Calor bajo nuestros pies

Los volcanes siempre han tenido un enorme poder de fascinación. Algunos han protagonizado espectaculares erupciones históricas, otros han despertado recientemente con tranquilidad y apenas nos han afectado, pero también los ha habido que al hacerlo han logrado mantener a medio mundo en vilo. El hecho de que las tierras que los rodean siempre sean muy fértiles y los cultivos prosperan con facilidad en sus faldas han provocado que en los alrededores de todos los volcanes del planeta vivan 3 millones de personas que se verán amenazadas si esos volcanes despiertan algún día, una situación hipotética que el cine la ha sabido aprovechar con mayor o peor fortuna. En esta entrada vamos a hacer un análisis de cómo son las películas de catástrofes naturales en las que los volcanes son los auténticos protagonistas.

anak_krakatau
El Anak Krakatau, o hijo de Krakatoa, es un volcán muy activo. Esta imagen, tomada desde Palau Rakata, corresponde a la erupción de junio de 2009 (fuente: pinterest.es).

Las erupciones en el cine

El cine de volcanes siempre ha mirado con interés las grandes erupciones de la historia para desarrollar sus tramas. Dentro de las mayores erupciones del Holoceno tenemos al menos dos que han sido llevadas al cine en más de una ocasión. La famosa erupción del Vesubio del año 79 dejó una profunda huella en la humanidad que ha trascendido al cine, donde tenemos varias películas que la han recreado, entre ellas los cuatro films titulados en España como Los últimos días de Pompeya (1913, 1935, 1959 y 1984), tres de ellas adaptaciones de la novela homónima de Edward Bulwer-Lytton (1834), la película documental de BBC Pompeya: el último día (Peter Nicholson, 2003) o la más reciente Pompeya (Paul W.S. Anderson, 2014). Pero esta erupción no es la única que el cine ha recreado, ya que la destrucción de la isla de Krakatoa también ha sido protagonista de al menos dos películas: Krakatoa, al este de Java (Bernard L. Kowalski, 1969), en la que la erupción se utiliza de trasfondo de la historia; y la película documental de BBC Los últimos días de Krakatoa (Sam Miller, 2005), una muy buena recreación del suceso, el ruido más grande que jamás ha vivido el hombre. No obstante, y aparte de las erupciones del Vesubio y el Krakatoa, son muy pocas las erupciones históricas recreadas en el cine, que por lo general prefiere inventar sus propios volcanes.

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La erupción del Vesubio del año 79, que acabó con Pompeya y otras ciudades, es una de las erupciones más recreadas en el cine, la última de ellas la película Pompeya (Paul W.S. Anderson, 2014).

En líneas generales el cine de volcanes se caracteriza por mostrar erupciones completamente inventadas. En algunos casos estas erupciones están inspiradas en erupciones reales, como ocurre en Un pueblo llamado Dante’s Peak (Roger Donaldson, 1996), claramente inspirada en la erupción del Monte Santa Helena de 1980, o en El día del fin del mundo (James Goldstone, 1980), que a pesar de estar ambientada en Hawái es una libre adaptación de la novela El día en que desapareció su mundo, de Gordon Thomas y Max Morgan-Witts, sobre la erupción del Monte Pelé de 1902. En otras ocasiones la película decide partir de volcanes y erupciones inventados, ya sea en localizaciones donde existe de verdad un riesgo volcánico o llevando la trama a lugares ficticios, como es el caso de El diablo a las cuatro (Mervyn LeRoy, 1961), desarrollada en una isla del Pacífico sin determinar. Sin embargo, en ocasiones lo que vemos es que la película elige localizaciones en las que es del todo imposible que haya un volcán, como pueden ser Los Ángeles o Miami.

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En ocasiones el cine de volcanes ha tomado como referente erupciones históricas. Ese es el caso de Un pueblo llamado Dante’s Peak (Roger Donaldson, 1996), inspirada en la erupción del Monte Santa Helena de 1980.

Los tópicos del cine de volcanes

Un rasgo común a todo cine de catástrofes naturales es la presencia de una serie de tópicos que, independientemente del evento que se recree, van a ser habituales. En el caso de las películas de volcanes tenemos de nuevo al científico (geólogo), por fortuna no siempre varón, que avisa del peligro y es ignorado por los gobernantes. También tenemos al héroe con familia, la mayoría de las veces un hombre que se sacrifica para salvar a la población afectada por la erupción y que, en ocasiones, es una de las personas que se negaron a actuar cuando todavía había tiempo. Aunque lo que sin duda destaca por encima de todo en estas películas es la propia erupción, con un gran protagonismo y muchas veces llena de elementos «anabolizantes» que la deforman. Por lo general las erupciones del cine son siempre explosivas pero emiten lavas fluidas, algo que es imposible porque una erupción no puede ser explosiva y fluida a la vez, casi siempre vienen precedidas de una excesiva acidificación de las aguas y tras ellas es habitual que lleguen tsunamis. Sin embargo hay ausencias llamativas, ya que los flujos piroclásticos, como el que destruyó Pompeya, casi nunca aparecen en el cine, al igual que los destructivos lahares.

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Los sucesos asociados con las erupciones volcánicas que no tienen origen volcánico, como es el caso de los lahares, no suelen aparecer en el cine de volcanes. Una excepción es Un pueblo llamado Dante’s Peak (Roger Donaldson, 1996), donde vemos cómo un importante lahar dificulta la huida de los protagonistas.

Para acabar nuestro repaso de los tópicos del cine de volcanes vamos a ver cómo los protagonistas hacen frente a la erupción. En algunas películas vamos a ver extravagantes y ridículas ideas, como es el emplear bombas nucleares para detener la erupción. En otros casos esas ideas «de bombero» no van mal encaminadas, simplemente se aplican mal. Eso es lo que ocurre en Volcano (Mick Jackson, 1997), donde apilan bloques de hormigón de carretera para intentar deterner la colada de flaja mientras camiones de bomberos y helicópteros antiincendios echan agua para enfriarla. Esta idea no es tan rara, ya que se ha intentado en varias ocasiones, aunque nunca con éxito. Por ejemplo, en 1973 se intentó usar en Islandia agua helada del mar contra una colada de lava poco fluida y relativamente fría que sin embargo siguió su camino sin apenas inmutarse. Y en 1983, en Sicilia, se construyó una barrera de hormigón de 18 m de alto y 10 m de ancho que acabó siendo sobrepasada sin mayores problemas por la lava.

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Fotograma de la pelicula Volcano (Mick Jackson, 1997) en el que se muestra cómo intentan parar la lava con bloques de hormigón y camiones de bomberos.

A continuación os dejo un par de videos de erupciones que podemos encontrar en el cine, para mí las dos caras de la moneda que definen las películas de volcanes. El primero de estos videos muestra la eurpción del famoso supervolcán de Yellowstone según aparece en la película 2012 (Roland Emmerich, 2009), una joyita de Hollywood que resumen muy bien, y para mal, lo que es el cine palomitero de escaso o nulo rigor, todo un despropósito del cine de catástrofes. El segundo muestra la destrucción que ocurre en Un pueblo llamado Dante’s Peak (Roger Donaldson, 1995) por un flujo piroclástico, un suceso muy peligroso y frecuente que no siempre aparece en el cine, a pesar de que fue el responsable de la destrucción de Pompeya, y que en esta película está relativamente bien tratado.

Conclusiones

El cine de volcanes suele estar caracterizado por una serie de tópicos que no son muy diferentes a los del resto de cine de catástrofes naturales. A veces este tipo de películas son relativamente fieles a la relidad en cuanto a la recreación de la erupción, aunque en otras el rigor desaparece en favor del espectáculo, exagerándose muchas veces la propia erupción, mezclando elementos que nada tienen que ver unos con otros y olvidándose de fenómenos frecuentes. Llama mucho la atención que los flujos piroclásticos o los lahares apenas aparezcan en las películas, mientras que las bombas volcánicas o los tsunamis sí que estén presentes casi siempre.

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