El equipo de un geólogo

Los geólogos (y las geólogas) somos científicos/as que nos podemos dedicar a muy diversas disciplinas dentro de la geología. En algunos casos todo nuestro trabajo se lleva a cabo en laboratorio o en oficinas, pero en la mayoría de los casos nuestro trabajo está en buena parte al aire libre, que es lo que llamamos trabajo de campo. Para esta parte crucial de la vida profesional de un/a geólogo/a necesitamos de una serie de herramientas concretas, algunas exclusivas de la geología, pero otras simplemente básicas para cualquier viaje al campo. Todas ellas las vamos a describir a continuación.

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Esquema del equipo de un geólogo con sus elementos más destacados (fuente: desconocido)

1. Ante todo, comodidad

Lo primero a la hora de ir al campo, los que suelen hacer senderismo lo saben muy bien, es llevar la ropa adecuada. A nadie en su sano juicio se le ocurriría ir al campo en sandalias y bermudas, pero siempre conviene recordar que a la hora de organizar un viaje de este tipo siempre debemos llevar prendas cómodas que se puedan manchar. Cuanto antes asimilemos que nos vamos a manchar mejor, porque más podremos disfrutar del viaje y más atención podremos prestarle a todo lo que nos rodea. Además, nunca sabemos por dónde acabaremos yendo en nuestro viaje. Por ello es muy importante ir SIEMPRE con pantalón largo (o más de uno si estaremos varios días), a poder ser de una tela resistente a rozaduras o cortes de vegetación puntiaguda. Tampoco debemos olvidar que es crucial conocer el clima de antemano, y por ello llevaremos ropa de manga larga y de abrigo si se esperan temperaturas bajas, o ropa de manga corta pero sin olvidarnos de crema solar (de manga larga también se puede llevar) cuando vayamos a estar mucho tiempo bajo el sol. La gorra, o una prenda que nos cubra la cabeza, también es muy importante para que nos proteja del sol o del frío, por lo que es una prenda que vale tanto para temperaturas bajas como altas. En cuanto al calzado, es crucial el uso de botas de campo, nada de zapatillas, zapatos u otro tipo de calzado. Es aconsejable que lleguen hasta el tobillo para protegerlo de una posible torcedura y que no sean completamente nuevas para que no nos produzcan ampollas si vamos a realizar marchas largas o a estar muchas horas con ellas. Porque insisto, lo principal es estar cómodo.

2. El equipaje, poco voluminoso

Cuando vamos al campo nunca sabemos qué vamos a encontrarnos, y por ello debemos estar preparados para prácticamente cualquier contratiempo. En este apartado debemos recordar que lo primero es la comodidad, y por ello debemos olvidarnos de maletas u otras bolsas de equipaje aparatosas que nos puedan estorbar, y es por este motivo por el que el equipaje estrella de un geólogo a la hora de estar en el campo es la mochila, como la mía de la imagen de abajo. Es importante que cuando caminemos vayamos con las dos asas colocadas para tener las manos libres, ya que a veces tendremos que trepar un poco o por si encontramos algo que queramos coger. Dentro de la mochila deberíamos llevar agua, algo fundamental, pero también podemos llevar un pequeño botiquín, algo de comida, un cuaderno de campo, mapas… E incluso podemos llevar “bolsitas” individuales donde guardar las muestras, siempre debidamente etiquetadas y separando unas de otras.

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El equipo que necesitamos para ir al campo no debe ser voluminoso. En ocasiones basta con que entre en una mochila normal, mejor si es algo resistente por lo que pueda pasar (imagen propia)

3. No perder nunca tu posición

Lo más importante cuando vamos al campo en una región que no conocemos por completo son sin duda los mapas, ya sean geológicos, geomorfológicos, tectónicos, geográficos… (los hay de mil tipos y cada uno para un objetivo concreto). Un buen geólogo o geóloga antes de ir al campo ha invertido mucho tiempo en ver qué hay en la zona para determinar cuáles son los puntos de más interés de su viaje, y es que la experiencia dice que “ir a la aventura” no suele ser buena idea. En este sentido los mapas sirven antes de salir al campo pero también cuando se está en él, ya que con ayuda de una brújula, de la que hablaremos más adelante, o mediante el uso de un aparato GPS, podemos saber en todo momento dónde nos encontramos, a dónde queremos ir o en qué lugar concreto hemos tomado las muestras que vamos a recoger. Por ello en gelogía es tan importante saber manejar la brújula y los mapas.

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Los mapas son imprescindibles en geología, motivo por el que los/as geólogos/as tenemos que saber leer mapas de prácticamente cualquier tipo, topográficos, tectónicos, geológicos… (imagen propia)

Pero los geólogos y las geólogas también necesitamos tomar notas de lo que vemos, hacer dibujos o lo que llamamos cortes geológicos (proyectar en profundidad lo que vemos en superficie), todo ello para que nos resulte más fácil entender qué hemos estado viendo una vez estemos de vuelta. Para todas estas anotaciones está el cuaderno de campo que antes hemos mencionado, a poder ser de pastas duras porque muchas veces estaremos de pie y sin un lugar donde apoyarnos, y mejor sin anillas porque en muchos casos son molestas (lo digo por experiencia, como podéis ver abajo), aunque también se pueden usar con ellas. A veces con el cuaderno llevamos un estuche con pinturas, sobre todo si lo que vamos a hacer es un trabajo de cartografía, para el cuál debemos pintar las diferentes formaciones geológicas que identifiquemos en función del color asignado según su edad, para lo cuál también viene bien llevar una Escala de tiempo geológica como la de la imagen, mejor si es plastificada.

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En ocasiones los geólogos y las geólogas necesitamos anotar detalles, hacernos esquemas o cartografiar litologías. Por ello siempre llevamos un cuaderno de campo y en ocasiones también pinturas de diferentes colores (imagen propia)

Y por último en este apartado, aunque no sea exactamente para saber dónde nos encontramos, está la cámara de fotos. Los geólogos y las geólogas procuramos tener todo documentado, si es mediante fotos que nos permitan recordar el lugar con detalle mucho mejor. En este sentido es muy importante que cuando hagamos las fotografías dejemos siempre un objeto cotidiano que nos sirva de escala, es decir, algo de un tamaño apropiado para que otros (o nosotros mismos en un futuro) al ver la foto podamos saber de qué tamaño es lo que se muestra. Un bolígrafo, el martillo o una persona son los objetos más habituales que encontramos en las fotografías geológicas por ser cosas que vamos a tener a mano y de las que todo el mundo conoce sus dimensiones.

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Colocar un objeto cotidiano, como puede ser un bolígrafo, es de gran utilidad a la hora de hacer una fotografía porque permite que cualquier persona al verla se haga una idea del tamaño de lo que está viendo (fotografía: bloque de vaugnerita empelado en la restauración de la Catedral de Salamanca, imagen propia)

4. Las herramientas exclusivas del geólogo

Ahora vamos a ver los elementos que sólo los geólogos y las geólogas solemos llevar al campo. El primero de ellos, quizás el más importante, es la brújula con clinómetro, y es que en este caso no nos vale cualquier brújula. Porque los/as geólogos/as necesitamos este objeto no solo para orientarnos, sino también para medir la orientación e inclinación de las estructuras geológicas que nos vayamos a encontrar (estratos, esquistosidades, paleocorrientes, fracturas…), muy importante para hacer bien un corte geológico. Para este fin nuestra brújula no solo marca el norte, con un limbo que puede ser fijo o móvil, sino que además tiene una herramienta que llamamos clinómetro y que nos da los grados de inclinación con respecto a la horizontal o a la vertical, lo que conocemos como buzamiento.

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La brújula con clinómetro es una de las herramientas imprescindibles del geólogo en el campo, ya que no solo nos sirve para orientarnos sino también para medir buzamientos (fotografía: esquisto fracturado en Aldeadávila de la Ribera, imagen propia)

El martillo es otra herramienta muy importante para nosotros porque nos sirve para golpear las rocas y así verlas sin ningún tipo de alteración superficial, lo que llamamos la roca fresca. Pero también el martillo nos sirve a veces para limpiar de maleza o de tierra si el afloramiento está cubierto o para levantar rocas sin necesidad de meter los dedos dentro, algo muy peligroso porque muchas veces puede haber animales debajo que nos pueden picar o morder (serpientes, escorpiones, ratones…). El martillo geológico no es cualquier martillo, ya que debe ser de cabeza ancha y pico (o paleta plana) en la parte de atrás. Eso sí, es muy importante que cuando lo usemos para golpear nos protegamos bien de las esquirlas que puedan saltar, motivo por el que muchas veces los geólogos y las geólogas llevamos gafas, sean de sol o no.

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El martillo de un geólogo es una herramienta útil que nos sirve para un sinfín de cosas, como romper las rocas para observarlas frescas (sin alteración superficial), para tomar muestra o para levantar rocas sin que nos puedan picar los animales que se encuentren debajo, como pueden ser serpientes o escorpiones (fotografía: migmatitas con crenulaciones en Aldeadávila de la Ribera, imagen propia)

Y por último llegamos a la lupa, una pequeña lente de aumento con la que podamos ver mejor la roca en detalle, ya que en muchos casos los minerales presentes tienen diminutos tamaños y para identificarlos necesitamos de esta herramienta. También nos puede ayudar para reconocer algún fósil de tamaño diminuto o para ver estructuras que a simple vista permanecen ocultas a nuestro ojo. Otro objeto que también solemos llevar al campo los geólogos y las geólogas es un metro, ya sea para medir espesores y distancias o simplemente para utilizarlo como escala gradada. Y por último, sobre todo en regiones donde sabemos que habrá rocas carbonatadas, un bote con ácido clorhídrico, ya que este tipo de rocas sedimentarias reaccionan con él al generar una efervescencia muy llamativa.

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Con la lupa que siempre llevamos encima los geólogos podemos ver detalles que a simple vista nos resultan difíciles de identificar. En esta imagen por ejemplo, correspondiente a una muestra cogida en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca), se puede ver con detalle la punta de un cristal de cuarzo que está cubierto de una pátina negra de origen natural, posiblemente óxidos de manganeso, que han modificado la forma original del cristal (imagen propia)

5. Herramientas especializadas

Todo lo que acabamos de ver en esta entrada es el equipo habitual de cualquier geólogo/a cuando va al campo, pero en algunas disciplinas se necesitan aparatos complejos y sofisticados que son exclusivos de determinados trabajos. Dentro de este apartado se encuentran los gravímetros para medir la gravedad, los magnetómetros para medir el campo magnético, etc. Así que a partir de ahora, cuando veáis a una persona mirando una pared de roca en el campo, recogiendo “piedras” del suelo o en mitad de la nada con un martillo en su cinturón, recordad que seguramente se trate de un geólogo o una geóloga, y que nunca se sabe qué puede encontrar ese día de interés.

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4 comentarios sobre “El equipo de un geólogo

    1. Más que herramientas hay determinados aparatos de geofísica que nos pueden servir para ese fin, pero las técnicas empleadas son muy sofisticadas, tales como el uso de diagrafías en sondeos o la prospección eléctrica… Es un mundo muy amplio, la verdad. Espero que la respuesta le sirva. Un saludo

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