El hombre contra el volcán. Las principales erupciones de la historia

Ya hemos visto qué son los volcanes, dónde pueden aparecer y qué riesgos hay asociados a vivir en una región volcánicamente activa. ¿Pero cuáles han sido las mayores erupciones volcánicas de la historia? En esta entrada voy a resumir los principales eventos eruptivos de los últimos 11.700 años (Holoceno) en orden cronológico, desde el más antiguo hasta el más moderno. Todas las erupciones que se van a ver a continuación tuvieron un Índice de Explosividad Volcánico (IEV) 7, salvo un par de casos que por su importancia o su impacto he preferido incluirlas también en este repaso, pero ninguna de ellas llegó al IEV 8 (valor máximo de la escala) porque la última erupción de estas características, de la que hablaré brevemente más adelante, ocurrió hace 26.000 años. En cualquier caso, quiero dejar claro que no son las erupciones más grandes que han ocurrido en este tiempo, ya que ha habido un total de 7 erupciones de IEV 7, pero aquí solo veremos las 3 más relevantes. De todas formas no podemos olvidar que son millones de erupciones las que se han producido en el Holoceno y de muchas de ellas no tenemos suficientes datos para conocer con seguridad sus características, entre ellas su IEV.

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Imagen de una erupción fluida en Hawai (fuente: desconocida)

Santorini (1620 a.C.)

La primera gran erupción del Holoceno ocurrió en el Mar Egeo, concretamente en la Isla de Santorini (Grecia). La llamada Erupción Minoica ocurrió en la Edad del Bronce, hace unos 3.600 años, y se ha calculado que debió ser de IEV 6-7. Esta erupción se produjo porque el agua del mar entró en la cámara magmática y allí se convirtió en vapor al entrar en contacto con el magma, y como si de una olla a presión se tratase, hizo aumentar la presión del interior hasta que la cámara no lo soportó más y saltó por los aires. La violenta explosión resultante destruyó parte de la isla y generó tsunamis de 35-150 m de altura que arrasaron la costa norte de la Isla de Creta, a 110 km de distancia. La cantidad de material piroclástico emitido durante el evento, que fue expulsado a más de 30 km de altura, se ha estimado en unos 100 kilómetros cúbicos, por lo que su impacto debió ser enorme no solo en la región del Mediterráneo Oriental. De hecho, algunos autores creen que esta erupción marcó enormemente a muchas de las civilizaciones de la antigüedad, y reflejo de ello son algunos mitos como el de la Atlántida, las Plagas de Egipto judeocristianas, que desmontamos científicamente, o el mito que rodea la caída de la Dinastía Xia en China.

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Vista de satélite de la isla de Santorini en la actualidad. Se puede ver cómo sólo queda el borde de la caldera, con el centro cubierto por el mar y con un nuevo cono volcánico emergiendo (fuente: jpl.nasa.gov)

La mayoría de erupciones de Santorini se han producido bajo el mar y han terminado con el nacimiento de una nueva isla. En el S. XX hubo tres erupciones (1928, 1941 y 1950) y las tres fueron relativamente explosivas ya que en todas ellas hubo intervención del agua del mar (erupciones hidromagmáticas). Actualmente en la isla viven unas 2.000 personas y la cámara magmática sigue llenándose, por lo que es cuestión de tiempo de que volvamos a tener una nueva erupción.

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La erupción del Santorini puede ser el origen de muchos de los mitos de diferentes culturas de todo el globo, como es el caso del famoso mito de la Atlántida (autor: Timothy Finch)

Vesubio (año 79)

La siguiente erupción estoy seguro que todos la conocéis y aunque cueste creerlo no llegó a ser IEV 7, ni mucho menos. La famosa erupción que protagonizó el Vesubio, o más bien el Somma-Vesubio (ver La noche del día: el fin de Pompeya), en el año 79 es la primera erupción volcánica descrita de forma más o menos científica. Eso se lo debemos a un joven muchacho que se encontraba cerca pero a una distancia segura de unos 21 km: Plinio el Joven. Gracias a su buena descripción de la columna eruptiva, llamada pliniana en su honor, es considerado por muchos como el padre de la vulcanología moderna. Y como decíamos, aunque esta erupción marcase a la sociedad romana, desviase cursos fluviales y sepultase ciudades, su magnitud fue solo de IEV 5. De hecho está incluida aquí por las muertes que causó, no por su explosividad. El Vesubio aquel día no expulsó gran cantidad de material fundido (lava) como solemos creer, sino que la erupción fue más bien una cuestión de piroclastos. La columna eruptiva ascendió unos 30 km de altura y la gran cantidad de material expulsado se desplazó hacia el sur o cayó sobre las viviendas de Pompeya, haciendo que muchos techos se vinieran abajo y sepultaran a sus ocupantes. Pero quizá lo más importante de la erupción fueron los flujos piroclásticos que avanzaron sobre Pompeya y Herculano y mataron a todos los ciudadanos que aún quedaban en ellas, cuyos cuerpos quedaron preservados en los envoltorios de ceniza que aún podemos ver. Algunas estimaciones de muertos la sitúan como la tercera erupción más mortal, con 33 000 muertes de entre las que destacaría la del famoso naturalista y militar romano Plinio el Viejo, tío del antes mencionado Plinio el Joven y que falleció al inhalar gases cuando iba a socorrer a los ciudadanos que huían de la catástrofe.

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Imagen del Vesubio visto desde las ruinas de Pompeya. El volcán es uno de los que mayor riesgo tienen el planeta por la importante población que habita en sus alrededores (fuente: sites.google.com)

Después del año 79 el Vesubio ha entrado en erupción numerosas veces, pero ninguna con la misma fuerza que la que sepultó Pompeya. La más grande de todas estas erupciones fue de IEV 4 y se produjo en 1631, cuando murieron unas 3.000 personas como cosecuencia de ella. Y ya en el s. XX tenemos varias de pequeña entidad, la última y más fuerte ocurrió en 1944 y destruyó varias aldeas y unos 78-88 aviones de combate. Como es evidente el riesgo de una nueva erupción existe, pero el mayor problema reside en los tres millones de personas que habitan en las cercanías y que deberían estar preparadas para una rápida evacuación.

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Imagen de uno de los cuerpos sepultados durante la erupción del Vesubio. Todavía se pueden reconocer muy bien los rasgos faciales del individuo (fuente: 3dprintingindustry.com)

Taupo (año 180)

Ahora nos vamos a las antípodas. El Lago Taupo (imagen de abajo) es una caldera volcánica inundada actualmente que se encuentra en la Isla Norte de Nueva Zelanda. Las rocas del Taupo son riolita, un tipo de roca volcánica muy ácida (>69% de sílice) y por tanto muy viscosa, lo que ya hemos visto que implica erupciones muy explosivas. De hecho la historia eruptiva del Taupo ha sido bastante explosiva, con dos grandes eventos principales que tuvieron un gran impacto. El primero de ellos fue el Evento Oruanui, la última erupción de IEV 8 de la que tenemos constancia, pero el segundo, el que nos ocupa aquí, no se quedó corto al alcanzar un IEV 7. Estoy hablando del Evento Hatepe, una erupción que causó tsunamis locales y emitió unos 120 kilómetros cúbicos de ceniza a la atmósfera, una gran cantidad de material que fue capaz de teñir el cielo de rojo en lugares tan lejanos de Nueva Zelanda como son Roma o China. Afortunadamente el ser humano no había llegado aún a las islas, por lo que no hay estimaciones de muertes en esta erupción (los Maoríes llegaron a Nueva Zelanda en torno a 1280).

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El Lago Taupo visto desde satélite es el cráter del antiguo volcán del mismo nombre (fuente: nasa.gov)

Apenas conocemos la historia eruptiva del Taupo, aunque sabemos que después del Evento Hatepe hubo una erupción muy pequeña en el s. III. Actualmente la actividad en fumarolas subarminas de la región indican que el volcán no está extinto sino dormido, por lo que los tres millones y medio de personas que habitan en la isla viven bajo un riesgo volcánico mínimo.

Tambora (1815)

Y ahora viajamos Indonesia. El 10 de abril de 1815 el Monte Tambora, en la Isla de Sumbawa, entró en erupción y alcanzó un nivel IEV 7. La explosión liberó una energía estimada de 800 megatones, más de 50.000 veces la energía liberada por la bomba de Hiroshima, de manera que llegó a ser oída a 2.600 km de distancia. El edificio volcánico pasó de 4.300 m de altitud a 2.850 m y la gran cantidad de material emitido a la atmósfera (150 kilómetros cúbicos) alcanzó los 43 km de altura. El resultado de esta erupción fue un Invierno Nuclear que redujo la temperatura global del planeta en 0’5º C, lo que convirtió a 1816 en el año sin verano, y destructivos tsunamis de 4 m de altura azotaron las islas de las cercanías. Pero quizá lo más destacado de esta erupción no haya sido su destrucción, si quiera está relacionado con la geología, ya que pertenece al ámbito de la literatura. Y es que en aquel extraño verano de 1816 una joven novelista llamada Mary Shelly escribió, durane su estancia en la residencia suiza de un amigo (Lord Byron), su famosa obra “Frankenstein, o el Moderno Prometeo”, que fue publicada por primera vez al año siguiente. En total se ha estimado en unas 10.000 las personas que perdieron la vida de forma directa, a las que habría que sumar las más de 70.000 que murieron por el hambre y las enfermedades que asolaron la región con posterioridad, lo que la convierte en la erupción más mortal (92.000 muertes según algunas fuentes) y la última de IEV 7 hasta la fecha.

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La erupción del Tambora es la última gran erupción de la historia de la humanidad (imagen obtenida de wikipedia.org)

Actualmente el Tambora sigue siendo un volcán activo pero las últimas erupción apenas se han sentido por la población de la isla. La última de la que se tiene constancia ocurrió en 1967 y no fue nada explosiva (IEV 0) aunque recientemente se ha empezado a especular con la posibilidad de que haya habido otra en 2011 de IEV 0.

Krakatoa (1883)

Y seguimos sin abandonar Indonesia. El 26-27 de agosto de 1883 se produjo en la Isla de Krakatoa (que ya no existe) una erupción de IEV 6 que tuvo un gran impacto en la población. En origen la erupción fue muy similar a la de Santorini, ya que de nuevo fue causada por la entrada del agua del mar a la cámara magmática, pero en este caso fue la isla entera, y no solo la caldera, la que saltó por los aires. La explosión de la caldera del Krakatoa es considerado el ruido más grande jamás producido en el planeta desde que hay registro histórico, ya que se oyó a una distancia de más de 3.500 km. Los tsunamis de más de 40 m de altura llevaron a numerosos barcos a distancias de hasta 4 km tierra adentro, y puede que incluso bordeasen África y llegaran a lugares tan lejanos como Francia, y los flujos piroclásticos avanzaron sobre el mar y arrasaron aldeas de la costa de Sumatra, a 40 km de distancia. La columna eruptiva resultante de tal explosión expulsó material hasta la estratosfera (>36 km) y se expandió por buena parte del planeta, oscureciendo el cielo y causando que durante años las puestas de sol tuvieran colores púrpuras (algunos autores creen que el extraño cielo de la obra “El grito”, de Edvard Munch, es un reflejo de lo que ocurrió en el planeta por aquel entonces). La cifra estimada de fallecidos en esta erupción es de más de 36.600 muertes y 295 ciudades arrasadas, lo que la convierte en la segunda erupción más destructiva de la que se tiene constancia.

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Imagen de satélite de las tres porciones de isla que sobrevivieron a la erupción de 1883, con el joven cono del Anak Krakatau en el centro (fuente: nasa.gov)

Actualmente la actividad volcánica de la región sigue siendo alta, y es que tras la destrucción de la isla ha vuelto a surgir una nueva bautizada como Anak Krakatau (“Hijo de Krakatoa”), un cono volcánico de unos 300 m de altura que emergió en 1927 y desde entonces no ha parado de crecer. Por tanto de nuevo estamos ante un volcán muy activo del que no debemos despistarnos en ningún momento, ya que la situación de 1883 podría volver a repetirse si se dan las mismas características previas.

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Erupción del Anak Krakatau de junio de 2009 observada desde Palau Rakata (fuente: pinterest.es)

Pinatubo (1991)

Y llegamos a la última gran erupción que se ha producido en el planeta, de nuevo en el Anillo de Fuego del Pacífico (que si os fijáis apenas hemos abandonado en esta entrada). He de aclarar que después de esta erupción ha habido muchas otras, pero solo una logró alcanzar un IEV 5, la erupción de 2008 del volcán Chaitén (Chile). El Monte Pinatubo (Filipinas) entró en erupción el 15 de junio de 1991 y protagonizó una de las erupciones más grandes y espectaculares del s. XX, con increíbles flujos piroclásticos como el de la imagen de abajo y un IEV 6. La columna eruptiva alcanzó nada menos que 49 km de altura y el material eyectado provocó un descenso de las temperaturas a nivel global de 0’5º C durante los siguientes dos años. El problema de la erupción fue que vino acompañada de un tifón, por lo que las lluvias hicieron que buena parte de las cenizas expulsadas cayeran y se produjeran los temidos lahares. El resultado de esta peligrosa combinación fue la muerte de 1202 víctimas a pesar de que se llevaron evacuaciones con una gran eficiencia y antelación, lo que no impidió que 847 personas murieran directamente por la erupción (la mayoría al derrumbarse los techos de los edificios por el peso de la ceniza).

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Flujo piroclástico de la erupcion del Pinatubo del 17 de junio de 1991, la última gran erupción (con IEV≥6) de la historia (fuente: quiet-corner.com)

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