La Sala de las Tortugas, un museo abandonado

En uno de los sótanos de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Salamanca se encuentra una inusual colección a la espera de conseguir su espacio definitivo. A pesar de su discreta localización, la Sala de las Tortugas tiene una gran importancia cultural y patrimonial. Se trata de una de las colecciones de vertebrados del Eoceno más importante de toda Europa, con ejemplares de tortugas, cocodrilos, peces y primitivos mamíferos del pasado de Castilla y León que comparten espacio con restos procedentes de medio mundo. Esta entrada, en la que ha colaborado el actual director de la exposición, Santiago Martín de Jesús, pretende dar a conocer algunas de las joyas que este proyecto museístico tiene en su interior. Con ella espero aportar mi pequeño granito de arena con el fin de ayudar a impulsar un proyecto tan importante como es este, pero también para que los salmantinos conozcan el patrimonio que tienen a su disposición y que durante años ha estado guardado en un sótano, acumulando polvo en lugar de visitas. Esto es lo que encontraréis en la famosa Sala de las Tortugas, un museo abandonado que poco a poco va encontrando su espacio. Porque como siempre digo, «la ciencia sin divulgación tiene poco valor».

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Panorámica del estado original del pequeño sótano en el que se encontraba la colección paleontológica de la Sala de las Tortugas antes de la reforma de 2019 (imagen aportada por Santiago Martín de Jesús).

La Cuenca del Duero, el hogar de los fósiles de la colección

Salamanca, ciudad en la que se encuentra la colección, se caracteriza geológicamente por ubicarse en el extremo suroeste de la Cuenca Terciaria del Duero. Esta posición periférica le ha servido para tener una gran diversidad de elementos pétreos en sus construcciones, con rocas sedimentarias e ígneas formando parte de los numerosos monumentos de la ciudad. ¿Pero qué es la Cuenca Terciaria del Duero? Se trata de una de las numerosas cuencas cenozoicas de la península Ibérica que cubren el 40% de su superficie. Todas estas cuencas, algunas de menor entidad y otras de gran extensión, se formaron como consecuencia del empuje de África hacia el norte y el consiguiente choque de la península con Europa. El resultado de este régimen tectónico compresivo, marcado por sucesivas colisiones continentales y una actividad sísmica que perdura hoy en día, fue el plegamiento de la península Ibérica y la formación de los sistemas montañosos actuales. También causó la retirada del mar hasta la línea de costa actual, dejando con ello una serie de lagos endorreicos en los que durante millones de años fueron depositándose sedimentos continentales. En el entorno de uno de estos lagos es donde vivieron los animales cuyos restos hoy en día forman la colección.

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Tanto Zamora como Salamanca se encuentran muy cerca del límite de la cuenca Cenozoica del Duero (amarillo) con el macizo Ibérico (rojo). Esta situación geoestratégica es la clave del rico patrimonio pétreo de ambas ciudades (imagen propia).

La historia geológica de la Cuenca Terciaria del Duero se inicia a finales del Cretácico, cuando la península Ibérica se encontraba a una latitud de unos 30º N, no muy lejos de los actuales 27-28º N que ocupan las Islas Canarias hoy en día. Pero de esos 66 millones de años (Ma) de historia cenozoica, a la hora de hablar de los fósiles de la colección debemos centrarnos sobre todo en el Paleógeno, más concretamente en el Eoceno. En esta época el planeta era muy diferente al actual, con un nivel del mar mucho más alto, una temperatura media varios grados superior y sin casquetes polares que conozcamos. Los continentes tampoco estaban en la misma posición en la que los encontramos hoy en día, y es que a comienzos del Eoceno, hace algo más de 50 millones de años, la fragmentación de Pangea continuaba y numerosas cuencas se fueron formando, al tiempo que varias islas emergían poco a poco de los océanos. Europa era precisamente uno de esos archipiélagos, un enorme conjunto de decenas de islas subtropicales que poco a poco fueron uniéndose y migrando a una mayor latitud. Es así cómo la actual península Ibérica pasó de isla a península en un mundo fragmentado en el que el aislamiento entre unas regiones y otras permitía el desarrollo de endemismos únicos, como los que forman la colección.

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Durante el Eoceno Iberia había dejado de ser un continente propio para pasar a formar parte de Europa. Aun así su fauna y flora seguía viviendo un fuerte aislamiento que permitió el desarrollo de características poropias y numerosos endemismos (fuente: jan.ucc.nau.edu).

Los yacimientos de la Colección de Vertebrados Fósiles de la Cuenca del Duero

La mayor parte de la Cuenca Terciaria del Duero está formada hoy en día por materiales del Neógeno o del Cuaternario, pero en algunas zonas, sobre todo en sus bordes, aparecen afloramientos del Paleógeno en los que se han encontrado hasta 11 yacimientos paleontológicos de vertebrados fósiles. Y de todo el Paleógeno, la serie mejor representada es la del Eoceno, como veremos a continuación. La mayoría de estos yacimientos se encuentran en Zamora (6 yacimientos), provincia a la que le siguen Salamanca (3 yacimientos) y por último Soria (2 yacimientos). En cuanto a sus edades, los datos de los que disponemos indican que los más antiguos son del Eoceno Inferior o Eoceno Medio-inferior y se localizan en las proximidades de Zamora capital, en la zona de Cubillos-Monfarracinos y Sanzoles, pero también en las localidades zamoranas de Corrales del Vino, Casaseca de Campeán, Jambrina, Madridanos y Santa Clara de Avedillo. Un poquito más modernos son los yacimientos salmantinos de Teso de la Flecha-Caenes y San Morales, así como el importante yacimiento soriano de Mazaterón, todos ellos del Eoceno Medio-medio. Los yacimientos más modernos del Paleógeno que han aportado fósiles a la colección están de nuevo en Zamora (Castrillo de la Guareña) y tienen una edad Eoceno Superior o posiblemente Oligoceno.

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Mapa de distribución del paleógeno de la Cuenca de Duero y localización de los principales yacimientos de fósiles de la misma edad dentro de Castilla y León (imagen aportada por Santiago Martín de Jesús).

Ya sabemos de dónde vienen los fósiles de la Sala de las Tortugas, pero antes de hablar de sus fósiles vamos a explicar en líneas generales cómo llegaron a ella, explicando brevemente la historia de las excavaciones. Las campañas de excavación a partir de las cuales se obtuvo el material presente se llevaron a cabo en dos etapas diferentes. La primera fueron de pequeña entidad y se llevaron a cabo a lo largo de dos décadas (1967-1987), mientras que la segunda, la más importante al aportar más del 60% de la colección, se llevó a cabo inmediatamente después (1988-1993). A partir de 1994 la financiación se vio reducida a mínimos y las aportaciones se hicieron mediante donaciones privadas, pero todavía tenemos algún que otro fósil encontradoen estos años posteriores, pero es algo bastante anecdótico.

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El material paleontológico de la Sala de las Tortugas fue obtenido gracias a las campañas de excavación que se realizaron entre 1967 y 1993 en diferentes yacimientos de la cuenca del Duero (imagen tomada de saladelastortugas.mardeasa.es).

Los fósiles de la colección: de reptiles a mamíferos

Los fósiles que encontramos en la colección están divididos en tres grandes grupos de animales: tortugas, cocodrilos y mamíferos perisodáctilos, aunque también tenemos en ella una amplia colección de restos de peces. Las tortugas (Orden Testudines) son los fósiles más abundantes y el motivo de que durante mucho tiempo se hablase de la Sala de las Tortugas. En total tenemos identificados los restos de cuatro familias que actualmente siguen viviendo en zonas tropicales y ecuatoriales del planeta. Los podocnemídidos son sin duda las tortugas más abundantes y mejor representadas de la colección, con tres especies descritas (Neochelys salmanticensis, Neochelys zamorensis y Neochelys arribasi) y al menos dos más aún por describir. Entre ellas está la que podría ser la tortuga fluvial más grande de Europa. Los caretoquélidos son otra familia también muy abundantes en la colección y por el momento exclusiva de Zamora, con dos especies (Allaeochelys casasecai y Allaeochelys jimenezi) actualmente en revisión. La tercera familia son los trionícidos, de los que todavía no se ha encontrado ningún caparazón completo, y aunque no tenemos descritas especies nuevas los investigadores están bastante seguros de que al menos hay dos en la colección. La última familia son los testudínidos o tortugas terrestres, de las que es muy posible que surja todo un nuevo género. A todas estas tortugas del Eoceno habría que añadir otras especies del Mioceno, como es el caso de Titanochelon bolivari, de hasta 2 m de largo.

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La Sala de las Tortugas le debe su nombre a la gran cantidad de restos de quelonios en ella, con al menos 10 especies pertenecientes a 4 familias diferentes: testudines, trionícidos, caretoquélidos y podocnemídidos (imagen aportada para esta entrada por Santiago Martín de Jesús).

Otro grupo de animales ampliamente representado en la colección, aunque no tanto como las tortugas que durante años le han dado nombre, son los cocodrilos. Porque aunque hoy en día nos cueste creerlo, en lo que hoy en día son las provincias de Zamora y Salamanca habitaron varias especies de cocodrilos (Orden Crocodilia) que en ocasiones corrían sin ningún rival que pudiera hacerles sombra. Hasta ahora se han identificado especies de tres géneros distintos y un cuarto que casi con total seguridad será un género nuevo. Diplocynodon tormis, cuyo holotipo fue hallado en Cabrerizos y hoy en día se puede ver en el Instituto Catalán de Paleontología de Sabadell, fue un representante del género Diplocynodon, constituido por cocodrilos de hasta 2 m de largo que habitaron los ríos y lagos europeos durante 20 millones de años. Es con diferencia uno de los fósiles más abundantes del Eoceno de la cuenca del Duero junto con los podocnemídidos. Pero sin duda la gran estrella de la colección es Iberosuchus macrodon, un cocodrilo terrestre de unos 5 m de largo, de sangre caliente y posiblemente “venenoso” que habría perseguido a sus presas a gran velocidad. Porque Iberosuchus es uno de los últimos representantes de un linaje ya extinto de cocodrilos corredores, y su mordisco se cree que pudo ser como el de los dragones de Komodo, que pueden infectar a sus víctimas. Sin duda una criatura con la que deberíamos tener cuidado en caso de que viajásemos al Eoceno Ibérico.

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El grupo de los cocodrilos está muy bien representado en la Sala de las Tortugas. Entre ellos destaca Iberosuchus, el gran depredador de la cuenca del Duero durante el Eoceno (imagen aportada por Santiago Martín de Jesús).

Los mamíferos perisodáctilos (Orden Perissodactyla) se caracterizan por caminar sobre las puntas de sus patas y por tener un número impar de dedos en sus extremidades. Ejemplos actuales de perisodáctilos hay muy pocos, solo los caballos, las cebras o los rinocerontes, pero en el Eoceno esto era muy diferente y en la cuenca del Duero habitaron una amplia variedad de especies de diferentes géneros. Y es que, aunque en realidad siempre se haya hablado de la Sala de las Tortugas, lo cierto es que en la colección tenemos una de las mayores concentraciones de holotipos de mamíferos perosidáctilos de toda Europa, debido en parte al desarrollo de endemismos que antes indicamos. Entre ellos están Palaeotherium giganteum, el mayor palaeotérido del planeta, o Lophiodon sanmoralense. Pero lo más destacado de estos mamíferos es que los fósiles de la cuenca del Duero desarrollan una hipsodoncia muy llamativa, ya que sus dientes son mucho más grandes que los de sus semejantes de otras partes de planeta.

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La Sala de las Tortugas le debe su nombre a los quelonios, pero es en los mamíferos perisodáctilos donde se encuentra el fuerte de la colección, con numerosos holotipos que han servido para describir especies nuevas (imagen aportada por Santiago Martín de Jesús).

Situación actual de la colección

El importante patrimonio paleontológico que tiene esta colección paleontológica, única en el mundo por la gran cantidad de holotipos que atesora (16 en total) es innegable. Hoy en día la Colección de Vertebrados Fósiles de la Cuenca del Duero, nombre que ha recibido la Sala de las Tortugas desde la reforma de 2019, se puede visitar en el mismo sótano que ha ocupado durante décadas, pero con una nueva cartelería y un espacio expositor más adecuado. Pero todavía queda mucho por hacer. Los 16 holotipos que atesora, 16 ejemplares que se emplearon para describir por primera vez las 16 especies que definen, son únicos e insustituibles y poseen un gran valor científico incalculable. No obstante, si tenemos en cuenta que la mayoría del material del museo no se encuentra en vitrinas sino en cajas, descatalogado y a la espera de un buen trabajo de restauración, de una catalogación adecuada y de una descripción científica, quién sabe hasta dónde puede ascender ese número de holotipos presentes. Por ello el espacio actual es bueno, pero el museo requiere de más personal que ayude a tal fin, de una ubicación más amplia que permita mostrar más material y más fondos que ayuden a seguir estudiando con más detenimiento el importante patrimonio que hay guardado en él.

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Ilustración artística de Iberosuchus, un cocodrilo corredor de hasta 5 m de largo que habitó el oeste ibérico. Restos fósiles de este animal se pueden ver en la Sala de las Tortugas (autor: Raúl Martín).

El 70% del material que forma la colección es patrimonio público, principalmente propiedad de la Junta de Castilla y León. Sin embargo lo tenemos abandonado en un sótano, sin que ninguna institución haya hecho nada por cambiar la ubicación «temporal» que lleva desde 1988. Afortunadamente los colegios de la ciudad sí que han hecho buen uso de la colección, que durante años ha recibido únicamente la visita de numerosos niños dispuestos a aprender y a asombrarse con la fauna que habitó en el pasado los mismos lugares donde ellos ahora viven. Gracias a estas visitas, a las que cualquier colegio se puede apuntar entrando en este enlace, el futuro de la ciudad da un poco de vida a una colección que podría dar mucho más de sí.

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Estado actual de la Sala de las Tortugas, hoy conocida como la Colección de Vertebrados Fósiles de la Cuenca del Duero (fotograma del reportaje de USAL.tv sobre la reforma de 2019).

Agradecimientos

Para esta entrada he recibido la ayuda desinteresada, pero imprescindible, del Doctor en Geología Emiliano Jiménez, principal impulsor del proyecto museístico durante décadas y antiguo profesor, y de Santiago Martín de Jesús, actual encargado del mismo y al que tengo la suerte de conocer. Gracias a los dos por su ayuda a la hora de tratar y resumir lo más destacado de la colección, y que esperamos que muy pronto encuentre un hogar más acogedor, un hogar definitivo en el que reciba las visitas que sus fósiles merecen.

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