La ciencia en los medios de comunicación

Es una realidad el hecho de que la mayoría de la población de un país tiene como único contacto con la ciencia lo que los medios de comunicación generalistas le cuentan. Y eso no es necesariamente negativo, ya que los grandes medios de información (audiovisuales o de prensa escrita) tienen un gran impacto en la opinión pública que puede ayudar mucho a la ciencia para darse a conocer. Por ello, que una noticia científica aparezca en un medio generalista debería ser motivo de gozo para la comunidad científica, que ve cómo su mundo es acercado al resto de la sociedad y la barrera que normalmente les separa desaparece momentáneamente. El problema es que este «único» contacto con la ciencia muchas veces dista de ser ideal debido a que en no pocas ocasiones acaba resultando un incorrecto acercamiento. Porque por desgracia los medios generalistas muchas veces más que informar acaban por desinformar.

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Los medios de comunicación generalistas son por lo general el único camino que tiene la sociedad para estar al tanto de los últimos descubrimientos científicos.

El mundo de la ciencia es un mundo complejo y lleno de una extraña rivalidad sana que hace que la propia ciencia pueda seguir avanzando. También es un mundo de un fuerte compañerismo entre los profesionales, y es que todos sufrimos los mismos problemas a la hora de sacar adelante proyectos o de sacar a la luz nuestros resultados. La forma en la que se publica un estudio en una revista científica especializada (las más conocidas son sin duda Nature o Science, pero no son las únicas) es más o menos siempre la misma: el científico, o por lo general un equipo de investigadores, ha llevado a cabo un estudio que monta como un documento de texto que será el que envíe a la revista en cuestión (lo que llamamos manuscript en la jerga); el editor de la revista lo lee, lo revisa y se lo envía a dos personas especializadas en la materia para que le den el visto bueno (los llamados referis) que también pueden pedir de forma anónima algunos cambios. Posteriormente, cuando todo está del gusto del equipo investigador autor del estudio y del editor de la revista, el manuscript se convierte en el paper que será publicado. A este sistema tan utilizado en distintas disciplinas científicas es lo que llamamos Revisión por pares (Peer Review), y es una herramienta muy útil porque en el fondo crea una discusión entre profesionales que ayuda a la mejora de las publicaciones y en última instancia al avance de la ciencia misma.

La revisión por pares es la forma que tiene la ciencia de asegurarse de que lo que se publica cumpla con una serie de requisitos con los que se pretende mantener el rigor y la calidad.

Ahora que hemos visto de una forma muy resumida cómo funciona el mundo de las publicaciones científicas, vamos a ver qué hacen los medios de comunicación generalistas, que son con los que la sociedad está en contacto, a la hora de abordar una noticia científica. Ya estemos hablando de prensa escrita (física u online), radio o televisión, en todos ellos encontramos personal cualificado y buenos profesionales, eso es indudable, pero que por lo general no vienen del mundo científico. Por ello, cuando salta una noticia científica de relevancia, es cuando descubrimos el gran problema latente que deberíamos subsanar cuanto antes. Y es que, al carecer de personal con conocimientos científicos, un asesor o alguien que pueda hacerse las preguntas adecuadas, las noticias a veces acaban mal redactadas desde el punto de vista científico, muchas veces además con numerosas erratas e incongruencias que serían muy fáciles de evitar. Pero lo peor es que el asunto no suele quedarse ahí, ya que una noticia imcompleta o mal formulada es negativa pero no fatal. El problema está en que no son pocas las veces en las que el periodista encargado de la noticia decide explicar algo que no entiende, y eso puede desembocar en una serie de cosas sin sentido que ya no es que informen poco o nada, sino que pueden llegar incluso a desinformar. Por ejemplo, en ocasiones encontramos que un geólogo pase de estudiar rocas a buscar petróleo porque el periodista confundió “petrológico” con “petrolífero”. O más alarmante aún es la noticia de ABC de 2014 en la que se afirmaba que «los dinosaurios no eran reptiles». Cosas así hay miles en la prensa generalista.

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El estudio y revisión de Scansoriopteryx en 2014 llevó a los investigadores a replantearse el origen dinosaurio de las aves. Esa noticia llevó además al descomunal error, por parte de ABC, de afirmar sin tapujos que los dinosaurios no eran reptiles (ilustración de Matt Martyniuk).

Otro aspecto importante en el tema de la publicación de noticias de ciencia es la manía que tiene el mundo del periodismo de intentar ser el primero en informar de un descubrimiento. Eso no es malo per se, pero a veces lleva a que un posible descubrimento sin confirmar salte a los medios como el descubrimiento del siglo antes de que ocurra realmente. Esto es exactamente lo que pasó hace no mucho con un suceso que tuvo bastante relevancia a nivel internacional: el descubrimiento del famoso Bosón de Higgs. Desde el CERN (Conseil Européen pour le Recherche Nucléaire) informaron que habían encontrado una partícula que tenía un tamaño como el que se esperaba que tuviese esta partícula si realmente existía. Es decir, informaron que había identificado un vehículo de dos ruedas pero no especificaron si realmente se trataba de la moto que se buscaba o no. Pero ese “pequeño detalle” no impidió que los medios dieran a bombo y platillo la noticia del descubrimiento, que en realidad se produjo un par de meses después, cuando la confirmación real del descubrimiento ya no era noticia porque a nadie le importaba ya que fuera esa moto buscada aquel vehículo encontrado. Eso me hace preguntarme qué hubiera ocurrido si la partícula al final no hubiera sido el Bosón de Higgs sino otra, que en lugar de una moto estuviéramos ante una bicicleta o al menos no la moto buscada. En ese caso estoy bastante seguro de que los medios habrían dicho que nuevas pruebas demostraban que no era el bosón y muy pocos admitirían que se adelantaron a la hora de lanzar la noticia.

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Cuando se descubrió el Bosón de Higgs los medios generalistas no dieron la noticia porque ya se habían anticipado a ella al confundir una posibilidad con una realidad.

Esta triste realidad de la ciencia en los medios de comunicación está alcanzando niveles jamás imaginados ahora que internet obliga a buscar la noticia rápidamente, lo que lleva a que muchas veces los periodistas no contrasten la información o que recurran, más de lo que deberían, a traductores poco fiables con los que convertir un comunicado en inglés en una noticia que pueda ser digerida por el ciudadano de a pie. No son pocas las noticias que recientemente he leído con verdaderas barbaridades, como que en Plutón se han descubierto abrevaderos, una noticia que en el fondo estaría informando de seres alienígenas con ganado en el planeta (según la RAE un abrevadero es un estanque, pilón o paraje del río, arroyo o manantial a propósito para dar de beber al ganado). En esta misma línea tendríamos todas las veces, y ya aviso que no son pocas, en las que se traduce la palabra inglesa billion, que significa mil millones, por la española y muy parecida billón (un millón de millones), multiplicando de esta manera por mil el dato original. Errores así hay demasiados, aunque, como hemos visto, no siempre se deben a una mala redacción o a una falta de conocimientos por parte del periodista, sino a una mala traducción.

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En ocasiones los medios no especializados traducen erróneamente descubrimientos científicos de interés que quedan como meros chistes, como fue el caso de los famosos «abrevaderos de Plutón» (fuente: NASA / JHUAPL / SwRI).

En los últimos años muchos investigadores han empezado a pedir que les dejen editar la noticia una vez ha sido escrita por el profesional de turno. El motivo no es que creamos que los periodistas no sepan redactar noticias, nada más lejos de la realidad, sino que lo que queremos es poder revisar esas erratas que el no especializado comete sin ser consciente de ellas. Es cierto que muchas personas creen que el mundo de la ciencia y el mundo del periodismo se llevan mal por todos estos malentendidos, pero lo cierto es que la ciencia sabe que necesita del periodismo para darse a conocer y el mundo del periodismo cada vez es más consciente de su importancia a la hora de llevar a la sociedad los últimos descubrimientos científicos. Los medios de comunicación tienen una gran influencia en la sociedad, tienen una gran responsabilidad para con la ciencia y la población que debería obligarles a ser más cuidadosos a la hora de dar noticias de ciencia, ya sea dejando editar a los profesionales o contratando a personal cualificado, periodistas científicos que tengan unos conocimientos mínimos que les permita saber de qué están hablando y reconocer esas erratas que hacen que más de una vez los investigadores nos llevemos las manos a la cabeza. Eso sería lo correcto y ayudaría más de lo que creemos a asentar una cultura científica que en este país siempre ha faltado. Porque la ciencia interesa, pero si se da mal puede tener consecuencias muy negativas para todos, especialmente para la propia ciencia.

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