito silicificado del batolito de Sayago (obtenido de la guía del Geolodía12 de Zamora).

El granito silicificado, también conocido como piedra Blanca de Peñausende, aparece al sur de Zamora, en varias áreas del Batolito de Sayago. Su uso se hace frecuente a partir del s. XVI, cuando empieza a emplearse en la restauración de iglesias románicas y otras edificicaciones que tenían originalmente piedras más alterables que ya se encontraban en mal estado. De esta forma, la Piedra Blanca de Peñausende se convertió en el sustituto habitual de la piedra de Zamora, que ya hemos dicho que es una roca que aguanta muy mal el paso del tiempo. Así, muchas iglesias románicas de la ciudad, como es el caso de la iglesia de San Claudio de los Olivares, en el barrio de Olivares, hoy en día tienen sillares de granito silicificado en lugar de la original arenisca silicificada.

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Imagen de la Iglesia de San Claudio de los Olivares, con sillares de granito silicificado que sustituyen a la original Piedra de Zamora, mucho más alterable. Estos sillares son más claros y resaltan en el conjunto, generalmente ocre, del resto de la construcción (fuente: turismoespana.es).

Las vaugneritas del oeste zamorano

El término vaugnerita fue acuñado en 1861 para referirse a un grupo de rocas dioríticas de textura especial que se encontraron constituyendo diques en la región de Vaugneray, cerca de Lyon (Francia). Actualmente este término lo aplicamos al referirnos a rocas dioríticas micáceas de tamaño de grano grueso constituidas principalmente por anfíbol, biotita (mica) y plagioclasa (feldespato), con cuarzo y feldespato potásico intersticiales y abundantes cristales de apatito. ¿Y por qué decimos que tiene una «textura especial»? Porque las vaugneritas son rocas ígneas plutónicas que tienen grandes cristales entrecruzados de biotita y anfíbol, dispuestos en una fábrica isótropa (igual en todas direcciones) que hace que a escala mesoscópica formen bolos métricos muy redondeados. Esta isotropía es muy importante a la hora de los trabajos de cantería porque significa que la vaugnerita no tiene planos preferentes de rotura, lo que debió convertir en un arduo trabajo la obtención de los sillares. Cuesta creer que mereciera la pena trabajar esta roca, pero el color tan oscuro debió hacer que mereciera la pena.

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La vaugnerita es una roca granítica oscura que se ha empleado sobre todo en Zamora y Salamanca. Esta imagen muestra cómo es en detalle la vaugnerita usada en la catedral de Salamanca (autor: Daniel Hernández-Barreña).

Las principales canteras de vaugnerita se encontraban al oeste de la ciudad, en el área de Arcillo y en las proximidades de Pereruela, y en todos los casos tenían pequeños frentes de cantera que explotaban diversos plutones vaugneríticos del gran batolito de Sayago. Pero si nos centramos en su uso como piedra monumental, las vaugneritas zamoranas fueron muy empleadas desde finales del s. XVI hasta el s. XX, sobre todo en la arquitectura renacentista y barroca. En Salamanca ocurre igual, pero como todas las canteras conocidas de esta roca se encuentran en Zamora, fue en esta ciudad donde se empleó primero, antes de extenderse su uso también a la cercana Salamanca. En el caso de Zamora, las vaugneritas fueron empleadas de manera muy selectiva en determinados elementos, especialmente en jambas, dinteles y columnas, ya que así su tonalidad oscura resaltaría mucho más sobre el resto del edificio, constituido con otras litologías generalmente mucho más claras. Destacan como ejemplos del uso de vaugnerita en Zamora el palacio de los Condes de Alba y Aliste o el atrio de la catedral de Zamora.

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En el palacio de los Condes de Alba y Aliste se puede apreciar el uso de vaugneritas para dar una policromía que aumente el valor visual del edificio (imagen obtenida de Flickr, autor: lumog37).

Las calzadas, la conexión entre canteras y monumentos

Zamora tiene una diversidad pétrea muy importante gracias a su posición geoestratégica, pero también gracias a la red viaria de calzadas romanas que la comunicaban. Porque en realidad Zamora ya era un núcleo de población importante en época romana, como muestra el hecho de que al menos cuatro calzadas, entre ellas la famosa Vía de la Plata, confluyeran en ella. Y seguramente parte de ello se debiera a que se encuentra a orillas de uno de los ríos principales de la península: el Duero. De esta manera sabemos que la Piedra de Zamora, extraída sobre todo al sur de la ciudad, fue llevada por la calzada de Peñausende, aunque al constituir el subsuelo de la colina sobre la que se asienta la ciudad debió ser muy empleada. Algo similar ocurre con la Piedra Blanca de Peñausende, que al obtenerse del sur de la ciudad también fue llevada hasta ella por la misma calzada. Por el contrario, la Piedra Mollar era transportada desde el norte de Salamanca por la vía de la Plata. Por último, las vaugneritas se transportaron desde el oeste seguramente por la calzada de la Mirandesa, que pasaba precisamente por las zonas de mayor interés canteríl (o quizá por la existencia de la vía solo se hicieron trabajos en sus cercanías).

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Mapa en el que se indican las principales calzadas romanas identificadas en los alrededores de Zamora (Chías y Abad, 2004).

Bibliografía

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